La España que Reúne se da cita con la vida académica y cultural en el Ateneo en defensa de las buenas prácticas

Fuente: La España que Reúne

La España que Reúne, en colaboración con el Ateneo de Madrid, organizó el viernes 10 una mesa redonda en la que participó la escritora barcelonesa y miembro del Consejo Asesor de Sociedad Civil Catalana, Nuria Amat; la galerista de arte Blanca Soto, el poeta y columnista en El Mundo, Joaquín Pérez Azaústre y el catedrático emérito de Derecho Constitucional y fundador, Francesc de Carreras, con moderación de Javier Santacruz.

En esta jornada Intelectualidad, Cultura y Academia: pasado y futuro, se ha abordado el estado de la intelectualidad en un espacio único como el Ateneo de Madrid, bajo el ciclo de encuentros ‘La caña del Ateneo con Mahou’, que se realiza todos los viernes al mediodía. Éste es el primer encuentro presencial público que el Club de Opinión convoca desde la irrupción del covid y la acogida ha sido extraordinaria.

El acto comenzó con una breve introducción de Javier Santacruz con los temas a tratar durante la sesión. Una vez terminada esta intervención inicial, se dio comienzo a la mesa redonda, evaluando qué es lo que está sucediendo en estos momentos en cada disciplina cultural.

Blanca Soto comenzó su disertación con la irrupción en el mundo del arte de la revolución digital a través de elementos como el ‘metaverso’ y el mundo de las ‘cripto-obras’. “Ha irrumpido con muchísima fuerza el cripto-arte”. Como contraste, la galerista puso en valor a los artistas formados y alejados de las concepciones impuestas en la actualidad, lo que complica definir las disciplinas artísticas. “Si ahora mismo alguien tuviese que definir el arte actual, tendría que esperar bastante tiempo a que se determinase una corriente para poder definir el arte en toda su dimensión”- al tiempo que ponía en valor la originalidad- “se le está diciendo al artista lo que tiene que hacer, cuando el artista siempre ha sido libre para crear. Ahora todas las imposiciones sociales están haciendo daño a los artistas, estás haciendo un trabajo por el que no consigues nada y pierdes tu libertad”.

Nuria Amat, autora de sus ‘Memorias de una mujer libre’ de reciente publicación, en la actualidad echa de menos “el pensamiento, cultivar la mente. Estamos, desde el punto de vista cultural, en una España fragmentada, que hace mucho daño a la cultura”, al mismo tiempo que culpa al independentismo de la fragmentación cultural: “antes España no estaba dividida y con el tiempo Cataluña ha conseguido crear una frontera invisible con el resto de España. La amenaza independentista desgasta mucho desde el punto de vista cultural”. Con respecto a la cantidad de información a la que tenemos acceso actualmente, la escritora cree que esta situación “dificulta el cultivo. La mente debemos cultivarla durante toda la vida”.

Francesc de Carreras, ha destacado en su intervención la importancia del cultivo de la mente y la pérdida de productos de consumo cultural. “Se han perdido los semanarios, ahora hay revistas contadas que hacen un buen producto cultural”, e insta al fomento de estos durante las etapas formativas previas al ingreso de la universidad. De igual modo, insta a escapar de las producciones culturales fáciles poniendo como ejemplo el cine: “la cultura que había en el cine de los años 50 y 60 no se recuerda a día de hoy con el valor cultural que tiene y la gente no acude a este contenido porque lo desconoce”.

Joaquín Pérez Azaústre ha remarcado los valores que faltan en la cultura y la intelectualidad con respecto a las redes sociales y la importancia de buscar formas de combinar ambas cosas. “Tenemos que aprovechar las ventajas que este mundo nos ofrece pero no podemos ser ajenos a la degradación”, y echa en falta contenido educativo como el que había antes. “Con 7 años tenías la estructura de la cultura occidental en la cabeza con dibujos animados… pero en la cultura se han perdido en favor de programas banales”.

Del mismo modo critica la falta de rigor existente y la necesidad de adaptación de la cultura y el arte para adaptarse al mundo actual, ya que “no podemos dar la espalda a la modernidad, tenemos que aplicar los conocimientos académicos tradicionales de exigencia a los nuevos canales. Si no participamos de la modernidad llegará alguien con menos escrúpulos que creará una espiral masiva de imbecilidad”, ha sentenciado.

Como punto y final a este encuentro, Javier Santacruz pidió a los presentes que pusieran en valor su papel en sus mundos correspondientes para mejorarlos. Nuria Amat, con el telón de fondo de la reciente publicación de sus memorias, ha puesto en valor su “labor de resistencia cultural desde hace muchos años en Cataluña”.

Blanca Soto por su parte, ha destacado su nuevo proyecto. “Tengo la obra de 27 artistas que saben trabajar con muchos materiales para intentar preservar el conocimiento en esta revolución que sufre el arte”.

Joaquín Pérez Azaústre habló de la necesidad de mantener la mente cultivada poniéndose como ejemplo, tras su paternidad estuvo “seis meses sin leer un libro, y cuando empecé a leer de nuevo estuve con la primera página cuatro o cinco horas y no lo entendía; la gente necesita la cultura”.

Por último, Francesc de Carreras subrayó su aportación en la actualización de temas jurídicos, “así como desenterrar cuestiones que no se tratan”, en referencia a los puntos de debate y soluciones que una reforma de la Constitución podría tener.

Cabeza de ‘listilla’

Macarena Olona, número 1 de Vox en las listas andaluzas para los próximos comicios ha sido ratificada por la Junta Electoral de Granada. Esto sucede 15 días después de que se conociese que la diputada de extrema derecha estaba registrada en Salobreña, pero, según su casero, no vivía en el domicilio, sino que “acudía a veces” o “en vacaciones”.

FUENTE: EFE

El cambio de padrón antes de unas elecciones es algo común entre todos los partidos, pero este es un caso un poco más especial al tratarse la cabeza de lista de la formación para las elecciones andaluzas del 19 de junio. Desde el Ayuntamiento de esta localidad se comprobó si Olona residía en dicho domicilio. Algo que no pudo confirmarse ya que la policía no consiguió contactar con nadie en la vivienda, por lo que no se pudo confirmar ni positiva ni negativamente si la candidata reside en el lugar.

Ahora desde su formación ya han tomado cartas en el asunto tratando de acallar a todo aquel que denuncia las irregularidades de su partido. Y es que, a pesar de que no consiguieron contactar con ella en la comprobación, la candidata se acercó a denunciar a la alcaldesa de la localidad, del PSOE, por la presunta comisión de delitos: un delito electoral, otro de prevaricación administrativa y otro de vulneración de los derechos fundamentales; denunciando que la regidora andaluza “ha utilizado las instituciones y potestades públicas municipales, perjudicando gravemente la imagen, su honorabilidad y su candidatura”.

Estas palabras chocan con los propios actos de Olona, de los que podríamos decir que, presuntamente, también ha empleado las instituciones y herramientas públicas para presentarse como candidata de la extrema derecha en Andalucía sin tan siquiera residir en la comunidad.

Si finalmente Olona lograse presentar su candidatura ya ha expresado su posición con respecto a lo que espera de estas elecciones, diciendo que solo hay dos alternativas: “o Vox o el abrazo del PP y el PSOE”. Estas palabras de Olona muestran la mejor opción de los andaluces para las elecciones, evitando de esta forma a la coalición de extrema izquierda y la extrema derecha de Vox.

La agresividad de Olona, así como su última polémica (en la que viaja en un coche sin el cinturón de seguridad abrochado), pueden provocar que se cumpla esa segunda opción que realmente puede conseguir abrazar a la gente de Andalucía en detrimento del discurso de odio que la extrema derecha promulga allá por donde pasa.

Evitar la entrada de los extremos al ejecutivo andaluz es el objetivo viendo como funcionan estos cuando están dentro de los gobiernos, véase el claro ejemplo de Podemos en el Gobierno y el papel de Vox en Castilla y León. Es hora de abrir los ojos ante los peligros que estas formaciones pueden ocasionar a nuestro sistema democrática y es en las elecciones el momento de cerrarles las puertas.

No nos hagamos más daño

El rey emérito visitó nuestro país tras dos años en Abu Dabi, donde residía tras la revelación de las presuntas comisiones cobradas por el monarca y sus múltiples cuentas en el extranjero. La visita copó los medios nacionales, independientemente del motivo o acciones que motivasen su visita. La figura del «Rey de la Transición» ha perdido fuerza entre la población, pero su visita es la de un padre que viene a ver a su familia a su país.

FUENTE: EFE

Independientemente de lo público de su figura, el Rey emérito vino a disfrutar de una de sus pasiones y poder dar explicaciones a su familia, hablar con su hijo, el actual monarca, tranquilamente y poder ponerse al día de las situaciones que rodean a la Corona. Las investigaciones pertinentes son trabajo de la Justicia y debemos preservar la presunción de inocencia, imprescindible en nuestro sistema. Todas las familias del mundo deberían poder estar juntos en circunstancias normales y, mientras no haya una circunstancia de fuerza mayor o una sentencia en firme, no hay motivo para que esto no pueda o deba ser así.

Quien tiene la potestad y la confianza para poder decirle al emérito lo que ha hecho bien o mal es su hijo. El Rey ya le ha trasladado a su padre la necesidad de apartarse del mundo publico y ser discreto, afeándole el uso del jet privado de forma gratuita (vulnerando el código de conducta de Felipe VI). El emérito y el monarca mantuvieron una larga conversación en la que se darían las explicaciones necesarias que no se han dado personalmente en los últimos años.

Por nuestra parte, la de la ciudadanía, no debemos ahondar en una herida que no puede hacer más que dividir más a nuestra sociedad. Eso debe ser competencia de la Corona y los organismos de Justicia el valorar las presuntas acciones del monarca, y no cada uno de nosotros porque no vamos a solucionar nada. No nos hagamos más sangre.

No podemos permitirnos como sociedad que temas tan triviales como estos nos dividan, del mismo modo que es innecesario impedir que el monarca se mantenga fuera de España hasta su muerte, como exiliado. Debemos respetar las instituciones y a la Corona como una de ellas. La presunción de inocencia y el trabajo de las Justicia no son opinables, por tanto, dejemos trabajar a unos y descansar a otros.

Obviamente la figura del rey es controvertida, pero también una figura fundamental en el avance, de una u otra forma, de nuestro país una vez murió Franco. No fue el único artífice del avance hacia una democracia consolidada como la actual, con sus fallos como todas, pero pudo decidir mantener la dictadura y no devolver España a los españoles.

Es cierto que ahora es el momento de dar un paso al lado y apartarse. Los ‘líos de faldas’ y las no declaraciones patrimoniales lo obligan, y así se lo ha hecho saber su hijo en su reunión. El rey emérito tendrá que sentarse con la Justicia a tratar todo aquello de lo que se le acusa, pero no se puede comparar con otras figuras, como Puigdemont que ha huido de la justicia española. A un rey se le deben exigir ciertas pautas irrompibles de conducta que Juan Carlos no ha cumplido y que se le reprochan con razón, pero nuestro país tiene problemas mayores y de mayor urgencia que una causa que está en marcha en varios países.

El diálogo social del sector constructor marca el futuro de las pensiones

A la espera de su aprobación en el Congreso de los Diputados, el ministro de Seguridad Social José Luis Escrivá ha presentado su ley para el ‘Impulso de los planes de pensiones de empleo’. Una medida necesaria pero con problemas de viabilidad tras haberle sido negados 26 millones de euros por parte de Hacienda para las deducciones fiscales que piden formaciones políticas de la oposición para apoyar esta reforma

FUENTE: EFE

Esta norma no será fácil de aprobar si el Ejecutivo no se abre a aprobar más incentivos fiscales en el Impuesto sobre Sociedades para las aportaciones empresariales a los planes de pensiones de sus trabajadores. En este punto, pero también en el propio modelo, nuestro país va por detrás de sus vecinos europeos. Países como Francia ya tienen más desarrollados los planes de pensiones complementarios y de forma más sectorial, mientras que en nuestro país solo el sector de la construcción acaba de establecer la implantación de un plan de pensiones colectivo de empleo.

Nuestro sistema de pensiones público de reparto ya es deficitario incluso si se excluyen las pensiones no contributivas, a la espera de unas soluciones que no terminan de llegar a pesar del paso de las legislaturas y del empeoramiento del contexto que las rodea. España necesita medidas urgentes que son costosas en términos políticos y sociales.

El Gobierno tendría que haber aprobado ya la normativa de los planes complementarios diseñados por Escrivá, pero su tramitación y posterior aprobación en el Congreso está avanzando con cuenta gotas. Mientras tanto, las empresas y sindicatos siguen apostando por la previsión social complementaria mediante la figura de un plan de pensiones colectivo de empleo (sin que haya previsión pública en las aportaciones y reembolsos), suscrito como pionero el sector de la construcción y que beneficiará a cerca de 600.000 asalariados del sector y otros 300.000 trabajadores autónomos. Es la extensión a toda España del modelo vasco de las EPSV, el cual no pasa por sus mejores momentos, dada la necesidad de cambiar en profundidad el enfoque sobre las empresas industriales y la propia estructura del mercado laboral.

España necesita reformas de calado y desde Bruselas se las están exigiendo. Que se retrase o no se avance en negociaciones como esta o la nueva reforma del RETA, son una mala noticia para el país. Crear una buena regulación de estos productos complementarios a la pensión pública (y con independencia de los planes de pensiones individuales) ayudaría a desahogar un sistema que actualmente tiene un déficit por encima de los 19.000 millones de euros. La llegada a la edad de jubilación de los ‘baby boomers’ y el rebote en la pirámide poblacional hará que las pensiones bajen al ritmo al que aumenta el coste de la vida, por lo que este segmento no tendrá asegurado con la pensión pública el poder paliar sus necesidades.

Para que un sistema generalizado de planes de empleo funcione bien es imprescindible el apoyo de los empresarios y los trabajadores, algo con lo que no cuenta Escrivá en estos momentos. Los empresarios piden que se den ayudas a las aportaciones empresariales a los planes más allá de las desgravaciones, pidiendo deducciones en el Impuesto sobre Sociedades. Para los sindicatos, los nuevos planes colectivos de empleo tienen escaso control y participación de los trabajadores en su gestión, lo cual genera problemas de alineación entre contribuyentes a los planes y sus representantes con la gerencia externa que se encargue de la gestión financiera (dónde invertir, durante cuánto tiempo, cómo rotan las carteras de inversión…).

El tiempo apremia, pero hay que hacer bien las cosas. Ese es el enorme reto del ministro Escrivá.

Reino Unido no se cobra las acciones de Johnson

Cinco fiestas y tres disculpas después, Boris Johnson se enfrentaba a su primer gran examen con las elecciones locales en Reino Unido con su popularidad muy mermada por los escándalos.

FUENTE: THE GUARDIAN

El pasado fin de semana se produjo el principio de una tendencia que puede llegar a marcar la continuidad del primer ministro británico al frente del país. En estos comicios, por primera vez en más de medio siglo, el partido conservador perdió importantes feudos electorales en los distritos de la capital británica, Londres.

Al ‘PartyGate’ en investigación desde diciembre pasado, se le añade la inflación y la “crisis del coste de la vida”. Entre escándalos y economía, los conservadores perdieron cientos de concejales y decenas de municipios. Tanto Wandsworth, Barnet y Westminster en Londres o Southampton y West Oxfordshire fueron durante mucho tiempo importantes feudos del partido. Este fue un trago venenoso para concejales y militantes. Muchos salieron a pedir la renuncia de Boris Johnson. Uno de los más duros fue John Mallinson, quien perdió su puesto al frente del municipio de Carlisle, en el noroeste de Inglaterra. “Esto muestra que el pueblo ya no confía en que el primer ministro vaya a decir la verdad sobre nada”, dijo Mallinson en relación al ‘Partygate’, las fiestas que tuvieron lugar en 10 Downing Street durante la pandemia.

Los malos datos de Londres no han sido un reflejo del resto de Inglaterra, consiguiendo aguantar mucho más de lo previsto, incluso en las zonas con un tradicional voto de izquierdas, conocido como ‘el muro rojo’, conquistado por el primer ministro en 2019. “Si observas el panorama general, la foto completa de los resultados, nada parece indicar que el laborismo haya capturado la fuerza necesaria para aspirar a formar el próximo Gobierno”, ha defendido el presidente del Partido Conservador, Oliver Dowden, en la BBC. “Tony Blair arañó unos 1.800 representantes municipales en el 95, dos años antes de ganar las generales”, ha apuntado.

Johnson sale vivo de una situación que, en una situación normal, hubiera terminado con él el día que se demostraron las fiestas en su domicilio de Downing Street. No parece haber un partido en Reino Unido que pueda poner en problemas la posición del primer ministro a pesar de sus continúas actuaciones. El primer ministro ha conseguido desviar la atención de los problemas de su país hacia el conflicto en Ucrania, señalando al conflicto como causante de todos lo males de Reino Unido.

Radicalización de Irlanda del Norte

Por otro lado, sorprende la irrupción de Sinn Fein, el brazo político del grupo terrorista IRA, continuando con la tendencia al voto extremista europeo. De esta forma, el votante ha plasmado el precio a pagar por el acuerdo final que ha impedido una frontera interna en Irlanda, como consecuencia del Brexit, pero que ha exigido que esa frontera exista en el mar entre Gran Bretaña y su provincia de Irlanda del Norte. Desde que los acuerdos del Viernes Santo hicieron posible una convivencia, cuando parecía imposible la paz entre las dos comunidades enfrentadas, el Brexit ha venido a envenenar de nuevo el futuro de este pequeño recodo británico en la isla irlandesa.

¿Qué puede pasar ahora? Según los históricos acuerdos de paz, el partido ganador elige primer ministro, mientras que a la oposición le queda un puesto de viceprimer ministro, compartiendo poderes. Pero los unionistas no quieren hablar de la posibilidad de formar gobierno conjunto mientras no se abra la frontera por mar con Gran Bretaña. El ‘impasse’ podría llevar a nuevas elecciones. Un tiempo no obstante en el que va a aumentar la tensión en las calles y devolvernos a imágenes que creíamos olvidadas.

El triunfo del Sinn Fein en un país con mayorías unionistas permanentes amenaza con un nuevo incendio en el Reino Unido y apela al gobierno de Boris Johnson. En la victoria, los líderes republicanos ya han dejado caer que en cinco años sería posible un referéndum para la unificación de Irlanda, lo que sumado a la propuesta escocesa de otro de independencia empiezan a cuestionar lo que parecía evidente: que fuera de la UE, Gran Bretaña tiene problemas en sus fronteras que ponen en entredicho la integridad de su entidad política antes más protegida por su pertenencia a Europa.

El caso Rubiales-Piqué como arquetipo del conflicto de interés

Gerard Piqué, futbolista del Fútbol Club Barcelona, es un deportista impresionante con grandes logros deportivos en lo colectivo, tanto a nivel de clubes como en la Selección Española (a pesar de sus claras posiciones a favor de la consulta independentista). Un futbolista con una carrera intachable y que no deja indiferente a nadie, algo que no es así siempre con el Piqué empresario. 

FUENTE: LA REGIÓN

Gerard Piqué siempre ha tenido grandes ambiciones empresariales y, a través de sus inversiones, ha cobrado un papel protagonista en el mundo del deporte. Presidente del Andorra F.C., organizador de la Copa Davis y hasta propietario de un equipo de videojuegos, Gerard Piqué se cae al foso del conflicto de interés.

Lejos de obtener éxitos deportivos en los últimos meses, el jugador de fútbol ha abierto la información de todo el país durante días a causa de la filtración de unos audios entre éste y el presidente de la Federación Española de Fútbol, Luis Rubiales, y que revelaban unos movimientos sospechosos con los que Piqué, a través de su empresa Kosmos, habría sido presuntamente beneficiado del cobro de unas comisiones por llevar la Supercopa de España a Arabia Saudí, beneficiando también a los equipos participantes en el evento y a la propia Federación.

No creemos que merezca la pena comentar más esta cuestión a costa de desviarnos del fondo del asunto: el conflicto de interés para beneficiarse personalmente (no solo económicamente) de su posición como deportista. Es muy común en la jerga futbolística hablar de ‘vacas sagradas’ como personajes intocables dentro de los equipos y con un poder en la organización por encima del resto de compañeros. Esta expresión es fácilmente aplicable al caso por el hecho de la posición pública que ha tomado Piqué en este asunto, agresivo y victimista ante las preguntas de los periodistas que con más fuerza atacaron el asunto en sus primeros días.

Puede ser que los procesos seguidos por el holding del central de Barça fuesen administrativamente limpios, eso lo tendrá que investigar la autoridad competente, por no decir la forma en la que se consiguieron esos audios que, según los indicios, habrían sido conseguidos a través de un ‘hackeo’.  Pero Piqué es perfectamente conocedor de sus relaciones con Rubiales conllevaron prácticas fuera de la ética, beneficiándose ambos de estos tratos de favor, dejando al resto de participantes en desigualdad de condiciones para competir. Este caso pone ahora en duda el resto de prácticas empresariales del futbolista que ahora se estarán mirando con lupa, como es normal.

Este tipo de prácticas debe ser rechazado, porque estos comportamientos y las actitudes mostradas no deben ser blanqueadas por la sociedad, por muy idealizadas que estén estas figuras (las vacas sagradas como se suele denominar en la jerga futbolística), después de ser críticos con estas acciones en otros sectores. El fútbol no se encuentra por encima de todas las cosas. Es posibles que los negocios de Gerard Piqué sean legales, pero en todo hay límites que no deberían traspasarse, como es el blanqueamiento de una autocracia como la de Arabia Saudí, donde se pisotean las libertadas y se asesinan a personas por denunciar estos hechos. El deporte no funciona al margen del resto de la sociedad y es obligado cuestionarse estos comportamientos, además de instar a los reguladores y autoridades competentes a actuar en el ejercicio de sus funciones.

Las explicaciones de Rubiales y Piqué quizás sean suficientes para el mundo en el que ellos se mueven, pero no son aceptables para el resto, y menos cuando existe intervención pública de por medio y es un bien de interés general de la sociedad española.

De qué hay que preocuparse tras la victoria de Macron

De nuevo, Francia sale de estas elecciones con la sensación de que ‘se han librado’ de lo peor con, probablemente, la mejor opción posible para el electorado: la victoria de Emmanuel Macron.

FUENTE: EFE

El resultado fue lo esperado por las encuestas publicadas los días antes a los comicios, con una victoria para el candidato de centro, con el 58,1% de los votos; aunque lo más destacable (y como también se esperaba) fue la participación, del 72%, la más baja desde 1969.

La figura del presidente francés ha estado en los últimos tiempos muy cuestionada por sus políticas, tanto económicas como sociales, las cuales abría la posibilidad a la ‘moderada’ extrema derecha, y decimos moderada porque todavía existía una opción más iliberal y a la derecha de Marine Le Pen.

Macron y los franceses deben estar contentos sabiendo que han ganado a pesar del ascenso de la extrema derecha, por lo que no hay lugar para celebraciones. Ahora, solo el presidente puede tratar de revertir la actual situación en los próximos cinco años, devolviendo la confianza de los franceses en las políticas moderadas y serias ante el alza de la política del miedo y populismo. El 12 de junio los franceses volverán a acudir a las urnas para las elecciones legislativas, y es aquí donde podremos ver si finalmente Macron podrá gobernar o los partidos extremistas frenarán el progreso de la nación durante los próximos cinco años.

Lo que se dio el pasado fin de semana en Francia es el miedo de todo país europeo a la llegada de los partidos extremistas, iliberales y anti europeístas. El cansancio generalizado de la ciudadanía con su clase política está provocando esta peligrosa tendencia al alza de estas ideas, que llegan tanto a jóvenes como a adultos y que ahora dinamitarán la vida política de Francia, alzándose como segunda fuerza política. Le Pen ha conseguido desde las pasadas elecciones ocupar el hueco de la derecha clásica, como de su modo lo ha logrado Melenchon con la izquierda clásica. Los ciudadanos franceses no pueden caer en el engaño iliberal, que solo perjudicará el crecimiento y avance del país y, en su defecto, de Europa.

Ahora en Francia la vida será diferente, con una cámara de representantes con un gran poder de los extremos y que no pondrán nada fácil la gobernabilidad, igual que sucede en el resto de países en lo que son oposición o en los que presiden, como Polonia y Hungría, y en el que las libertades de las personas se ven menguados por sus políticas iliberales y excluyentes.

Estos cambios de tendencia no son cosa de Francia o de una minoría de naciones, ya que en los resultados de sus pasadas elecciones podíamos apreciar un panorama semejante al nuestro; con cuatro o cinco formaciones apoyadas por un gran número de votantes. Finalmente, en Francia el poder social lo concentran tres grandes partidos, dos extremistas y un partido que ocupa con fuerza el centro político.

El resultado de estas elecciones debe ser un mensaje claro para los partidos constitucionalistas europeos, el electorado se siente infantilizado y termina sucumbiendo ante aquellos políticos que les prometen cambiar la situación a mejor en medio del descontrol que en estos momentos asola Europa, con independencia de los que está ocurriendo en suelo ucraniano. Los partidos moderados y europeistas deben tomar nota y recuperar la confianza de los ciudadanos para devolver a la sombra a los extremistas, ya sean de izquierdas o de derechas.

La irrupción de las ideas rupturistas, tanto con Europa como con las políticas moderadas, es la otra guerra que se está librando en la Unión. Los discursos dinamitadores, agresivos y del miedo, están calando en la sociedad, cansada de que sus políticos no luchen por el bien común, y los partidos constitucionalistas corren el peligro, como en Francia, de verse relegados a la nada. En el caso de España, si crecen los extremos sobre las derechas e izquierdas clásicas, no tenemos un centro fuerte, en la actualidad, que sea capaz de soportar la presión y el discurso de estas formaciones iliberales. Deben (los políticos) y debemos (la sociedad) trabajar y luchar para que esto no suceda, evitando la ruina de nuestros países y del conjunto de Europa.

Cuando los secretos dejan de serlo

El salto a la palestra del ‘caso Pegasus’, el escándalo de presunto espionaje a más de 60 independentistas catalanes tras el referéndum independentista del 1-O ha revuelto las entrañas del Congreso de los Diputados

FUENTE: EL PAÍS

Sin entrar mucho en la cuestión de fondo (ya que profundizaremos sobre este en el próximo número), la aparición de esta información ha provocado tanto ERC como EH Bildu hayan puesto en jaque al Ejecutivo y a sus medidas como ‘castigo’ ante el descubrimiento de este caso.

El Gobierno, sabiendo que los independentistas y los abertzales pueden frustrar la aprobación de medidas como el decreto anticrisis aprobado el jueves y, de aquí en adelante, la propia legislatura, está tratando de restaurar la relación con sus socios en vez de comenzar, como comentábamos en el pasado número, a tender puentes con el principal partido de la oposición. Pedro Sánchez tiene miedo a terminar antes la legislatura sin poder sacar adelante nuevas medidas con el núcleo de investidura, exponiendo la gobernabilidad de España a los caprichos populistas e iliberales de los movimientos centrífugos.

Para tratar de calmar los ánimos con el destape de ‘Pegasus’, el Gobierno vendió su investigación cambiando a última hora los términos para incluir a los soberanistas en la Comisión de secretos oficiales y poder desbloquear la votación del plan anticrisis. Con Bildu, de momento, parece haber funcionado pues aprobaron el paquete de medidas gracias a ellos, pero con ERC será más complicado.

Con este cambio normativo, reduciendo las mayorías para que pudiesen acceder a una comisión que lleva dos años parada, los investigados podrán tener acceso a las actividades e investigaciones del CNI, organismo que investigaba las actividades de los golpistas tras el referéndum, así como el uso de los fondos reservados por parte de los ministerios que tienen asignadas este tipo como Interior, Defensa, Exteriores y el propio CNI. Se espera que en las próximas semanas la presidenta de la Cámara, Meritxell Batet, habilite el calendario de reuniones y, una vez comenzado, los diputados recibirán explicaciones del Gobierno sobre, por ejemplo, el supuesto espionaje.

Este cambio de última hora carece totalmente de sentido, tanto en la teoría como en la práctica, ya que no es posible realizar las investigaciones pertinentes a un grupo de personas que se ha saltado la Constitución para tratar de romper España para su propio interés. De esta forma los independentistas se aseguran estar al tanto de todos los movimientos y prácticas de seguridad del Estado.

Sánchez ha vuelto a caer en la trampa del independentismo cuando estaba desarrollando una práctica justificada, y que ya había sido anunciada por Interior en 2019, después de que estos hubieran incumplido la Carta Magna. Este movimiento no solo debilita al Gobierno en el Congreso, sino que lo deja en evidencia ante las exigencias independentistas y debilita al Estado. Sánchez tenía alternativa con PP y Ciudadanos y les volvió a cerrar la puerta, en favor de aquellos que no buscan más que alimentar sus propios intereses.

Lo peor de todo, es que seguramente la entrada en la Comisión no sea suficiente como para calmar al independentismo victimista, al que tratarán de recuperar con la mesa de negociación con Cataluña. El Gobierno vuelve con las rebajas y facilitará a ERC muchas de sus exigencias para aprobar las medidas a costa de difuminar la identidad del socialismo.

Sánchez está comenzando a cavar su propia tumba y puede que la de su partido, que perpetua las acciones de su líder. Ha dejado muy claro que prefiere pactar con los enemigos de España antes que con un Feijóo dispuesto, a diferencia de Pablo Casado, a sentarse a negociar. O como bien dice el presidente de Castilla-La Mancha, Emiliano García Page, «introducir a los lobos en el mismo rebaño de las ovejas».

Responsabilidad ante los cambios

Lo hemos pasado muy mal durante los últimos dos años debido a la incidencia de la pandemia, que ha cambiado nuestras vidas tal y como las conocíamos, y, en algunos casos, hay gente que no conoce otra cosa si nos referimos a los más pequeños. Ante esta situación de la que todos estamos cansados y con la evidente mejoría de la situación, el Gobierno retirará las mascarillas en interiores este martes. Para algunos muy tarde, para otros muy pronto pero el fin está, si nada cambia, cada vez más cerca de llegar.

FUENTE: EFE

Por eso desde «La España que Reúne», como asociación civil, queremos hacer un llamamiento a la responsabilidad. Independientemente de que sea muy tarde o muy pronto para retirar esta medida, debemos ser responsables con nosotros y los demás para no andar en la dirección contraria a la deseada. El virus sigue vivo aunque ya no se hable tanto de el, a la vista está el caso de otros países con mayor densidad de población con la relajación de medidas para luchar contra la pandemia.

España, su gente y su actividad económica no pueden permitirse volver atrás en un contexto de precios disparados en prácticamente todos los bienes de primera necesidad, y eso depende de todos y cada uno de nosotros. El fin de la obligatoriedad de algo no conlleva que se tenga que dejar de usar, más aún si nos referimos a la salud. Somos de los últimos países de la Unión Europea en retirar su uso, pero en estos temas no debemos andar con prisas.

La mascarilla seguirá siendo obligatoria para trabajadores y visitantes de hospitales, centros de salud y demás centros médicos y asistenciales, así como en el transporte público, uno de los focos más peligrosos para el virus. En el resto de espacios dependerá de nuestro criterio si creemos necesario su uso. En cualquier caso, ante esta situación, no dejemos que nadie nos diga cuánto debemos o no debemos usarla.

El problema reside ahora en el tiempo que debemos guardar estando contagiados del virus, o cómo debemos actuar si hemos estado con personas contagiadas. España es el único país de la Unión Europea que ha eliminado el aislamiento de los casos leves, esto es un riesgo potencial importante que, sumado a la posible retirada de la mascarilla y a la población bajando la guardia, puede provocar un desastre.

El Gobierno no puede retirar la vigilancia sobre este problema ante un cambio tan grande después de dos años. Está bien que la gente empiece a recuperar paulatinamente sus vidas y es el Ejecutivo el que debe garantizar que esto suceda en las mejores condiciones, pero también depende de nosotros lo responsables que seamos ante esta rebaja de las medidas contra el coronavirus.

Los cambios deben ser más que de nombre

Con la llegada de Feijóo a Madrid para liderar el nuevo proyecto nacional del Partido Popular, se abren nuevos escenarios en el panorama político. La fragmentación de la extrema izquierda en España, con la posibilidad de que Yolanda Díaz lidere un nuevo partido político, hace que más complicado que Pedro Sánchez, por más que quiera, pueda repetir el actual bloque de investidura; y todo ello en el caso de que vuelva a ganar las elecciones, algo que según las encuestas estaría muy reñido con el nuevo líder popular.

FUENTE: EFE

En este escenario se presenta Alberto Núñez Feijóo, al que confían desde su partido que vuelva a relanzarles en las próximas elecciones con el pretexto de ser un hombre que no se acerca a los extremos. Esta posibilidad, como bien decía nuestro presidente en un artículo publicado el 7 de abril en El Mundo, puede que sea la última oportunidad para abordar la posibilidad de un acuerdo de Estado que mire por los españoles. Así bien, debemos repetir que debe haber intenciones por ambas partes para llegar a un acuerdo de tal calado.

La incertidumbre ahora reside en que el cambio en el PP sea solo de nombres y no de formas de hacer política. Feijóo llega a Madrid con un cartel de político ganador, tras no perder unas elecciones desde su llegada a la presidencia de la Xunta de Galicia en 2009, sin necesidad de pactar con nadie para gobernar. No pasará eso en las próximas elecciones, en las que, en cualquier caso, tendrá que negociar en caso de ganar.

Es aquí donde Feijóo debe distinguirse del anterior líder y no alinearse con la extrema derecha frente al Gobierno, para continuar con su discurso de evitar a alinearse con el extremo y alejarse políticamente de ella, que fue uno de los errores de Pablo Casado al querer asemejarse a ellos para recuperar votantes (lo que finalmente terminó por debilitar al partido).

No estamos hablando únicamente de la posibilidad de formar un Gobierno PP-PSOE, que sería muy complicado. Hablamos de mantener unos consensos básicos que garanticen lo mejor para todos. De la responsabilidad de ambos depende la supervivencia de sus partidos para que España no dependa de los designios de la extrema derecha e izquierda.

Alejarse del iliberalismo y de los partidos populistas, reduciéndolos a oposición, traería a España la concordia que necesita tras un periodo de bipartidismo en el que, debido a la actitud de ambas formaciones, favorecieron un ecosistema de polarización social que han aprovechas los partidos iliberales que tanta fuerza han conseguido a día de hoy.

El ejemplo de Francia, un país donde la derecha y la izquierda clásica han pasado al segundo plano con el auge de los extremos y sustituidos por un centro fuerte, puede hacerse realidad en España si tanto PP como PSOE son responsables con España. Los grandes partidos constitucionalistas tienen la oportunidad de centrarse para trabajar por los españoles sin necesidad de acudir a los partidos extremistas.

Feijóo debe ser capaz de tender esos puentes que no ha sabido tender Casado, y no puede esperar a los próximos comicios para tratar de hacer ver a los socialistas que sus socios no hacen bien a España. Los cambios han de ser reales, no solo de nombres. Sánchez no debe pasar esa oportunidad y tiene que aprovechar la entrada de Feijóo para recuperar la seriedad política española, algo que la Europa actual demanda de un país importante en el continente como es España.