Sánchez se queda solo con Sánchez

El PSOE firma otro hundimiento territorial y María Jesús Montero queda políticamente abrasada. Pero el presidente del Gobierno sale de Andalucía con algo que valora más que una victoria: más control interno, una derecha dependiente de Vox y el partido cada vez más sometido a su estrategia nacional.
FUENTE: EFE

Durante décadas, ganar Andalucía no era simplemente una victoria electoral para el PSOE. Era una forma de legitimidad. Era demostrar que el socialismo seguía conectado con la España trabajadora, con la España de las clases medias, con la España que aún asociaba al partido con movilidad social, estabilidad institucional y cierta idea de progreso colectivo. Hoy queda poco de aquello. Lo que anoche se confirmó no fue únicamente una derrota electoral. Fue el cierre, probablemente definitivo, de una época.

Nadie en La Moncloa reconocerá hoy en público la dimensión política de la derrota. Pero el golpe es severo. El PSOE andaluz ha vuelto a tocar suelo histórico con 28 escaños, perdiendo de nuevo representación y quedando muy lejos de cualquier posibilidad real de disputar el poder. El PP de Juanma Moreno gana con claridad, aunque pierde la mayoría absoluta y se queda en 53 diputados, obligado otra vez a mirar a Vox, que sube hasta los 15 escaños. La izquierda alternativa, además, conserva y amplía espacios propios, consolidando la fragmentación del electorado progresista. Los números son malos. Pero la lectura política es todavía peor.

María Jesús Montero no sólo ha perdido. Ha quedado políticamente dañada en el territorio que debía relanzarla. Y eso tiene una lectura inmediata: el proyecto de Sánchez vuelve a fracasar cuando se somete a examen territorial fuera de sus enclaves parlamentarios naturales. Ya ocurrió en Extremadura. Después en Aragón. Más tarde en Castilla y León. Ahora Andalucía confirma el patrón.

Pero sería un error interpretar la noche sólo como una derrota socialista. Porque, paradójicamente, el resultado también fortalece a Pedro Sánchez.

Montero cae porque era Sánchez

Todo el mundo sabía que Montero era una candidata difícil. Su perfil estaba asociado a demasiadas cosas al mismo tiempo: al viejo aparato andaluz, a la disciplina sanchista, a la gestión de Hacienda y, sobre todo, a la política de concesiones al independentismo que tan mal digiere una parte sustancial del electorado del sur.

Montero no era simplemente una ministra con proyección nacional bajando a pelear unas autonómicas. Era la encarnación política de una etapa. La dirigente que ha defendido una financiación territorial asimétrica mientras invocaba la igualdad entre españoles. La ministra que ha convertido el lenguaje económico en propaganda política. La portavoz más eficaz de una cultura de partido en la que el mérito hace tiempo dejó de ser tan importante como la utilidad para el líder.

Por eso la derrota no puede desligarse de Sánchez. Montero no representaba una alternativa al presidente. Era el presidente traducido al acento andaluz y los votantes lo entendieron perfectamente.

Cada derrota territorial deja menos partido y más líder

Hace no tantos años, un resultado así habría abierto una crisis interna de enormes dimensiones. Andalucía no es una federación cualquiera dentro del PSOE. Históricamente ha sido una de las estructuras más poderosas, más autónomas y más capaces de discutir decisiones de la dirección federal. Hoy ocurre exactamente lo contrario.

Lo que estamos viendo desde hace meses es un patrón cada vez más evidente. Ocurrió en Extremadura. Después en Aragón. Más tarde en Castilla y León. Ahora Andalucía. Cada derrota territorial no está erosionando realmente a Pedro Sánchez. Está eliminando, una a una, todas las estructuras internas que podrían ejercer algún tipo de contrapoder.

Cada barón que cae deja menos autonomía orgánica. Cada aparato debilitado deja menos discusión interna. Cada fracaso electoral concentra más capacidad de decisión en La Moncloa.

La paradoja es brutal, pero políticamente eficaz: el PSOE pierde territorios, pierde implantación y pierde prestigio institucional, pero Sánchez sigue ganando partido.

Moreno gana… pero tampoco del todo

La otra lectura importante de la noche está en el PP. Juanma Moreno vuelve a demostrar que sigue siendo uno de los dirigentes autonómicos más sólidos del centro-derecha español. Gana con claridad y mantiene Andalucía como principal bastión territorial del partido. Pero no logra cerrar del todo la partida.

La pérdida de la mayoría absoluta obliga otra vez a depender de Vox. Y eso tiene consecuencias nacionales que van mucho más allá de Sevilla. Porque el escenario ideal para Sánchez nunca ha sido derrotar al PP. Su escenario ideal siempre ha sido otro: que el PP necesite a Vox para gobernar.

Mientras esa dependencia exista, el presidente puede seguir construyendo el mismo relato. Puede seguir presentándose como el último muro frente a los extremos, aunque lleve años dependiendo de fuerzas que han cuestionado la unidad del Estado, la independencia judicial o incluso algunos consensos básicos de la Transición.

Moreno gana la elección. Pero Sánchez conserva el marco político.

El verdadero mensaje de Andalucía

La jornada deja una lección mucho más profunda que un simple reparto de escaños: el PSOE sigue perdiendo arraigo donde antes construía identidad, sus estructuras territoriales se debilitan, sus referentes autonómicos caen, sus candidaturas pierden credibilidad incluso en plazas históricas, y, sin embargo, Pedro Sánchez sale de cada derrota más fuerte dentro del partido que antes de sufrirla.

Montero probablemente firmó anoche el final de su recorrido electoral. Pero Sánchez ha vuelto a demostrar algo mucho más inquietante: que ha construido un partido donde perder elecciones ya no genera debate, sino obediencia.

Y cuando un líder consigue eso, el problema deja de ser electoral. El problema empieza a ser institucional.

Andalucía sorprende por la incógnita

La convocatoria electoral sorprende a la oposición, pero también abre una incógnita clave: si el PP puede sostener su mayoría absoluta o si empieza a reproducirse el nuevo equilibrio político nacional.

La convocatoria de elecciones en Andalucía ha cogido a casi todos con el paso cambiado. No porque no fuera previsible —la política española vive instalada en una precampaña permanente—, sino porque el momento elegido altera los cálculos de todos los actores.

El presidente de la Junta, Juanma Moreno, ha decidido anticiparse. Y en esa decisión hay una intuición política clara: ir a las urnas antes de que el desgaste sea visible y antes de que la oposición tenga tiempo de ordenarse.

Pero esa ventaja táctica no elimina el problema de fondo.

El primer efecto de la convocatoria es evidente. El PSOE andaluz llega sin un proyecto consolidado ni un liderazgo plenamente asentado. A su izquierda, el espacio político sigue fragmentado, con dificultades para articular una alternativa reconocible.

Esa debilidad estructural coloca al PP en una posición inicial favorable. Moreno ha construido durante estos años una imagen de gestión moderada, alejada del ruido nacional, que le permite competir en un terreno distinto al de la confrontación ideológica.

Sin embargo, las elecciones no se ganan sólo por comparación con el rival.

El problema del PP

El verdadero desafío para el PP no está en la oposición, sino en sí mismo.

La mayoría absoluta obtenida en las anteriores elecciones fue, en buena medida, el resultado de una combinación excepcional: hundimiento del PSOE, desaparición del espacio a la izquierda y concentración del voto de centro en torno al PP.

Reproducir ese escenario es extremadamente difícil.

El contexto político ha cambiado. La fragmentación del voto en la derecha ha vuelto a aparecer en otros territorios. Y la lógica de bloques —que parecía diluirse— ha regresado con fuerza.

Eso significa que el PP puede ganar las elecciones con claridad y, aun así, quedarse por debajo de la mayoría absoluta.

Y en ese escenario, la dependencia de Vox reaparece como factor decisivo.

El campo de batalla: el voto transversal

Andalucía no se decide sólo en los grandes núcleos urbanos. Como en otras comunidades extensas, hay un voto territorial —a medio camino entre lo rural y lo urbano— que resulta decisivo.

No es únicamente el voto agrario. Es un electorado más amplio: clases medias provinciales, pequeños municipios, votantes que valoran la estabilidad más que la ideología y que han sido clave en la mayoría absoluta del PP.

Ese es el espacio que Moreno necesita retener.

Pero también es el espacio en el que Vox intenta crecer con un discurso más identitario y donde el PSOE aspira a recuperar terreno si consigue movilizar a su electorado tradicional.

Un indicador adelantado

Más allá del resultado autonómico, estas elecciones tienen una lectura nacional evidente.

Andalucía es, por tamaño y peso electoral, uno de los mejores termómetros políticos de España. Lo que ocurra aquí anticipa dinámicas que después se reproducen a nivel general.

Si el PP logra mantener la mayoría absoluta, reforzará la idea de que puede gobernar en solitario apelando a un voto amplio y transversal.

Si la pierde, aunque gane, el mensaje será distinto: el nuevo ciclo político exige mayorías más complejas y vuelve a situar a Vox como socio imprescindible.

En el otro lado, un PSOE que no recorte distancias confirmaría sus dificultades para reconstruir una alternativa sólida, mientras que una mejora significativa abriría un escenario distinto de cara a las elecciones generales.

Lo que está en juego

Por eso Andalucía no es sólo Andalucía.

Es el primer test real en un contexto político que empieza a cambiar. Un escenario donde ya no basta con ganar, sino que importa cómo se gana y con quién.

La convocatoria anticipada busca controlar el tiempo. Pero no puede controlar el resultado.

Y en ese resultado no sólo se decidirá el futuro de la Junta, sino también una parte del relato político que acompañará a España en los próximos meses.

La legislatura en suspenso: cómo se desmorona la mayoría que creyó indestructible

Dos votaciones rotas en el Congreso, una encuesta catalana que le niega cualquier colchón y unas urnas andaluzas que amenazan con sepultar al PSOE: convergen la falla y el temblor. Sánchez resiste, pero ya no gobierna; sobrevive por hilos con una legislatura en suspenso
FUENTE: EFE

La política española es un teatro de espejos, y Pedro Sánchez ha sido hasta hoy su ilusionista más aplicado. Convirtió minorías en mayorías, derrotas en victorias y pactos de conveniencia en discursos sobre la estabilidad. Pero las últimas semanas han rasgado el telón con una crudeza insólita: dos votaciones fallidas en el Congreso que evidencian la fractura de la investidura, una encuesta en Cataluña que certifica el desplome de su supuesto bastión y un horizonte andaluz que anticipa la derrota más amarga del PSOE en su tierra más simbólica, y con una legislatura en suspenso.

La legislatura, que Sánchez vendió como indestructible, está en suspenso. Ya no se trata de oposición férrea ni de conspiraciones mediáticas. Es la propia realidad política —la de las votaciones perdidas, los sondeos adversos y las urnas por venir— la que pone fecha de caducidad al espejismo.

El Congreso como espejo roto

El Parlamento es, en toda democracia, el escenario donde se mide la fuerza de un Gobierno. Y en septiembre, el Congreso ha dado dos golpes que Sánchez no podrá maquillar como simples tropiezos.

El primero: la reprobación de su ministra de Igualdad. Que la oposición arremeta contra un miembro del Ejecutivo es normal; lo anormal es que la moción prosperara con la abstención de socios que hasta ayer eran el oxígeno de La Moncloa. Esa votación fue algo más que un rapapolvo: fue la señal inequívoca de que la mayoría parlamentaria ya no existe, de que lo que Sánchez llama “bloque de investidura” es un mosaico resquebrajado de intereses irreconciliables.

El segundo: el fracaso estrepitoso de la ley para transferir competencias migratorias a Cataluña. El PSOE había pactado con Junts la medida como parte de la estrategia para seguir alimentando la maquinaria independentista que lo sostiene. Pero ni así consiguió sacar adelante el texto: Sumar se dividió, otros socios se borraron y el proyecto se hundió en el hemiciclo. Es difícil imaginar mayor humillación: una ley negociada con el chantajista de Waterloo, ofrecida como tributo, y rechazada incluso por los compañeros de viaje. Eso ya no es un Gobierno que tropieza; es un Gobierno que gobierna contra sí mismo.

Cataluña: el bastión de humo

Sánchez y los suyos repiten un mantra desde hace años: “Cataluña es la clave”. Y no les falta razón: el PSC se convirtió en refugio del PSOE cuando en el resto del país soplaban vientos adversos. Cataluña fue la coartada para vender la idea de que el socialismo seguía siendo mayoritario, de que el pacto con ERC y Junts no era un capricho, sino la traducción de una realidad electoral.

La encuesta publicada por La Vanguardia el domingo pasado dinamita ese relato. El PSC se hunde hasta los 36 escaños, incapaz de arrastrar a su alrededor una mayoría progresista. El bloque de izquierdas ya no suma, ni siquiera con el comodín de la CUP. Y mientras el socialismo retrocede, emergen con fuerza dos espectros que Sánchez juraba haber conjurado: Vox y Aliança Catalana, fuerzas que crecen precisamente porque el Gobierno ha decidido normalizar lo que nunca debió aceptarse: la impunidad independentista.

La ironía es amarga: al regalar la amnistía, al ofrecer competencias imposibles, al convertir a Puigdemont en interlocutor legítimo, Sánchez creyó domesticar al tigre. Lo único que ha conseguido es alimentar la bestia del populismo y dejar al PSC en tierra de nadie. Cataluña, lejos de ser colchón, es ahora un campo minado.

Andalucía: la sentencia adelantada

Si Cataluña fue durante años el refugio electoral del PSOE, Andalucía ha sido su corazón. Ganar en Andalucía era garantía de poder nacional. Y perderla, como ya ocurrió en 2018, fue el preludio del declive. Hoy, las encuestas anticipan un escenario demoledor: el PP de Juanma Moreno no solo consolidaría su mayoría absoluta, sino que el PSOE caería a su peor resultado histórico en la comunidad.

Lo que está en juego no son escaños autonómicos: es la propia viabilidad del socialismo como alternativa nacional. Si el PSOE no es competitivo en Cataluña ni en Andalucía, ¿dónde pretende sostener su proyecto? La respuesta es brutal en su sencillez: en ninguna parte. El PSOE se ha convertido en un partido de resistencia institucional, pero no de esperanza electoral.

Las tres piezas —Congreso, Cataluña, Andalucía— forman un retrato coherente: el de un proyecto agotado. Sánchez creyó que podía gobernar eternamente sobre la base de la aritmética y el relato. Que mientras hubiera números y propaganda, la realidad política se ajustaría a su voluntad. Pero la política, como la historia, siempre presenta la factura.

Hoy el Congreso le dice que ya no tiene mayoría. Cataluña le dice que su colchón se ha roto. Andalucía le advierte que su partido está en caída libre. Y el país entero empieza a intuir lo que hasta hace poco parecía imposible: que el poder de Sánchez no es indestructible, que su permanencia no es inevitable, que su relato se ha convertido en farsa.

El suspenso de la gobernabilidad

Sánchez ha gobernado como quien cree que el poder se eterniza. Cada cesión, cada humillación, cada pacto con quienes juraron destruir España, fue presentado como un acto de realismo político. La amnistía se vendió como pacificación. La entrega de competencias como descentralización avanzada. La claudicación ante Puigdemont como diálogo. Pero toda esa arquitectura retórica se desploma cuando los números no cuadran, cuando las urnas no respaldan y cuando los votantes ya no creen.

El problema no es solo que el Gobierno esté en minoría: es que el país percibe que esa minoría se ha comprado con moneda falsa. Y cuando la ciudadanía deja de creer en la legitimidad del poder, la política se convierte en un ritual vacío.

Las dos votaciones perdidas en el Congreso son el acta de defunción de una mayoría inexistente. La encuesta de Cataluña es la constatación de que el PSC ya no puede sostener el espejismo. Y Andalucía es la sentencia adelantada de un partido que se encamina a la irrelevancia en su propio feudo.

La legislatura está en suspenso. Sánchez sigue en Moncloa, pero su poder ya no está en pie: está suspendido en el aire, como un mal truco de ilusionista que los espectadores ya han descubierto. Puede prolongar la legislatura, puede seguir negociando amnistías y traspasos, puede seguir vendiendo humo. Pero el final está escrito: la legislatura no caerá por la oposición, sino por la fractura interna, por el desgaste territorial y por la verdad implacable de las urnas.

España se enfrenta de nuevo al dilema de su historia reciente: ¿gobernar para un país entero o sobrevivir gracias al chantaje de unos pocos? Sánchez ha elegido lo segundo. Y cuando la política se reduce a eso, el desenlace nunca es estabilidad: es ruina.

Los siguientes pasos necesarios tras orillar a los extremos en Andalucía

Hacía mucho tiempo que en unas elecciones, en las que se contaba con gran división en la intención de voto (municipales, regionales o generales), no eran decisivos los partidos que ocupan los extremos. Vox y Podemos han quedado fuera de la gobernabilidad andaluza para suerte de sus habitantes; en este caso, era Vox el partido que más posibilidad tenía para entrar al Gobierno tras el resultado de las elecciones de Castilla y León.

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De esta forma, Vox reduce por primera vez sus registros en unas elecciones con la alicantina Macarena Olona al frente de la formación en la región. Del mismo modo que la izquierda iliberal que acudía fragmentada a estas Elecciones, perdió la poca fuerza de votantes que esperaban alcanzar con las previsiones del CIS.

Desde las elecciones generales, donde la extrema derecha duplicó sus votantes en la región respecto a los anteriores comicios regionales, no se había visto una tendencia regresiva tan clara en la extrema derecha. No así en la extrema izquierda que, con más tiempo presente en la actividad política, ya había comenzado a sufrir la vuelta a la moderación de muchos votantes tras descubrir el engaño de las políticas extremistas e iliberales promulgadas aún hoy desde el Gobierno de la Nación.

Este proceso electoral ha provocado una pérdida de cerca del 50% de los votantes de Vox en Andalucía, que ha ayudado a que el Partido Popular de Juanma Moreno haya logrado estos resultados.

El PSOE que históricamente ha tenido en Andalucía un feudo electoral, vuelve a desinflarse y empeora sus resultados. Los socialistas no han logrado calar en una sociedad en desacuerdo con las políticas del Gobierno de coalición, provocando un trasvase de votos de hasta un 20% al PP, convertido semanas atrás en el ‘voto útil’ tanto identificado con los problemas de Andalucía como en clave nacional.

Estas Elecciones rompen con una tendencia que parecía venir desde Europa: por un lado, la reducción de ciudadanos que acuden a las urnas no se ha visto en Andalucía, que ha mejorado sus registros con respecto a 2018. Por otro lado, otra tendencia que rompe con la normalidad es lo holgado de la mayoría absoluta conseguida, ya que durante los últimos años las mayorías absolutas han dejado de ser comunes.

En este panorama político tan convulso, con la dimisión de Mónica Oltra en la Comunidad Valenciana que podría provocar un adelanto electoral, con un Gobierno en Cataluña que no consigue aprobar Presupuestos y trata de alejarse de Sánchez, con un Gobierno central que continúa perdiendo fuerza fracasando día tras día en sus medidas anticrisis y que sufre los electoralismos de los tres partidos que conviven en él (la ‘plataforma’ de Yolanda Díaz, Unidas Podemos y PSOE), es necesario pensar en cuáles serán los pasos siguientes, incluso ante una posibilidad cada vez menos remota de adelantos electorales en distintos territorios o incluso a nivel nacional.

En primer lugar, es necesario potenciar el deterioro de los extremos que, como pasó en Portugal, podrían desinflarse hasta quedar en un plano residual. Pero no debemos caer en la comodidad de pensar que esto va a suceder de manera inmediata. No hay más que ver el caso de Francia donde el fin de semana pasado los extremos consiguieron la representación suficiente en la Asamblea Nacional para condicionar las políticas nacionales.

En segundo lugar, ante los malos resultados electorales cosechados en Andalucía, en el PSOE nacional debe abrirse un periodo de reflexión para analizar sus asociaciones que no hacen más que debilitar al partido, así como examinar a su líder, que bajo su mandato no ha conseguido que sus políticas sean beneficiosas para la sociedad y, conforme se acerca la fecha de las Elecciones municipales y autonómicas de mayo de 2023, es una rémora o un pasivo cada vez más insostenible para los actuales presidentes autonómicos.

Por último, es necesario colocar en el centro del diseño de las políticas públicas al ‘votante mediano’: familias de clase media cuyo poder adquisitivo se ha desplomado, con una situación laboral precaria, con incertidumbre sobre el futuro más inmediato suyo y de sus hijos, preocupado por las concesiones infinitas a los extremos políticos y sufridor del deterioro de la calidad democrática… No hay que dejarse obnubilar por la explosión del consumo que están haciendo las familias de renta media-alta. Es un espejismo de la realidad económica que va reconociéndose incluso en las cifras macro tal como publicó el INE el pasado viernes 24.

Hacía mucho tiempo que no se daba una situación tan favorable a la caída del extremismo en nuestro país, de acercamiento a posiciones moderadas e identificación con el ‘votante mediano’ y hay que aprovecharla. El efecto Feijóo está beneficiando a un PP que puede alejarse definitivamente de Vox, mientras que el PSOE se encuentra en una caída libre de la que debe escapar antes de que sea demasiado tarde. Las elecciones andaluzas deben abrir los ojos a los partidos moderados y sacar adelante un país fuerte de una situación muy adversa.

Cabeza de ‘listilla’

Macarena Olona, número 1 de Vox en las listas andaluzas para los próximos comicios ha sido ratificada por la Junta Electoral de Granada. Esto sucede 15 días después de que se conociese que la diputada de extrema derecha estaba registrada en Salobreña, pero, según su casero, no vivía en el domicilio, sino que “acudía a veces” o “en vacaciones”.

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El cambio de padrón antes de unas elecciones es algo común entre todos los partidos, pero este es un caso un poco más especial al tratarse la cabeza de lista de la formación para las elecciones andaluzas del 19 de junio. Desde el Ayuntamiento de esta localidad se comprobó si Olona residía en dicho domicilio. Algo que no pudo confirmarse ya que la policía no consiguió contactar con nadie en la vivienda, por lo que no se pudo confirmar ni positiva ni negativamente si la candidata reside en el lugar.

Ahora desde su formación ya han tomado cartas en el asunto tratando de acallar a todo aquel que denuncia las irregularidades de su partido. Y es que, a pesar de que no consiguieron contactar con ella en la comprobación, la candidata se acercó a denunciar a la alcaldesa de la localidad, del PSOE, por la presunta comisión de delitos: un delito electoral, otro de prevaricación administrativa y otro de vulneración de los derechos fundamentales; denunciando que la regidora andaluza “ha utilizado las instituciones y potestades públicas municipales, perjudicando gravemente la imagen, su honorabilidad y su candidatura”.

Estas palabras chocan con los propios actos de Olona, de los que podríamos decir que, presuntamente, también ha empleado las instituciones y herramientas públicas para presentarse como candidata de la extrema derecha en Andalucía sin tan siquiera residir en la comunidad.

Si finalmente Olona lograse presentar su candidatura ya ha expresado su posición con respecto a lo que espera de estas elecciones, diciendo que solo hay dos alternativas: “o Vox o el abrazo del PP y el PSOE”. Estas palabras de Olona muestran la mejor opción de los andaluces para las elecciones, evitando de esta forma a la coalición de extrema izquierda y la extrema derecha de Vox.

La agresividad de Olona, así como su última polémica (en la que viaja en un coche sin el cinturón de seguridad abrochado), pueden provocar que se cumpla esa segunda opción que realmente puede conseguir abrazar a la gente de Andalucía en detrimento del discurso de odio que la extrema derecha promulga allá por donde pasa.

Evitar la entrada de los extremos al ejecutivo andaluz es el objetivo viendo como funcionan estos cuando están dentro de los gobiernos, véase el claro ejemplo de Podemos en el Gobierno y el papel de Vox en Castilla y León. Es hora de abrir los ojos ante los peligros que estas formaciones pueden ocasionar a nuestro sistema democrática y es en las elecciones el momento de cerrarles las puertas.

Cuando es demasiado tarde para restituir el dinero público

Una labor tan necesaria de contrapeso como la que ejerce por mandato constitucional el Tribunal de Cuentas, no puede verse ensombrecida por la lentitud de sus procedimientos, en especial ante grandes casos de desfalco de dinero público.

Fuente:EFE

Casos como los ERE en Andalucía, la antigua Convergència en Cataluña o Gürtel en Madrid y Valencia, han supuesto un quebranto sin precedentes del dinero del contribuyente de manera continuada durante décadas que debe ser dirimido de forma rápida y contundente antes de que sea demasiado tarde.

Dotarnos de organismos fiscalizadores con aparatos de análisis y ejecución rápidos, flexibles y disponibles siempre y en todo momento para intervenir, es imprescindible ante un presente y futuro cada vez más complejos y con demandas sociales de transparencia cada vez más importantes. Este tipo de ejercicios debe funcionar con independencia de que se diriman posibles responsabilidades penales, garantizando siempre la seguridad jurídica. En muchas ocasiones, la complejidad de las investigaciones judiciales lleva a una dilatación de los tiempos tan enorme que hace inviable restituir el dinero mal empleado.

Uno de los últimos casos que evidencian la urgencia de intervención en esta dirección es la mala gestión continuada de exlíderes socialistas y sindicales de las ayudas para el desempleo y la formación en Andalucía. Concretamente, el Tribunal de Cuentas exige a UGT más de 15 millones de euros en un auto de liquidación provisional con relación a las presuntas irregularidades en los expedientes de empleo fraudulentos. El origen de esta reclamación, según una nota del propio órgano de fiscalización contable, se encuentra en un informe de la Cámara de Cuentas de Andalucía sobre las ayudas socio laborales a trabajadores afectados por expedientes de regulación de empleo y empresas en crisis otorgadas por la Administración de la Junta de Andalucía entre los ejercicios 2001 a 2010. 

A partir de sus resultados y ante la posibilidad de que hubiera responsabilidades contables, el Ministerio Fiscal y la Junta de Andalucía presentaron demandas y se abrieron tres procedimientos diferentes. Respecto de uno de ellos, el pasado 15 de julio se dictó acta de liquidación provisional en la que se reclaman solidariamente a los investigados un total de 15,6 millones, si bien de ellos 7,69 la investigación los imputa indiciariamente al que fuera director de Trabajo de la Junta ya fallecido Francisco Javier Guerrero, por lo que de esta cantidad, de confirmarse una condena por responsabilidad contable, responderán sus herederos.

De estos hechos ya han transcurrido más de 11 años y hemos obtenido la resolución de forma reciente. Tras la sentencia, en enero de 2020, el Tribunal de Cuentas ha tomado cartas en el asunto y exige la devolución de la cantidad indicada anteriormente. En el acta se cita igualmente como presuntos responsables del desvío de este dinero público aún pendiente de enjuiciar la Federación Estatal Minerometalúrgica de CC.OO. y la Federación Estatal del Metal, Construcciones y Afines de la UGT., además de varias empresas vinculadas a estas ayudas.

Las ayudas fueron, supuestamente, concedidas a “trabajadores afectados por un expediente de regulación de empleo u otro tipo de despido”. Sin embargo fueron incluidos y se beneficiaron de este mecanismo otros “trabajadores que no reunían las condiciones exigidas para ello”, según el informe expedido por el Tribunal de Cuentas. La responsabilidad contable se derivaría de estas prácticas supuestamente ilícitas, lo cual dio ligar “a la existencia de unos menoscabos en los fondos públicos de la Junta de Andalucía que estarían constituidos por el importe de las primas correspondientes a las pólizas de seguros de rentas contratadas para la cobertura de estas contingencias”. Todos estos datos se refieren a los datos de todos “aquellos trabajadores que indebidamente hubieran sido incluidos en los expedientes de regulación de empleo, en los importes que hubieran sido financiados por la Junta de Andalucía”.

Desde ‘La España que Reúne’, al igual que como pasó con la resolución del Tribunal Constitucional acerca del primer toque de queda, manifestamos nuestra más absoluta preocupación sobre la tardanza de las deliberaciones sobre las que, tras más de diez años, no se han obtenido una respuesta clara desde el máximos organismo contable de nuestro país en términos de dinero público. Esperamos que esto mismo no suceda en una futura resolución del Tribunal de Cuentas acerca de la resolución de la financiación de procés en Cataluña.