Zapatero en Gamínides

Los venezolanos no se han resignado ante el robo descarado de sus votos y, con ellos, de su dignidad. Maduro, escoltado por lo peor de cada casa, se proclamó presidente sin vergüenza. Un sentimiento desconocido para un personaje que ha mantenido un régimen cleptómano y empobreciendo un país rico como pocos en el siglo XX.

Por Nicolás Redondo Terreros

Ha pasado Venezuela de ser un país que, sin duda, despilfarró parte de su inagotable riqueza, a un país mendigo, del que se han ido millones de sus ciudadanos por sentir la falta de libertad y no tener nada que llevarse a la boca.

Lo más execrable suele permitir que sobresalgan ejemplos extraordinarios de belleza y dignidad. A Maduro le hace contrapunto María Corina Machado a la voluntad de silenciar a la sociedad venezolana. Representa la valentía de los que han decidido no callar, sino alzar la voz.

Los venezolanos han luchado contra la dictadura de Maduro y contra la indiferencia que ha impuesto el “socialismo para ricos” que domina parte de la izquierda occidental. Han pasado desapercibidos los millones de personas que han huido de Venezuela, los secuestros y detenciones de los opositores, cuando no el asesinato en la propia Venezuela o lejos del país de Bolívar.

Son ellos los que nos ha enseñado el valor del sacrificio, de la dignidad, de la libertad que les falta. Por eso, merecen toda nuestra atención y nuestra solidaridad más militante, más cuando sabemos que ya hay muertos en las calles de Caracas. Hoy vemos el verdadero rostro del dictador. No es sólo un botarate que baila bachata en los mítines o que dialoga con los pájaros y las vacas. Es un fiel y cruel servidor de una multinacional iliberal que arraiga en países como Cuba o Irán.

Siempre nos hemos preguntado cómo sistemas execrables han podido tener el apoyo de personas relevantes, pues un ejemplo de esa alianza a veces inverosímil lo tenemos en directo en Venezuela. Vemos cómo los últimos 10 años el expresidente de España José Luis Rodríguez Zapatero ha apoyado sin dudas y sin matices al régimen de Maduro. Nos dijo engolado que mucha gente hablaba de Venezuela sin conocer el país, sin darse cuenta de que es posible hoy en día estar perfectamente informado sin visitar el país y, en todo caso, todos podemos hablar de todo y sobre todo de la libertad y de la dignidad de un pueblo hermano.

Zapatero, cuando escribo esta nota, no ha hablado. Teniendo en cuenta la infinitud del universo (como él se encargaba de describir en un mitin inenarrable en San Sebastián) puede que esté en Gamínides intentando pasar desapercibido. Pero las señales de indignidad, de relaciones inconfesables con un régimen cleptómano y autoritario, están ahí para quien quiera verlas.

Hoy la militancia por la libertad y la democracia de España respecto al “pucherazo” de Maduro pasa por retirar nuestro embajador temporalmente hasta que se reponga la voluntad de los venezolanos (por menos y por cuestiones muy privadas hemos retirado sin fecha un embajador en Argentina). La única manera de influir en la buena dirección es la presión internacional y a esa acción pacífica, democrática y ética, España no puede renunciar. Desde luego también pasa por una reflexión seria y honrada de los socialistas españoles. ¿Puede el PSOE seguir manteniendo en sus filas a una persona que ha apoyado, por los motivos que sean, una “pucherazo” a favor de un dictador?

Hemos visto como los neocomunistas se ha felicitado por el golpe de Estado protagonizado por Maduro. Pero esto no me sorprende. Esa comunión entre comunistas y dictaduras no ha sido infrecuente en la historia del siglo XX. Sin embargo, es imposible que los socialistas miremos para otro lado cuando uno de los nuestros, embozado en bellas palabras que pierden todo su significado en sus labios apoya una dictadura.

Zapatero puede rectificarme con una declaración rechazando a Maduro y todo su séquito. Si lo hace, me alegraré. Pero si sigue oculto y callado o vuelve a hablar del “valor de la palabra o del diálogo”, sabremos que su posición está junto a los líderes autoritarios e iliberales.

Manifiesto de La España que Reúne para las Elecciones Europeas

Ante las próximas elecciones europeas, deseamos expresar nuestra oposición a todos los radicalismos políticos, ya que los países progresan con políticas moderadas de centro-izquierda y centro-derecha. Es fundamental advertir sobre el peligro que representa para la Unión Europea el creciente influjo de formaciones políticas iliberales y totalitarias, sin importar si se ubican en la izquierda o la derecha.

FUENTE: EFE

La Unión Europea es el esfuerzo más grandioso de la historia europea para alcanzar una nueva realidad política por medios pacíficos, con la libertad de decisión de sus protagonistas como único instrumento. Nunca antes se había realizado una apuesta tan audaz: reemplazar las guerras por acuerdos, y la conquista por la decisión autónoma de cada Estado. Ese espíritu de pacto y colaboración, con el objetivo de mantener la paz y recuperar nuestro protagonismo histórico, debe ser defendido con los votos este domingo.

Probablemente, en los próximos años, con dramáticas guerras cercanas a nuestras fronteras, y quizá incluso dentro de ellas, nos veremos en la necesidad de defendernos a nosotros mismos, sin subcontratar cuestiones costosas o desagradables a terceros. Nos enfrentamos al desafío de ser, o mejor dicho, de volver a ser, protagonistas de la historia.

En España, cualquier voto a posiciones radicales, nacionalistas o totalitarias será un voto contra el espíritu de la Unión Europea. Desde una perspectiva nacional, que ha dominado inevitablemente la campaña electoral, debemos considerar la crisis política que enfrentamos. Ejemplos de ello son los indultos a los independentistas, la eliminación del delito de sedición del código penal, la banalización de la malversación y, en un día negro de nuestra historia, la aprobación de la amnistía.

Estos hechos nos anticipan, sin duda, nuevas y más graves concesiones a los independentistas, que pueden alterar definitivamente la solidaridad y la concordia sobre las que se fundamentan las democracias sólidas. El pacto fiscal y el referéndum, sea cual sea su formato, serían los próximos pasos. Estamos secuestrados por una minoría independentista insolidaria y decimonónica.

En estas circunstancias, los españoles deben votar para fortalecer la Unión Europea y para que el proceso de desmoronamiento de las instituciones democráticas de 1978 termine cuanto antes. Se trata de elegir entre la Unión o las tribus ideológicas, étnicas o lingüísticas. Defender la Constitución, sin engaños, es defender la Unión sin reservas. La solidaridad que promovemos en la Unión es la concordia que necesitamos en España.

La Unión representa la victoria del derecho, por lo que nos oponemos a que España desprecie la ley y se convierta en el “reino de la arbitrariedad”. La ley es el triunfo de la unión, la impugnación plena y radical del sentimentalismo, la nostalgia y el identitarismo radical como motores de la política.

En nuestra opinión, en suma, la solución reside en las alternativas moderadas y nacionales, y en el compromiso previo de los españoles con los principios universales que representa la Unión Europea, compromiso que solo puede demostrarse participando activamente en estas elecciones.

¿Por qué se menciona al PSOE cuando se quiere hablar del sanchismo?

El PSOE ha sido junto a la UCD y después el PP el principal impulsor de la Constitución de 1978 y con ello artífice del periodo de mejor convivencia en libertad de la historia de España.

Por Jesús Ballesteros

Por ello su trayectoria, en la que destacan los nombres de Felipe González, Alfonso Guerra, Joaquín Leguina, Nicolás Redondo, Virgilio Zapatero, Juan Alberto Belloch y un larguísimo etc. merece el agradecimiento de las generaciones presentes y futuras.

Esta labor de concordia y tolerancia ejemplares fue interrumpida bruscamente con la llegada al poder de Zapatero, que le dio la vuelta a todo lo anterior. Su principal preocupación fue eliminar la posibilidad de alternancia política, con el infamante pacto del Tinell promovido por el PSC y el apoyo a lo que decidiese el Parlamento catalán, fuese lo que fuese.

El sanchismo es la perfecta continuidad del zapaterismo en lo que se refiere a la intensificación del enfrentamiento entre los españoles y simultáneamente la creación de un régimen clientelar en el que sólo cuenta la obediencia férrea al líder y el enriquecimiento mutuo sin ideología alguna. Como escribió Pilar Marcos Domínguez, en “El taxidermista y su biombo” (The Objetive, 12.12.23) Sánchez llevó a cabo una autentica labor de disecación del PSOE para convertirlo en una gran agencia de colocación, Sánchez S.A. al servicio de su afán infinito de dominio.

Esta desnaturalización del partido se ha podido ver en el numeroso grupo de personas arrepentidas de su voto al sanchismo. Según encuesta de Sigma Dos para ‘El Mundo’, se trataría de 1.752.000 personas, un 22,4% de los ciudadanos que apoyaron a Sánchez en julio y que ya no volverían a votarle si hoy se repitiesen los comicios. Es muy fácil saber quiénes son. Los que creyeron honesta y quizá ingenuamente que el sanchismo era la continuidad de aquel PSOE al que votaron sus antepasados y han comprobado luego que no había tal continuidad.

El Partido Sanchista es una auténtico club clientelar a los que nunca abandona. Un ejemplo entre mil es el de Miquel Iceta, del PSC, apartado del Consejo de Ministros, pero compensado inmediatamente con la Embajada de España en la UNESCO.

Lo malo del caso para el gobierno es que estos votantes entusiastas no son suficientes para mantener en la Moncloa al jefe, razón por la cual éste debe mostrar una sumisión total a los partidos separatistas, claramente supremacistas, que le explotan en detrimento del conjunto de la población española, dado que las prebendas que Sánchez les concede son con cargo a los presupuestos generales del Estado, que pesan sobre las familias, los autónomos, la pequeña y mediana empresa, que lógicamente ha reducido en 50.000 su número desde que Sánchez ostenta el cargo.

La subida de impuestos y la desmesura en el gasto público nada tienen que ver con la ideología, mal que le pese a la volátil y desleal Yolanda Díaz sino con el mantenimiento del régimen clientelar.

Lo más maravilloso del presente español es que Sánchez presenta a sus socios /supremacistas y a sus votantes/clientes como progresistas, mientras que los partidos de la oposición serían peligros reaccionarios.
En esta patológica deriva en la que hemos entrado se llega a diferenciar los tipos de terroristas, los que se pueden homologar con sus socios de gobierno pasan a ser terroristas buenos, mientras los jueces empeñados en perseguirles son acusados de corrupción, y posiblemente sean sometidos a tribunales populares.

El sanchismo es la antítesis del PSOE clásico, al negar la igualdad entre los españoles concediendo la amnistía a unos cuantos privilegiados, y destruyendo la mayor parte de los presupuestos a esos mismos privilegiados, que una vez enriquecidos desean separarse de España.
Los tres ejes del sanchismo son el régimen clientelar, la pretensión de excluir a la oposición de toda opción de gobierno y el vasallaje a las minúsculas minorías supremacistas catalanes y vascas.

Ninguna de estas tres tristes realidades tienen que ver con la historia del PSOE. Razón por la cual sería de simple sentido común no mencionar este nombre al referirse a la mafia sanchista.  

*Jesús Ballesteros es Catedrático Emérito de Filosofía del Derecho y Filosofía Política en la Universidad de Valencia.

Política y ética pasan de líquido a gas

La conferencia política que ha celebrado el PSOE en La Coruña este fin de semana tiene varios aspectos que merecen un análisis pormenorizado.

FUENTE: EFE

En primer lugar, tanto el acto en sí como los discursos que se realizaron en él son una muestra fiel del actual ciclo político. Los partidos occidentales a lo largo de los años han utilizado este tipo de convenciones para discutir los temas fundamentales, confrontar visiones opuestas y obtener una síntesis razonable y coherente para la sociedad en general, no sólo para el consumo interno de sus afiliados.

Éste no es el caso del acto de La Coruña. Más bien, todo lo contrario. Un mitin continuo de los dirigentes actuales que buscan protegerse debajo de la figura de su líder, ya que su supervivencia política depende de ello. Un acto en el que el tiempo se empleó en buscar argumentos que sirvan para simular una «normalidad» que dejó de existir hace mucho tiempo.

Es más, hacen creer que estamos ante una “nueva normalidad” mucho mejor que la anterior (por supuesto, combativa y contraria a todo lo que no sea gobernar), ya que supuestamente se asume la pluralidad del Estado, cosa que teóricamente antes no se hacía. Éste es el último giro de guión que los estrategas del presidente han encontrado para apuntalar los días posteriores a la que fue la peor sesión parlamentaria del actual régimen del 78, la del miércoles 10 de enero.

Para intentar convencer a la ciudadanía (especialmente, aquella que está llamada a las urnas en los próximos meses) de que el camino correcto es el suyo, primero necesitan autoconvencerse. ¿Cómo hacerlo? Muy sencillo. En el momento en que las convicciones políticas y éticas se ponen al servicio del ciclo político actual, éstas pasan del estado líquido (no podemos decir que vinieran del estado sólido, ya se habían deteriorado suficientemente por el camino de los últimos 20 años) al gaseoso.

En esta transición hay una actitud clave que hace unas semanas pronunciaba una conocida periodista: “si todos los días es todo tan grave, quiere decir que no pasa nada”. Una vez logrado ese convencimiento, viene el momento de vender unos resultados en términos de gestión económica y política social que, salvo en muy pocos aspectos, no han supuesto una mejora real de la vida de los ciudadanos.

No es de recibo que el Gobierno que ha contado con el mayor volumen de recursos económicos de la Historia (en torno a un billón de euros entre gasto público directo y financiación de deuda pública a un coste muy bajo) haya obtenido unos resultados tan pírricos.

Desde 2019, los ingresos de las familias en términos reales han bajado un 2,4% mientras la media europea subió un 1,4% volviendo oficialmente al «club de los países pobres» de la UE al caer nuestra renta per cápita al 85% de la media UE; el único de los grandes países europeos donde la inversión empresarial ha caído mientras la media europea ha subido más de un 10%, la productividad (lo que de verdad hace crecer un país) ha caído un 2,3% entre 2020 y 2022, la deuda del sistema público de pensiones ha pasado de 17.000 millones en 2016 a 106.000 millones al cierre de septiembre de 2023…

Con lo cual, ni siquiera el argumento económico o el de política social pueden justificar que se haga lo que sea necesario para mantener al Gobierno en el poder, instalado en una lógica permanente de «frente amplio». Nunca es fácil que alguien que ostenta la responsabilidad de Gobierno tenga la capacidad de autocrítica, voluntad de enmendar su proceder y rectificar su rumbo atendiendo a los problemas reales de la ciudadanía. No se ha hecho en La Coruña, y probablemente no se haga tampoco en los próximos meses, salvo que se produzca una contundente derrota electoral

Puigdemont y el ‘mando a distancia’ sobre la próxima legislatura 

Hoy, sin embargo, no es un día para lamentarnos, es un día para reivindicar los valores de la Transición y, para muchos ciudadanos, los de una izquierda reformista, institucional, nacional, y que mire al futuro.

FUENTE: EFE

Puigdemont dijo que necesitaba hechos comprobables antes de la elección de la mesa del Congreso. Es evidente que sus pretensiones han tenido satisfacción. Pero lo importante es comprobar que hemos aceptado que el árbitro de la política española sea un personaje que oscila entre el carlismo decimonónico y Trump. Es inadmisible que los españoles dependamos de un político independentista fugado para no presentarse ante la justicia española. El PSOE debería saber que en política no se puede hacer todo lo que no es un delito. No se debió modificar la legislatura pasada el Código Penal para satisfacer necesidades parlamentarias, pero es todavía más intolerable que el Gobierno de España se deje secuestrar por un prófugo.

El acuerdo de todos los partidos anticonstitucionales ha funcionado en la mesa del Congreso y funcionará para la investidura de Pedro Sánchez. Pero la cuestión mayor y más grave es ética, dado que se planteó cuando el segundo partido (el PSOE) en las elecciones del 23-J, quiso apurar todas las posibilidades, hasta la de negociar la viabilidad del gobierno de España con una persona que si pisara   suelo español sería detenido. Todos los indicios indican que la legislatura que iniciamos ayer, con la elección de la mesa, se situará en la lista de los episodios más bochornosos de nuestra historia moderna. 

Todo lo que ha sucedido el día de ayer es lamentable, nos devuelve a la España retrasada, de pandereta, la que el resto de los europeos vieron durante tiempo como una anomalía.  Los llamados «progresistas» nos han devuelto al siglo XIX. Dime con quién andas y te diré quién eres, dice el refranero. Los socialistas, siendo el eje de esta alianza, se sitúan con quiénes frecuentemente en nuestra historia frustraron las ilusiones de progreso de los españoles, porque en el siglo XIX fue el carlismo y hoy es un integrismo nacionalista egoísta, xenófobo y antieuropeo.

Lo razonable, lo que permitiría que los españoles durmieran tranquilos sería que los partidos nacionales llegaran a acuerdos, impidiendo unas elecciones anticipadas y evitando la ignominia de depender de un fugado.

Se ha consumado el dislate, han introducido la política española en el “callejón del Gato” de Valle Inclán. Es evidente que la política española está dominada por pícaros, desvergonzados y ahora delincuentes. Han convertido la política en un negocio que es necesario preservar y esto ha sucedido impulsado por un PSOE que no representa la izquierda que necesita España.

La igualdad, la libertad de parte de los ciudadanos españoles, el respeto a la ley y a los usos democráticos, quedan suspendidos en España. La concordia mínima para que una democracia funcione, disuelta. La posibilidad de una política reformista, que haga de España un país capaz de enfrentarse al futuro, abolida.

No confundir diligencia y gestión con manipulación en Correos

La avalancha de peticiones de voto por correo está evidenciando multitud de problemas en la gestión del servicio postal en España. Pero una cosa es esto -cuestión de gestión y diligencia en facilitar un derecho fundamental – y otra cosa muy distinta algunas dudas sembradas sobre la manipulación del voto, cosa inaceptable.

FUENTE: El Norte de Castilla

En algunos casos por falta de claridad, en otros por manipulación intencionada, y en otros simplemente por desconocimiento de cómo funciona Correos, lo cierto y verdad es que el protagonismo que ha adquirido esta sociedad estatal no debería haberse producido. Cuando hay Elecciones (y más aún con la importancia de las que se celebran este 23 de julio) lo que menos hay que hacer en un país democrático es poner en duda los procedimientos del voto, ya que siembran dudas sin fundamento en los electores y tiene capacidad de modificar su intención de voto.

Llegados a este punto, es necesario clarificar lo que está sucediendo con el servicio postal. España es un país en el que los meses de julio y agosto se convierten en un problema para la administración pública (pero también para muchas empresas privadas) por la coincidencia en los mismos períodos de la mayor parte de la masa salarial de vacaciones. En este sentido, cubrir puestos vacantes de manera circunstancial o incluso llamar a personas que están de vacaciones para que se puedan incorporar durante unos días, se convierte en algo muy complejo.

Pero si a ello se añade que Correos es una de las empresas más grandes que hay en España y con una estructura especialmente rígida, entonces lo complejo se vuelve en casi imposible. Desde el punto de vista de la gestión de la compañía, sólo queda esperar la movilización de bolsas de trabajo temporal y, junto con ello, intentar aprobar un plan de incentivos que «recompense» las horas extra y los problemas que a los carteros les va suponer el proceso electoral.

Aunque a partir del 23 de julio los procesos electorales vuelvan a celebrarse sin sobresaltos, el nuevo Gobierno deberá abordar la revisión de transferencias presupuestarias como el «servicio postal universal», de modo que Correos deje de ser una empresa con tanta rigidez, se someta a una disciplina de mercado mayor y contemple compensaciones adicionales del Estado ante problemas como este colapso de las oficinas a la hora de enviar y gestionar el voto por correo. Probablemente, a futuro, el voto por correo continuará creciendo, con lo cual es necesario estar muy preparados e introducir tecnología para hacer eficientes los procesos electorales.

Los debates de Sánchez

Como si de un juego se tratara, el incumbente (el presidente Sánchez) ha sido hábil a la hora de jugar sus cartas, amoldando el escenario de los debates que se producirán y lanzando un órdago al aspirante (Núñez Feijóo) a sabiendas de que éste va a buscar un desvío que le pueda ser beneficioso. 

Los seis debates propuestos por el presidente Sánchez es la pura imagen de la exageración política, instalada en este clima electoral que se dilatará sobremanera en el tiempo. No sólo importa el número de debates propuestos sino su composición. Un debate a dos escenifica la vuelta del bipartidismo, mientras que un debate a cuatro (incluyendo a Vox y al resultado que salga de Podemos y Sumar) profundiza la política de bloques por la que se ha caracterizado la legislatura que está acabando.

Núñez Feijóo parte, a priori, como favorito ante el hartazgo de la sociedad española del Gobierno de coalición. Pero, cuidado, el que más tiene que perder es el líder popular, el cual cuenta actualmente con una probabilidad más alta de ganar las próximas Elecciones. Ante este escenario, el planteamiento de los debates debe hacerse desde dos perspectivas. Por un lado, desde el punto de vista político-estratégico, los candidatos favoritos suelen ser los más reticentes a aceptar estos debates. Es lo que le sucedió al propio Sánchez con Casado en abril de 2019, teniendo que compartir escenario con Iglesias y Rivera, los cuales tuvieron su máxima representación en votos y escaños. Con lo cual, el favorito arriesga una posición que le puede llevar a la derrota.

El ejemplo más claro al respecto de los debates electorales es el Kennedy-Nixon de 1960, que fue el primer debate televisado. Todo el mundo está de acuerdo en que la clave para que John F. Kennedy se alzase como indiscutible ganador en aquel primer enfrentamiento en televisión fue, precisamente, su aspecto. Pero era Nixon quien, antes de este debate, partía como favorito sobre un joven Kennedy.

JFK supo seducir a los espectadores con armas con las que Richard Nixon no contaba. Para empezar, un control sobre sus nervios que le hizo sonar más tranquilo, elocuente y firme en sus afirmaciones. Su oponente, en cambio, no dejaba de sudar, algo que fue perceptible al otro lado de la pantalla, y erró en diversas ocasiones al hablar. Sí, los nervios traicionaron a Nixon.

Por otro lado, más allá del posible resultado de los debates, desde el punto de vista ciudadano tiene sentido un encuentro cara a cara de los dos candidatos con mayores posibilidades de superar una sesión de investidura para que la ciudadanía contraste estilos, argumentos, propuestas y hasta convicción en la defensa de los proyectos. 

Pero también lo tiene saber las sintonías o disonancias que los unan o separen de sus potenciales aliados ante un escenario competitivo entre los dos grandes partidos como el que abren las elecciones del 23-J, donde el PP presumiblemente necesitará a Vox y donde el PSOE presumiblemente necesitará a Sumar a su izquierda.

Ahora bien, ¿tienen el suficiente peso los debates electorales como para cambiar la intención del voto? En este caso, y teniendo en cuenta la abstención y los indecisos que hay en España tras las elecciones del 28-M, los debates que se puedan producir pueden provocar que una parte de ese ejército nutrido que es la abstención, del 36% en la regionales y municipales, se decanten, principalmente, por una de las dos opciones mayoritarias, PP y PSOE; Sánchez y Núñez Feijóo. Ambos son los que más tienen que demostrar respecto al otro porque, de esta población indecisa y que se abstuvo en las pasadas elecciones, puede salir la llave del próximo Gobierno de España. 

En ningún caso los debates cambian la intención de voto hacia un bloque u otro, teniendo en cuenta la polarización que hay en el espectro político español, más allá de movimientos residuales de extremos a los principales partidos y viceversa.

A parte de otros debates con candidatos de más formaciones, los españoles deben de tener la oportunidad de poder ver un cara a cara entre Núñez Feijóo y Sánchez, donde ambos candidatos intenten convencer al electorado y reducir la abstención, que es un claro efecto de falta de calidad democrática y hartazgo con la política y sus representantes.

Sí, se puede

La decisión de entrar en una medida tan controvertida en el espectro político como la Ley del ‘sí es sí’, es algo como para darle la importancia que se merece.

Feijóo ha demostrado que el PP puede hacer política de Estado si así lo ve necesario y está dispuesto a tender puentes para evitar la mano de Podemos para culminar una reforma que puede ser beneficiosa para el país. Es responsabilidad de los partidos tomar parte de la democracia y sus decisiones, aunque no formen parte del Gobierno. Porque hacer política es algo más que discutir en las Cortes.

Ahora toca que Sánchez sea valiente y haga lo mismo con su Gobierno. Si Sánchez quiere hacer algo por intentar ganar estas elecciones que olvide a Podemos y a Díaz para buscar otras opciones para seguir al frente del Ejecutivo.  Sin olvidar la larga lista de políticas aplicadas y no aplicadas que están ahogando a los españoles y sus empresas.

Que Podemos se revuelva contra la decisión del Gobierno denota la sapiencia de que saben que se les está acabando el cuento, con una Yolanda Díaz dispuesta a llenar su hueco y con la que los socialistas deben intentar distanciarse. 

Un acuerdo insólito si analizamos el devenir de esta legislatura. A lo largo de los últimos años se ha repetido con insistencia que en España la política se dirime entre bloques ideológicos permanentemente enfrentados y sin resquicio para hallar puntos en común. La positiva novedad no debería representar una simple excepción. Un pacto entre los dos principales activos que representan el sentir de la mayoría no puede ser motivo de vergüenza sino de esperanza. Hay que ponerle límites a la crispación permanente que se vive. Con la contribución principal de formaciones nacidas a los extremos de socialistas y populares. PSOE y PP están llamados a relevarse en el poder y en asuntos cruciales deberían estar condenados a entenderse.

Después de haber aprobado en su momento la ley con el recelo de varios nombres fuertes de su equipo de Gobierno, como eran Carmen Calvo y Juan Carlos Campo. En ese momento Sánchez se olvidó de la inseguridad jurídica que más tarde provocó, rebajando condenas a criminales sexuales. A día de hoy, 1.000 condenas rebajadas y 100 excarcelaciones a delincuentes sexuales. Un gran descrédito ante la opinión y aunque Podemos se negaba a reformar la ley había que hacerlo. Sánchez debía rectificar y ha podido hacerlo con el apoyo de la segunda lista más votada.

Pero Feijóo también ha ganado políticamente con esta decisión. Después de cerrarse en la renovación del Constitucional, se ha hecho bueno con el PSOE y se ha desmarcado de la extrema derecha. El ajedrez electoral ha comenzado y hay que captar a la gran cantidad de votantes moderados que quieren ejercer un voto útil y centrado en el que ya no entra Ciudadanos.  Un perfil de votante muy importante en estas elecciones y para los partidos constitucionalistas.

Con las vistas ya puestas en la primera parada, el 28M, no vamos a entrar con Tezanos y sus encuestas, que hacen contraste (curiosamente) con el resto. Sánchez y Feijóo tienen su primer examen en las urnas y lo mismo para los extremos. Un primer resultado de lo que se respira para las elecciones, sobre todo en las comunidades más pobladas. No es creíble pensar en acuerdos entre los grandes partidos para gobernar un territorio, pero sí, quizás, para facilitar la gobernabilidad sin amigos peligrosos y reducir la influencia de los extremos con las vistas puestas en unas generales que cerrarán el año.Sí, se puede

Señales preocupantes ante la actitud de Francia con China

Xi Jinping no suele hacer las cosas porque sí. 

Después de su reunión con Rusia, su socio más importante en el panorama internacional, España, Alemania, la Comisión Europea, el Consejo Europeo y Francia pasaron por el aro con el mandatario chino sin que ninguno comentase las impresiones de China tras esas reuniones, más bien lo que ellos trasladaron al gigante asiático en sus visitas. China está entrando en las relaciones entre los países de la Unión para su propio beneficio. China busca grietas y parece que las han encontrado con Francia.

Se trata de una ofensiva diplomática en toda regla que subraya la importancia política y económica de China como actor global. En el plano económico, China es el primer interesado en resucitar un acuerdo de inversiones que pactó con Bruselas, tras siete años de negociaciones, en diciembre de 2020, y que en un contexto de guerra comercial con EE UU y reconfiguración económica mundial permite a Europa jugar sus propias bazas, pero siempre ‘confiando’ en China como amigo para sostener las decisiones comerciales estadounidenses.

En este sentido, la visita de Macron ha dado a China lo que necesitaba: alguien que reconociese el poder chino frente al resto del mundo. Una mala jugada por parte del presidente francés hacia un país que quiere a Europa como la quiere EEUU, para jugar un papel de influencia sobre el territorio europeo y en el que los americanos ya tienen cierta ventaja en el espectro político.

Tanto los funcionarios estadounidenses como los chinos saben que la política de Europa hacia Beijing está lejos de ser resuelta. Esa es una oportunidad y un riesgo para ambas partes. En los últimos meses, los funcionarios estadounidenses advirtieron sobre la voluntad de China de enviar armas a Rusia y hablaron sobre los peligros de permitir que las empresas tecnológicas chinas accedan sin restricciones a los mercados europeos, con cierto éxito.

Destaca en este punto la acción de lobbies pro-chinos en cada país, jugando al máximo nivel a la hora de capturar a personas de influencia y relevancia política con los cuales conseguir contratos relevantes en la industria tecnológica y digital. España corre el riesgo de caer en la efectividad de esta estrategia.

Beijing ha decidido que Macron es el nuevo líder europeo, tras la jubilación de Merkel, ante la ‘discreción’ de Scholz y la pasividad de un Sánchez que fue única y exclusivamente a hacerse una foto. Aunque parece que la decisión ha sido tomada porque el francés es el único que ha entrado oficialmente en el juego de China.

Un gesto cuestionable por el hecho de que a Macron parecen no importarle sus amistades bajo la excusa de la “autonomía estratégica”; que está muy bien si es lo que realmente perseguimos, pero que no parece ir por ahí el tiro. Macron espera que Europa se oponga a los esfuerzos de EEUU por restringir el comercio y la inversión con China por motivos de seguridad nacional, volviendo a correr riesgos en lugar de reducirlos. Del mismo modo, Europa seguiría dependiendo de las garantías militares de Estados Unidos hasta que hubiéramos alcanzado su plena autonomía estratégica y fuera capaz de defenderse por sí misma. Y se lavaría las manos en complicados conflictos geopolíticos lejos de sus fronteras, como Taiwán. Algo que todos sabemos que no pasará.

Si ya teníamos problemas con los americanos por nuestra autonomía, no parece una gran idea entrar en este tipo de negociados con China. La autonomía es algo que uno gana y defiende en base a su poder económico y militar, no es un eslogan político. Lo que es impensable por parte de Macron es creer que China está dispuesta a conceder gratuitamente “autonomía” a Europa, con tal de que no se interponga en su disputa con Estados Unidos por el dominio mundial, y que esta va a ser respetada por los chinos.

Abrir el panorama es muy peligroso en el contexto actual y la posición en la que se encuentra Europa es de las peores. Nuestra vulnerabilidad para con los dos principales actores de la película no merece jugarnos tanto en discursos como el del mandatario francés. Europa, a pesar de las complicaciones de estos últimos tiempos no ha cambiado su forma de actuar y un cambio en lo que China pretende, primero nos arrebataría la identidad y segundo nos dejaría desprotegidos ante un futuro neutral y sin aliados.

¿Cómo están las encuestas de la primera parada electoral?

Este año es un año de urnas a dos tiempos. La primera parada el 28 de mayo con comicios municipales y regionales ya a la vuelta de la esquina. 

Este primer acercamiento a la opinión del elector puede ser un buen reflejo de lo que pasará a finales de año para las elecciones generales en las que el actual Ejecutivo intentará revalidar su posición en un panorama político que se mueve hacia una confrontación de bloques resquebrajados y con menor probabilidad de unión que hace un año.

Lo que está claro es que pocos partidos van a poder ejercer su presidencia de autonomía o alcaldía sin la necesidad de terceros, que suelen ser los partidos que ponen en peligro la centralidad de la política española.

A la hora de guiarnos por las encuestas de intención de voto, el optimismo y las expectativas son factores determinantes para emitir nuestra intención. Por ejemplo, si un partido consigue generar un entorno favorable hacia sus posibilidades, se activa el efecto carro ganador, mientras que, si parece que tiene pocas posibilidades, las pocas que tienen acaban por diluirse. Así que la batalla por el relato en mayo será preelectoral, pero también y con más ahínco si cabe, poselectoral. Ni los sondeos, ni los barómetros ostentan la capacidad de anticipar quién ganará en los respectivos feudos, aunque sí permiten tomar el pulso del electorado en un momento determinado.

Tomando los datos de los principales servicios de datos referenciados por los medios de comunicación, las casas encuestadoras apuntan a un retroceso de la izquierda en todo el país. Es el caso de la Comunidad Valenciana, donde el sondeo de Sociométrica para El Español publicado este miércoles muestra una ventaja de Carlos Mazón de casi siete puntos sobre el actual presidente, Ximo Puig. Estas cifras permitirían gobernar al candidato popular en alianza con Vox gracias a la caída de Compromís y Podemos.

La encuesta refleja una intención de voto del 31,6% para el Partido Popular, frente al 18,9% que obtuvo en 2019 y que se traduciría en entre 35 y 37 representantes. En cambio, el barón socialista se quedaría con entre 26 y 27 al hacerse con un 24,9% de apoyos, un punto más que en las últimas elecciones. Vox llegaría al 15,4% y entre 16 y 17 diputados, por encima del 10,4% de hace cuatro años. Por el contrario, Compromis caería a la cuarta posición con un 15,2% de los sufragios, frente al 16,5% de 2019, y se quedaría con 15 representantes. De igual forma, Podemos retrocedería al 6,8% de los votos desde el 8% y contaría con cinco diputados.

Otra encuesta reciente es la de La Razón (NC Report) para Murcia, que deja a López Miras (PP) a tan solo dos escaños de la mayoría absoluta. En Madrid, Isabel Díaz Ayuso revalidaría la victoria de 2021 e, incluso, podría mejorar su resultado con cerca de un 46% de los votos, según los dos sondeos conocidos desde marzo. En la región, Ciudadanos está lejos de lograr el mínimo del 5% para entrar en la Asamblea y Unidas Podemos podría estar también al borde de la desaparición para la próxima legislatura.

Navarra es uno de los territorios que a día de hoy cuentan con más producción demoscópica. Desde marzo, se han publicado hasta cuatro encuestas y en todas ellas UPN figura como la primera fuerza, aunque hay notables diferencias entre los distintos sondeos. En 2019, este partido se presentó en coalición con el PP, bajo la marca de Navarra Suma. La división, según algunos sondeos, les augura un resultado similar o incluso mejor que en los comicios previos. En la izquierda, podría repetirse el pacto actual, pero el partido nacionalista Geroa Bai se sitúa ahora algo por delante del Partido Socialista de Navarra, por lo que el Gobierno podría pasar de manos de Chivite (PSN) a Uxue Barkos (Geroa Bai), de nuevo como en 2015.

En Asturias y Extremadura, los partidos de izquierda siguen sumando mayoría, pero en ambos casos su resultado sería menos favorable que el logrado en 2019. Este patrón de retroceso por parte del bloque de izquierda se observa en todas las regiones de las que hay datos hasta la fecha. No obstante, en muchos casos solo se cuenta con un sondeo disponible, casi siempre el publicado por La Razón. La cercanía a la fecha de las elecciones y la recopilación de nuevos sondeos proporcionarán una visión más completa de los pronósticos demoscópicos.

Sondeos para los principales ayuntamientos

Además de las elecciones autonómicas, el 28-M también se elegirán los alcaldes en los más de 8.000 municipios que conforman el país. También para los principales consistorios hay algunos estudios que pronostican cuál será el resultado de las elecciones. Sin ir más lejos, El Confidencial ha publicado, a finales de marzo, una encuesta según la cual José Luis Martínez-Almeida, actual regidor de Madrid, pasaría de 15 concejales a 24.

Para Barcelona, el sondeo más reciente es el realizado por Metroscopia y del que se hizo eco 20Minutos, también a finales de marzo. El socialista Jaume Collboni sería el candidato más votado, si bien Ada Colau (BComú) y Xavier Trias (Junts) obtendrían porcentajes similares. De cumplirse un escenario similar, con un resultado ajustado, serán claves los pactos para gobernar la Ciudad Condal.

Otra encuesta realizada por Sigma Dos y publicada por El Mundo dibujaba un empate técnico entre PP y PSOE en Sevilla, aunque dejaba a los populares algo por debajo. Esta ventaja permitiría al actual alcalde socialista, Antonio Muñoz, aferrarse al bastón de mando con el apoyo del resto de partidos de izquierda.