Justicia sitiada: el Fiscal procesado y voz de alarma del Supremo 

La democracia española se desangra cuando quien debía proteger la ley la retuerce, y cuando la máxima autoridad judicial tiene que gritar en público lo que todos sabemos en silencio: que el Estado de Derecho está en peligro. 

FUENTE: EFE

El Fiscal General del Estado, Álvaro García Ortiz, está procesado por prevaricación. La noticia debería haber sacudido los cimientos de la democracia y la justicia. No hablamos de un alcalde corrupto, ni de un concejal con sobres en un sobre. Hablamos del hombre que debía garantizar la imparcialidad del Ministerio Público, convertido en sospechoso de haber usado su poder como un arma de favores y represalias

Cuando la Fiscalía —que debería estar por encima de la política— se convierte en herramienta de partido, el Estado deja de ser árbitro y pasa a ser parte interesada. Y eso no es un accidente: es una forma de gobierno

La Justicia habla porque el silencio ya mata 

En la apertura del año judicial, la presidenta del Tribunal Supremo tuvo que hacer lo que nunca debería ser necesario: denunciar públicamente el asedio al Poder Judicial. Lo hizo con palabras medidas, pero el mensaje era brutal: España tiene un sistema en el que los jueces son presionados, los fiscales obedecen al Gobierno y la independencia judicial se ha convertido en un espejismo. 

Cuando la jefa de la máxima institución judicial advierte en público que el Estado de Derecho se tambalea, ya no estamos en una democracia consolidada: estamos en una democracia sitiada

El cáncer de la colonización política 

El procesamiento del Fiscal General no es un hecho aislado: es el síntoma de una colonización política sistemática. El Gobierno coloca peones en los órganos de control, retuerce las leyes para blindarse, bloquea la renovación del Consejo General del Poder Judicial, insulta a los magistrados que no se pliegan, y premia a los que sí lo hacen. 

La Justicia ya no es un poder que limita: es un terreno de conquista. Y en ese terreno, el poder político avanza sin pudor, como si el Estado de Derecho fuera un obstáculo incómodo que se puede arrinconar con decretos, con nombramientos, con presiones mediáticas. 

No es casual que Bruselas haya vuelto a señalar a España como un país con “alto riesgo de corrupción” y deficiencias en la independencia judicial. Desde fuera lo ven con claridad: un fiscal procesado, un Gobierno que ataca jueces, un sistema bloqueado. Pero dentro, nos quieren hacer creer que todo esto es normal, que el ruido es democracia. No lo es. Es degradación institucional planificada. 

La consecuencia más grave 

Cuando los ciudadanos dejan de creer que la Justicia es imparcial, no queda nada. La democracia se reduce a un cascarón vacío: votamos cada cuatro años, pero sabemos que las reglas se pueden torcer después. El ciudadano se convierte en súbdito, porque no tiene a quién acudir: ni al Fiscal, ni a los tribunales, ni al Parlamento. 

Ese es el verdadero peligro de este momento: la sensación de que la ley ya no protege a todos por igual, sino solo a quienes están en el círculo del poder

El procesamiento del Fiscal General y el discurso de la presidenta del Supremo son más que noticias. Son un aldabonazo, una advertencia, un grito. La democracia española se está asfixiando entre la corrupción, el clientelismo y la colonización del poder judicial. 

Si los ciudadanos se acostumbran a vivir en un país donde el Fiscal General se sienta en el banquillo y donde los jueces tienen que suplicar independencia en público, entonces la democracia ya habrá muerto sin que nadie haya firmado su acta de defunción. 

Lo que hoy está en juego no es un cargo ni un procedimiento judicial. Lo que está en juego es si España sigue siendo un Estado de Derecho o se convierte, a ojos del mundo y de sus propios ciudadanos, en una parodia de sí misma. 

Firma bajo la lupa de Europa

La reciente renovación del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) suscita un intenso debate, especialmente en lo que respecta a la independencia del poder judicial y los compromisos asumidos por los principales partidos políticos.

FUENTE: EUROPA PRESS

La clave fundamental del acuerdo sobre el gobierno de los jueces radica en los seis meses que el nuevo Consejo tiene para preparar una reforma del sistema de elección de sus miembros. ¿Es este compromiso creíble? ¿Puede Europa forzarnos a cumplirlo?

La independencia del poder judicial es un pilar esencial de cualquier democracia. Si bien el acuerdo entre el PSOE y el PP no garantiza explícitamente esta independencia, sí establece procedimientos destinados a impedir el control del Gobierno y sus socios parlamentarios sobre el CGPJ, repartiendo sus puestos por cuotas como ha sucedido en los últimos casi 40 años. Este es un paso positivo, pero insuficiente por sí solo. La verdadera prueba residirá en la implementación de la reforma prometida.

El Gobierno ha cumplido con el mandato de la Unión Europea de renovar el CGPJ, respondiendo así a una demanda crucial para asegurar el buen funcionamiento del sistema judicial español. La oposición ha cumplido con su parte de lograr un acuerdo que, en líneas generales, se parece mucho al que ha defendido los últimos dos años sin que el Gobierno lo aceptara.

Sin embargo, esta renovación es solo la primera parte de un proceso más amplio. Ahora queda la tarea más difícil: cambiar el sistema de elección para asegurar que al menos la mitad de los vocales, o preferiblemente una mayoría simple, sean nombrados por sus propios pares en el ámbito judicial.

Este cambio es fundamental para evitar que el CGPJ siga siendo un órgano con fuertes presiones políticas y garantizar su independencia efectiva. La UE ha sido clara en su exigencia de reformas que refuercen la separación de poderes y la autonomía del poder judicial. España no puede permitirse ignorar estas recomendaciones sin arriesgarse a consecuencias diplomáticas y políticas significativas.

La cuestión crítica ahora es si el partido de gobierno (el PSOE) se siente verdaderamente obligado por este pacto a impulsar una reforma que cumpla con estas expectativas. El compromiso de los próximos seis meses será determinante. La UE, en este contexto, debe jugar un papel proactivo y exigente. Si el Gobierno español muestra reticencias o intenta diluir el alcance de la reforma, Bruselas debería intervenir con firmeza incoando un expediente de infracción que nos colocaría a la altura de lo que sucedió con Polonia o Hungría.

La presión de la Bruselas será vital para asegurar que España no retroceda en este aspecto crucial. La credibilidad de nuestro sistema judicial está en juego, y con ello, la confianza de los ciudadanos en la imparcialidad y equidad de la justicia.

Llega tarde

No podemos pasar por alto que tanto el PP como el PSOE han tardado cinco años en renovar el CGPJ desde la fecha en que correspondía hacerlo. Esta dilación es inaceptable y ha erosionado la confianza en nuestras instituciones. Ha tenido que ser Europa la que nos cante las cuarenta para que finalmente se tome una acción concreta. Esta intervención externa pone en evidencia la falta de compromiso de nuestros propios líderes políticos con la reforma judicial y la urgencia de su implementación.

Los partidos más a la izquierda del PSOE, los más a la derecha del PP y los independentistas y secesionistas (incluso algunas voces en los propios partidos implicados), se opusieron al acuerdo. Esta resistencia puede interpretarse como un indicio de que lo pactado beneficiaría a la independencia del organismo judicial. Si todos estos sectores tan diversos están en desacuerdo, podría ser una señal de que el cambio propuesto va en la dirección correcta para despolitizar mantener la neutralidad en el CGPJ.

La renovación del organismo y la promesa de reformar el sistema de elección de sus miembros representan una oportunidad histórica para España. No obstante, la verdadera independencia judicial no se logrará solo con buenas intenciones o acuerdos iniciales. Es imperativo que el PSOE cumpla con la letra y el espíritu del pacto alcanzado con el PP, y que la UE se mantenga vigilante y exigente en este proceso.

Solo mediante un compromiso firme y transparente se podrá fortalecer la independencia del poder judicial en España, un objetivo que no solo beneficiará a nuestro país, sino que también reforzará los valores democráticos fundamentales de la Unión Europea. Además, es esencial aprender de estos cinco años de retraso y asegurar que no volvamos a caer en la parálisis política que ha puesto en jaque la credibilidad de nuestras instituciones judiciales.

Telegram y la Justicia 

En los últimos días, una resolución judicial emitida por el Magistrado Sr. Pedraz, titular del Juzgado Central de Instrucción nº 5, ha avivado un acalorado debate jurídico en Europa. En virtud de esta resolución, se ordenó la suspensión temporal de los recursos asociados a Telegram por parte de los Operadores de Telecomunicaciones y de acceso a Internet en España, la cual tuvo que ser rectificada por su falta de proporcionalidad.

FUENTE: EFE

El movimiento del juez Pedraz, destinado a combatir la infracción de derechos de propiedad intelectual en el entorno digital, plantea cuestiones fundamentales sobre el equilibrio entre el papel que deben jugar las plataformas de difusión de contenidos, la propiedad intelectual y la libertad de expresión.

La decisión judicial ha provocado preocupación debido a la falta de ponderación entre los derechos en conflicto: los relativos a la propiedad intelectual y los derechos fundamentales a la libre expresión y comunicación, garantizados por la Constitución. Se ha criticado la ausencia de una justificación clara para privilegiar el derecho a la propiedad intelectual sobre otros derechos fundamentales.  

Además, los argumentos presentados en la resolución resultan insuficientes. Se señala el cierre de Telegram como la única medida viable para combatir la infracción de derechos de propiedad intelectual, sin considerar alternativas más proporcionadas. Este enfoque plantea interrogantes sobre la aplicación coherente de la ley en el entorno digital. 

Es importante destacar que esta decisión carece de precedentes en Europa, donde el derecho a la libertad de comunicación y a recibir información está altamente protegido. El Tribunal Europeo de Derechos Humanos ha subrayado que cualquier bloqueo de contenidos ilegales en Internet debe ser proporcionado y dirigido exclusivamente al contenido ilegal, evitando efectos arbitrarios o excesivos. 

Telegram, con aproximadamente 8,5 millones de usuarios en España, ha sido objeto de controversia por su uso tanto legítimo como ilegal. Aunque es cierto que la plataforma se ha utilizado para distribuir contenido ilegal, también se ha apreciado por su seguridad y moderación más laxa que otras redes sociales. Esto plantea la pregunta de si el cierre de la plataforma es una solución efectiva y proporcional. 

Esta situación plantea un debate complejo sobre la cooperación de las multinacionales con las investigaciones en países democráticos. La negativa de Telegram a cooperar con las autoridades españolas destaca un desafío en la aplicación de la ley en un entorno digital globalizado. 

Además, esta situación plantea preguntas sobre la responsabilidad de las plataformas tecnológicas en la facilitación de actividades ilegales. Si bien es comprensible la preocupación por la protección de los derechos de propiedad intelectual, también es crucial garantizar que las medidas adoptadas no limiten indebidamente la libertad de expresión y comunicación en línea.  

La falta de una justificación sólida y proporcional en la decisión judicial resalta la necesidad de un análisis más detallado de las circunstancias específicas de cada caso. Cerrar una plataforma de mensajería como Telegram puede tener ramificaciones significativas, no solo para los usuarios individuales, sino también para empresas, organizaciones y entidades que dependen de ella para comunicarse y difundir información legal. 

En última instancia, la complejidad de este debate subraya la importancia de un enfoque colaborativo y multifacético para abordar la infracción de derechos de propiedad intelectual en línea. Esto incluye la cooperación entre gobiernos, empresas tecnológicas y usuarios, así como el desarrollo de soluciones innovadoras que protejan los derechos legales sin comprometer los principios fundamentales de la democracia y la libertad de expresión en el entorno digital. 

La resolución judicial que ordenaba la suspensión temporal de Telegram en España destacaba la necesidad de un enfoque equilibrado, proporcional y fundamentado en la ley para abordar los desafíos asociados con la infracción de derechos de propiedad intelectual en línea en Europa y más allá. 

A la cola y a la contra 

Una condición que hay que aceptar cuando se forma parte de la Unión Europea es que las autoridades de Bruselas tienen la potestad de establecer políticas comunes que deben ser aplicadas por los países miembros. 

FUENTE: EFE

La Comisión Europea ha anunciado una de esas políticas comunes que no es inocua para el Gobierno español ni para sus socios independentistas porque va contra uno de los acuerdos más polémicos que Pedro Sánchez alcanzó con Podemos, Esquerra y Bildu. El pasado mes de diciembre, Moncloa decidió eliminar el delito de sedición y rebajar las penas por malversación para beneficiar a los líderes independentistas que fueron condenados o aquellos que pudieran ser condenados en los próximos meses. 

El objetivo era aprobar esas reformas cinco meses antes de las elecciones, para que a estas alturas de mayo hubieran quedado fuera del debate político y no se mezclara con la campaña. Pero la política va muchas veces por caminos inescrutables y siempre actúa sobre aquellos que se creen superiores a ella. Ahora Europa, a la que se ha tildado de permisiva y complaciente con las medidas aprobadas por el Gobierno de coalición, actúa sobre algo que considera importante y que va a la contra del rumbo tomado desde Bruselas, situándonos a la cola de Europa junto a Hungría y Polonia. 

La justicia poética ha querido que sea en plena campaña electoral para las regionales y municipales del 28-M, que serán una buena forma de medir el sentir de gran parte de la sociedad española con el Gobierno porque muchos evitarán votar al PSOE, aún con buenos candidatos, como castigo a las políticas de Sánchez, esta es solo una de ellas. 

Con esta iniciativa, la Comisión no sólo aspira a actualizar, por arriba, las normas de la UE sobre definiciones y penas de los delitos de corrupción para combatir todo el posible abanico de los mismos sino, también, mejorar la aplicación de la ley. La propuesta de directiva tendrá que ser negociada ahora por los Estados miembros y el Parlamento Europeo. Y, con ella, queda desacreditado el principal argumento de Sánchez que apostó por la condescendencia con ciertas variantes del tipo de la malversación en nuestro país, asegurando que, con ello, España se aproximaba a los estándares europeos en la materia. 

Pero, aquí en España, Sánchez decidió que estas reformas eran lo más progresista para el país y que ahora hay que reconocer lo logrado por aquel que se embolsa el dinero de los contribuyentes al corrupto que utiliza el dinero de los contribuyentes para intentar hurtar, además del dinero, sus derechos políticos más básicos. 

Todo esto se da de bruces con lo que presuntamente lo justificaba, según el mendaz argumentario de Moncloa: los ‘criterios europeos’. Los dos nuevos tipos aprobados, al contemplar penas máximas de 3 y 4 años, quedan por debajo del umbral de 5 señalado por la Comisión. El Gobierno también tendrá que retocar el tipo de cohecho y el de tráfico de influencias. Toca ‘rearmonizar’ al alza lo que se había rebajado por conveniencia partidista.

No nos hagamos más daño

El rey emérito visitó nuestro país tras dos años en Abu Dabi, donde residía tras la revelación de las presuntas comisiones cobradas por el monarca y sus múltiples cuentas en el extranjero. La visita copó los medios nacionales, independientemente del motivo o acciones que motivasen su visita. La figura del «Rey de la Transición» ha perdido fuerza entre la población, pero su visita es la de un padre que viene a ver a su familia a su país.

FUENTE: EFE

Independientemente de lo público de su figura, el Rey emérito vino a disfrutar de una de sus pasiones y poder dar explicaciones a su familia, hablar con su hijo, el actual monarca, tranquilamente y poder ponerse al día de las situaciones que rodean a la Corona. Las investigaciones pertinentes son trabajo de la Justicia y debemos preservar la presunción de inocencia, imprescindible en nuestro sistema. Todas las familias del mundo deberían poder estar juntos en circunstancias normales y, mientras no haya una circunstancia de fuerza mayor o una sentencia en firme, no hay motivo para que esto no pueda o deba ser así.

Quien tiene la potestad y la confianza para poder decirle al emérito lo que ha hecho bien o mal es su hijo. El Rey ya le ha trasladado a su padre la necesidad de apartarse del mundo publico y ser discreto, afeándole el uso del jet privado de forma gratuita (vulnerando el código de conducta de Felipe VI). El emérito y el monarca mantuvieron una larga conversación en la que se darían las explicaciones necesarias que no se han dado personalmente en los últimos años.

Por nuestra parte, la de la ciudadanía, no debemos ahondar en una herida que no puede hacer más que dividir más a nuestra sociedad. Eso debe ser competencia de la Corona y los organismos de Justicia el valorar las presuntas acciones del monarca, y no cada uno de nosotros porque no vamos a solucionar nada. No nos hagamos más sangre.

No podemos permitirnos como sociedad que temas tan triviales como estos nos dividan, del mismo modo que es innecesario impedir que el monarca se mantenga fuera de España hasta su muerte, como exiliado. Debemos respetar las instituciones y a la Corona como una de ellas. La presunción de inocencia y el trabajo de las Justicia no son opinables, por tanto, dejemos trabajar a unos y descansar a otros.

Obviamente la figura del rey es controvertida, pero también una figura fundamental en el avance, de una u otra forma, de nuestro país una vez murió Franco. No fue el único artífice del avance hacia una democracia consolidada como la actual, con sus fallos como todas, pero pudo decidir mantener la dictadura y no devolver España a los españoles.

Es cierto que ahora es el momento de dar un paso al lado y apartarse. Los ‘líos de faldas’ y las no declaraciones patrimoniales lo obligan, y así se lo ha hecho saber su hijo en su reunión. El rey emérito tendrá que sentarse con la Justicia a tratar todo aquello de lo que se le acusa, pero no se puede comparar con otras figuras, como Puigdemont que ha huido de la justicia española. A un rey se le deben exigir ciertas pautas irrompibles de conducta que Juan Carlos no ha cumplido y que se le reprochan con razón, pero nuestro país tiene problemas mayores y de mayor urgencia que una causa que está en marcha en varios países.