No nos hagamos más daño

El rey emérito visitó nuestro país tras dos años en Abu Dabi, donde residía tras la revelación de las presuntas comisiones cobradas por el monarca y sus múltiples cuentas en el extranjero. La visita copó los medios nacionales, independientemente del motivo o acciones que motivasen su visita. La figura del «Rey de la Transición» ha perdido fuerza entre la población, pero su visita es la de un padre que viene a ver a su familia a su país.

FUENTE: EFE

Independientemente de lo público de su figura, el Rey emérito vino a disfrutar de una de sus pasiones y poder dar explicaciones a su familia, hablar con su hijo, el actual monarca, tranquilamente y poder ponerse al día de las situaciones que rodean a la Corona. Las investigaciones pertinentes son trabajo de la Justicia y debemos preservar la presunción de inocencia, imprescindible en nuestro sistema. Todas las familias del mundo deberían poder estar juntos en circunstancias normales y, mientras no haya una circunstancia de fuerza mayor o una sentencia en firme, no hay motivo para que esto no pueda o deba ser así.

Quien tiene la potestad y la confianza para poder decirle al emérito lo que ha hecho bien o mal es su hijo. El Rey ya le ha trasladado a su padre la necesidad de apartarse del mundo publico y ser discreto, afeándole el uso del jet privado de forma gratuita (vulnerando el código de conducta de Felipe VI). El emérito y el monarca mantuvieron una larga conversación en la que se darían las explicaciones necesarias que no se han dado personalmente en los últimos años.

Por nuestra parte, la de la ciudadanía, no debemos ahondar en una herida que no puede hacer más que dividir más a nuestra sociedad. Eso debe ser competencia de la Corona y los organismos de Justicia el valorar las presuntas acciones del monarca, y no cada uno de nosotros porque no vamos a solucionar nada. No nos hagamos más sangre.

No podemos permitirnos como sociedad que temas tan triviales como estos nos dividan, del mismo modo que es innecesario impedir que el monarca se mantenga fuera de España hasta su muerte, como exiliado. Debemos respetar las instituciones y a la Corona como una de ellas. La presunción de inocencia y el trabajo de las Justicia no son opinables, por tanto, dejemos trabajar a unos y descansar a otros.

Obviamente la figura del rey es controvertida, pero también una figura fundamental en el avance, de una u otra forma, de nuestro país una vez murió Franco. No fue el único artífice del avance hacia una democracia consolidada como la actual, con sus fallos como todas, pero pudo decidir mantener la dictadura y no devolver España a los españoles.

Es cierto que ahora es el momento de dar un paso al lado y apartarse. Los ‘líos de faldas’ y las no declaraciones patrimoniales lo obligan, y así se lo ha hecho saber su hijo en su reunión. El rey emérito tendrá que sentarse con la Justicia a tratar todo aquello de lo que se le acusa, pero no se puede comparar con otras figuras, como Puigdemont que ha huido de la justicia española. A un rey se le deben exigir ciertas pautas irrompibles de conducta que Juan Carlos no ha cumplido y que se le reprochan con razón, pero nuestro país tiene problemas mayores y de mayor urgencia que una causa que está en marcha en varios países.

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