El paisaje político vasco: La emergencia de Bildu y sus implicaciones 

El panorama político del País Vasco está experimentando cambios significativos con la emergencia de EH Bildu y sus implicaciones, lo cual está dando lugar a un debate profundo y sustancial. Durante décadas, el tejido político vasco ha estado moldeado por las corrientes nacionalistas, pero ahora se está gestando un cambio de paradigma que desafía las percepciones arraigadas y redefine el equilibrio de poder.

FUENTE: EFE

La última encuesta de Sigma Dos, publicada por El Mundo, ha proyectado un escenario inesperado: EH Bildu, la coalición de izquierda abertzale, surge como el partido más votado, desplazando al tradicionalmente dominante Partido Nacionalista Vasco (PNV). Esta transformación no solo evidencia una reconfiguración del espacio político vasco, sino que plantea interrogantes fundamentales sobre la gobernabilidad y el futuro de la región. 

Durante más de una década, el PNV ha sido el actor principal en la política vasca, consolidando su posición como el partido hegemónico. Sin embargo, los resultados proyectados por la encuesta indican un cambio significativo en esta narrativa. EH Bildu, liderado por el candidato Peio Otxandiano, se alzaría con una potencial victoria electoral, estimándose que obtendría entre 26 y 27 escaños en el Parlamento vasco, superando así al PNV en número de representantes. 

Esta ascensión de Bildu representa un desafío directo al statu quo político establecido en la región. No solo cuestiona la supremacía histórica del PNV, sino que también plantea una serie de interrogantes sobre la estabilidad y la gobernabilidad futura del País Vasco. La posibilidad de que EH Bildu se convierta en el partido más votado sugiere un cambio de preferencias entre los electores vascos, así como un creciente respaldo a la agenda política de la coalición abertzale

Sin embargo, este ascenso no está exento de controversia y preocupación. EH Bildu, heredero político directo del terrorismo, es objeto de críticas y cuestionamientos por parte de amplios sectores de la sociedad vasca. Si bien la coalición ha optado por la vía política en los últimos años, su retórica separatista y su pasado vinculado al terrorismo generan inquietud y desconfianza entre amplios sectores de la población. 

Para hacerse «normales» y «elegibles» se ocultan estratégicamente en ciertos lugares políticos que acaparan voto como las asociaciones culturales de cada pueblo o comarca que reivindican lo «local», el ecologismo, el feminismo, el sindicalismo o el decrecimiento económico, entre otros. Además, un factor que juega a su favor es la dinámica demográfica, tal como ha advertido en diversas ocasiones nuestro fundador José María Múgica.

Mientras tanto, la emergencia de Bildu plantea un desafío estratégico para el resto de los actores políticos en la región. El PNV se enfrenta a la perspectiva de perder su posición dominante y, con ello, su capacidad para influir en la agenda política vasca.

El Partido Socialista, tradicional aliado del PNV, pero cuya aspiración histórica ha sido sustituirlo en su hegemonía, se encuentra en una situación delicada, ya que podría necesitar negociar con EH Bildu para formar un gobierno estable, un escenario que algunos consideran problemático dada la historia y las posturas políticas de la coalición abertzale

En este contexto, el futuro político del País Vasco se presenta como un terreno fértil para la incertidumbre y la negociación. Los líderes políticos enfrentan el desafío de encontrar soluciones viables que garanticen la estabilidad y el bienestar de la región, al tiempo que respeten las aspiraciones y demandas de una sociedad diversa y compleja.

Las razones que llevan al ascenso de Bildu

En medio de este escenario de cambio y desafíos, es crucial analizar más a fondo las causas subyacentes de la ascensión de EH Bildu y las implicaciones que esto tiene para el futuro político del País Vasco. La coalición independentista ha sabido capitalizar una serie de factores que han moldeado el panorama político en la región en los últimos años. 

En primer lugar, el desencanto con las formaciones políticas tradicionales ha sido un factor determinante en el ascenso de EH Bildu. Muchos votantes han expresado su frustración con el estancamiento político, la corrupción y la falta de respuestas efectivas a los desafíos sociales y económicos que enfrenta la región. En este contexto, EH Bildu ha logrado presentarse como una alternativa fresca y comprometida con el cambio, atrayendo a aquellos que buscan una ruptura con el statu quo establecido. 

Además, la habilidad de EH Bildu para articular una narrativa política coherente y movilizadora ha sido fundamental para su éxito electoral. La coalición abertzale ha sabido conectar con las aspiraciones y demandas de amplios sectores de la sociedad vasca, especialmente entre los jóvenes y aquellos que se identifican con un sentimiento de identidad nacional vasca. Su mensaje de soberanía, justicia social y defensa de los derechos civiles ha resonado en un contexto marcado por la polarización política y la búsqueda de un horizonte de cambio. 

Por otro lado, el declive del PNV y la fragmentación del espectro político han contribuido al surgimiento de EH Bildu como una fuerza política relevante. Aunque el PNV sigue siendo una fuerza dominante en la región, su capacidad para mantener su hegemonía se ha visto cuestionada en los últimos años. La falta de renovación generacional, las divisiones internas y la pérdida de conexión con amplios sectores de la sociedad vasca han debilitado su posición, abriendo espacio para la emergencia de nuevas fuerzas políticas, como EH Bildu. 

Sin embargo, la consolidación de EH Bildu como el partido más votado también plantea una serie de desafíos y dilemas para el futuro político del País Vasco. La coalición abertzale enfrenta el desafío de pasar de ser una fuerza de protesta a una fuerza de gobierno, lo que requerirá habilidad política y capacidad de negociación para construir alianzas y consensos en un entorno político altamente fragmentado. ¿Será algo posible teniendo en cuenta sus orígenes y su empeño por llevar a Euskadi a la independencia y al socialismo?

Portugal como faro 

La reciente victoria de Luis Montenegro, líder del Partido Socialdemócrata (PSD), en las elecciones portuguesas marca un hito significativo en la política del país. Este cambio de liderazgo no solo representa un giro en la dirección del país, sino también un paso crucial hacia la consolidación de un gobierno comprometido con la estabilidad y el progreso de Portugal. 

FUENTE: EFE

En contraste con tendencias extremas de otros países europeos, Portugal ha demostrado de nuevo su capacidad para alejarse de los extremos y buscar un camino centrado y constructivo. La elección de Montenegro y su partido refleja un claro deseo colectivo de evitar polarizaciones y trabajar hacia soluciones pragmáticas que beneficien a toda la sociedad portuguesa. 

Es notable el compromiso del nuevo gobierno portugués con la gobernabilidad efectiva y la colaboración entre diferentes fuerzas políticas. En un momento en que en otros lugares otros líderes políticos han optado por asociaciones con partidos extremistas o han cedido ante demandas separatistas y radicales, Montenegro ha demostrado una voluntad firme de promover la unidad nacional y la estabilidad institucional, con un firme compromiso por parte del Partido Socialista luso, el cual ha dado crecimiento, estabilidad y futuro al país en los últimos años. 

Un contraste evidente se encuentra en el caso español, donde hemos sido testigos de cómo las alianzas con extremistas han causado división y polarización. Portugal nos muestra el camino hacia una política más centrada y constructiva, donde la voluntad de cambio y el compromiso con el interés público pueden conducir a la formación de gobiernos estables y centrados en el progreso de la nación. 

Sin embargo, mientras Portugal avanza hacia un futuro más prometedor, en España persisten desafíos significativos. El actual presidente del gobierno español, Pedro Sánchez, parece aferrarse al poder, ignorando la corrupción que lo rodea, incluida la polémica amnistía, una situación que plantea serias dudas sobre la integridad democrática del país. 

La estrategia de resistencia de Sánchez, plasmada en el mismo manual con el que ganó las primarias del PSOE recorriendo España, y que parece diseñada para asegurar su permanencia en la Moncloa a cualquier costo, incluso cediendo a las presiones de los movimientos independentistas, lo cual va en detrimento de la mayoría de los ciudadanos españoles. 

En este contexto, es esencial que la sociedad española se mantenga vigilante y respalde a líderes comprometidos con la democracia, el diálogo constructivo y el bienestar común. 

La situación política en Portugal y España sirve como un marcado contraste entre dos enfoques divergentes hacia la gobernanza y la estabilidad institucional. Mientras Portugal avanza hacia un gobierno centrado y comprometido con el progreso nacional, España se enfrenta a desafíos persistentes derivados de una política marcada por la polarización y la falta de consenso. 

En este sentido, es fundamental reflexionar sobre las lecciones que podemos aprender de ambos países. Portugal nos muestra que es posible evitar la polarización extrema y construir un consenso político sólido que beneficie a toda la sociedad. La elección de Montenegro como primer ministro y el compromiso demostrado por su gobierno con la unidad nacional y la estabilidad son ejemplos claros de cómo la política puede ser una fuerza para el bien común. 

Por otro lado, la situación en España nos recuerda los peligros de la polarización política y el sectarismo. La resistencia obstinada de Sánchez a abandonar el poder, incluso a costa de ceder ante fuerzas extremistas y separatistas, pone en peligro la integridad democrática del país y socava la confianza en las instituciones. 

En última instancia, la responsabilidad recae en los ciudadanos de cada país para elegir líderes comprometidos con el diálogo constructivo, el respeto a las instituciones democráticas y el bienestar de todos los ciudadanos. Solo a través de un compromiso activo con la política y una participación informada en el proceso democrático podemos garantizar un futuro de estabilidad y progreso para nuestras naciones. 

El sesgo sociológico que aún causa la política de bloques

España no termina de deshacerse de la «política de bloques» instaurada hace ya más de seis años por el sesgo sociológico que sigue introduciendo en la opinión pública

FUENTE: EFE

Tras una legislatura llena de problemas en la coalición de Gobierno, el país necesita un cambio y renovación en sus instituciones. Los extremos lo complican todo y una vez comienzan a gobernar se desinflan y parte de su electorado vuelve a la realidad, como ha pasado con la izquierda radical. La extrema derecha, en cambio, es muy joven en los gobiernos y las encuestas reflejan un posible protagonismo en la configuración del futuro Gobierno, incluso aunque esté registrando una tendencia demoscópica decreciente.

El horizonte de las próximas tres semanas apunta a dos posibles escenarios: un resultado que permita una colaboración entre los dos grandes partidos, teniendo el dominante la capacidad de ser investido sin el apoyo tácito o explícito de algunos de los extremos; o un resultado ajustado donde el ganador de las elecciones requiera la concurrencia del extremo más próximo.

El afán de poder de los extremos y su ego político les impide pactar sin tener su pedazo de tarta. La extrema derecha puede comenzar a sufrir lo mismo que le ha pasado a Unidas Podemos y que, tras su paso por los gobiernos municipales y regionales en los que ha estado, ha visto su marca desinflada una vez el electorado ha podido comprobar las ineficiencias de su gestión. 

Muchos españoles confiaron en la extrema izquierda y sus líderes, que entraban al Gobierno prometiendo acabar con la ‘casta’. El discurso en los extremos es atractivo hasta que demuestran su inutilidad política. El propio Pablo Iglesias, licenciado en Ciencias Políticas, demostró que, a pesar de poder tener un cierto control teórico, era ajeno al funcionamiento práctico del sistema. 

No se puede cambiar el mundo por mucho que conozcas un mapa y , a nivel narrativo, los tonos que emplean las formaciones extremistas las acerca más de lo que las separa.

La extrema derecha no es ajena a los errores de gestión, obviamente, y en el poco tiempo que llevan dentro de Castilla y León, única región donde se puede examinar su funcionamiento dentro de un gobierno. La vicepresidencia de Castilla y León, que ocupa Juan García-Gallardo desde hace año y medio, está siendo más conocida por errores y salidas de tono que por aciertos.

La reducción del “gasto superfluo”, uno de los principales objetivos de Vox en su discurso, cayó por sí solo cuando se conoció cómo se había disparado el presupuesto de la Junta para altos cargos y cargos ‘a dedo’. O el gasto de la Vicepresidencia, que no tiene competencias más allá de las representativas porque García-Gallardo nunca quiso estar al frente de ninguna consejería. Se invierten 1,1 millones de euros para pagar al personal, pero el presupuesto que se emplea para políticas es de 112.000 euros. 

Estas situaciones en el Gobierno no se dejan pasar y Vox, con su líder a la cabeza, no ha sabido estar a la altura incluso antes de entrar. Las principales medidas y políticas de Vox están ligadas a un discurso populista, en el que se esconden para no tener que responder o exponer las medidas que no tienen y que hacen que un país funcione.  

Izquierdas y derechas, iliberales y populistas, cuanto más lejos mejor. Con la extrema izquierda hemos visto la primera prueba, y ojalá no tener que contrastarla en una segunda vuelta sólo por comprobar como funciona su antítesis política. Estos partidos suelen generar gran apoyo cuando empiezan, hasta que realmente se demuestra que no valen más que para crispar y dividir más a los españoles. 

La responsabilidad no es opinable

Entendemos por Gobierno un conjunto de personas y organismos que gobiernan o dirigen una división político-administrativa de forma coordinada. Curiosamente en España hay divisiones fuera de lugar en temas que no son opinables. No es la primera vez que desde Unidas Podemos se enfrentan a Sánchez por las políticas de defensas y sobre nuestro papel en la OTAN. El ejemplo más claro de la falta de responsabilidad de la formación morada fue el retraso de España en el envío de armas a Ucrania por capricho de estos.

FUENTE: EFE

El último plantón de Podemos sucedió hace dos semanas cuando se desmarcó del acto de 40º aniversario del ingreso de España en la Alianza Atlántica. Yolanda Díaz era la única invitada de Podemos por su pertenencia al Consejo de Seguridad Nacional, pero no asistió por una “cita médica” según las fuentes oficiales, pero que va en línea con los planteamientos y actitudes de Podemos respecto a nuestro papel en el apoyo a Ucrania.

Estas actitudes de Podemos solo perjudican la imagen del país de puertas para afuera de forma previa al encuentro que tendrá lugar en Madrid a finales de este mes. Lo extraordinario de esta situación es que jamás un gobierno miembro de la OTAN ha estado tan dentro y tan fuera al mismo tiempo.

El discurso de Podemos es inaudito ya no solo por la situación en Europa, sino por esa simple defensa de ‘la paz’ y ‘la diplomacia’ como vía para poner fin a la guerra en Ucrania. Una cosa no quita la otra y más cuando la OTAN es un instrumento de garantías de los elementos anteriores. Ver “lógico”, como han dicho desde la formación, ausentarse de un acto tan importante o considerar al organismo “un instrumento de guerra”, como dijo el ministro Garzón, es algo que se observa con preocupación en el exterior. Luego al Gobierno le extrañarán ciertas decisiones de organismos internacionales mientras Sánchez se jacta de tener un “equipazo”.

Por tanto, es curioso que la visión de Podemos y de la OTAN en el fondo estén unidas. Paz y Diplomacia son dos conceptos que la Alianza Atlántica lleva consigo desde el primer día. Podemos no tiene discurso, por más que Yolanda Díaz se ocupe en tratar de enmendar los errores de sus compañeros y suyos propios.

En esta tesitura, los movimientos de la extrema izquierda no hacen más que debilitar la ya mala imagen que en el exterior tenían de nuestras políticas. España es una potencia europea autodegradada durante esta legislatura hasta lo más hondo de los países con menor calidad democrática de la Unión y al que siempre deben corregir. Nuestro país tiene la capacidad de ser una potencia y poder participar como una voz autorizada en todo lo que tenga que ver con el futuro y defensa de la UE.

Los españoles ya deben estar cansados de estas actitudes. El desgaste de los miembros del PSOE de este Gobierno de coalición por luchas tan absurdas, hace que muchos españoles pidan a los dos grandes partidos un Gobierno que evite la vuelta de Podemos y la entrada de Vox, alineados ambos en contra de los valores de cooperación occidental. De este modo nos evitaremos cierto tipo de debates innecesarios y agresivos que, como hemos visto, ningún favor hace a nuestro país.

Editorial: ¿Es posible una política objetiva?

La votación en el Congreso del decreto de reforma laboral es una fiel representación del problema de fondo y forma que tiene el proceder actual de la política española. Mientras la ‘vieja mayoría’ que ha sostenido al Gobierno de coalición hasta la fecha no termina de disolverse, la conformación de una mayoría amplia que rompa la actual dinámica, no termina de nacer. De hecho, el intento de escenificar la capacidad del PSOE de tejer nuevas alianzas más transversales se ha saldado con una votación caótica y un resultado de un sólo voto de diferencia que provocará un conflicto jurídico en las próximas semanas.

FUENTE: EFE

Más allá del resultado que se produzca en el trámite de enmiendas como proyecto de Ley, la clave son los escenarios que han rodeado a la votación y los partidos, los cuales tienen ante sí una situación en la que la estrategia política se torna fundamental en los próximos meses. ¿Sería posible ver una política objetiva? Es evidente que con la cuestión de la reforma laboral ha brillado por su ausencia.

Ni las posiciones a favor ni en contra han valorado con objetividad qué cambia y qué no esta reforma con respecto al marco regulatorio establecido en 2012 y que se ha ido modificando con los pronunciamientos de los tribunales en la última década: convenios colectivos centralizados, ultraactividad, desaparición de la temporalidad, subcontratas, formación… 

Es indudable que la búsqueda de consensos y alianzas amplias entre políticos representantes de los españoles, sindicatos y patronales es no sólo deseable sino obligada. Sin embargo, no puede darse el mismo valor político a un acuerdo refrendado por una amplia mayoría de las Cortes que un pacto llevado por la mínima y con serias dificultades de implantación. O lo que es peor: el intento de minusvalorar el papel del Congreso para que no tocara el texto pactado.

La confluencia de todos estos factores señalados indica la dificultad de una transición urgente de los apoyos de los partidos extremos a una alianza que vaya más allá de la suma de 185 o 190 diputados que ha conseguido el Gobierno de coalición en estos dos años de mandato. En este marco, irrumpe con fuerza el papel de un bloque conformado por partidos minoritarios que han ido entrando y saliendo del bloque de investidura: Más País, Compromís, PdeCat, Partido Regionalista Cántabro, Coalición Canaria, Nueva Canarias y Teruel Existe.

Si a ello se añade el posible papel de Ciudadanos como sustituto del apoyo de ERC al Gobierno, el escenario en vez de objetivarse se hace más complejo. En el caso del bloque de investidura, los socios más fuertes del Gobierno no han visto satisfechas sus demandas para con el texto de la reforma y han decidido votar que no. Esta decisión por parte de los aliados políticos (e interesados) del Gobierno deja muy tocado a Moncloa, ya que peligra la aprobación de más medidas hasta el final del mandato al tratarse de una de las reformas más ‘importantes’ del Ejecutivo y una de las grandes promesas de coalición.

Con la polarización y la búsqueda de objetivos puramente electoralistas por parte de los partidos, es complicado analizar los pros y los contras de esta reforma. Esta podría haber sido una gran oportunidad para los partidos liberales de hacer bloque y tratar de separarse de los extremos iliberales cambiando la dinámica de apoyos del Gobierno. En primera instancia Ciudadanos no se juntaría con Unidas Podemos y lo ha hecho apelando a la responsabilidad de la negociación con los agentes sociales y asegurando a España 12.000 millones de euros de Europa por su aprobación. 

Todo esto forma parte de la estrategia política electoral, ya que dentro de poco habrá elecciones generales y todos los partidos se están preparando para este contexto. Previo a la votación y por cómo se han mostrado estos partidos, se puede vislumbrar un poco sus intenciones en este sentido: El PSOE, tratando de atraer a partidos de diversas ideologías para tratar de aglutinar a sus votantes en Sánchez; Unidas Podemos, presentando a Díaz para unos comicios en los que llegaría vendiendo una super reforma cuando es más bien descafeinada; Ciudadanos, tratando de recuperar el centro político mostrándose para pactar con derechas e izquierdas; Partido Popular, mostrándose contrario al Gobierno en cualquier tema para mostrarse como única alternativa al actual Gobierno; y Vox, que no cambia su forma de actuar viendo que su forma de actuar le está aupando en las encuestas. 

Ahora toca ver si tras lo vivido el jueves 4 de febrero en el Congreso, los incentivos de los partidos (y, en especial, del socio mayoritario de la coalición) cambian hacia una mayor objetividad del debate. Es probable que cierto movimiento en esta dirección se produzca conforme las presiones de los socios europeos se incrementen hacia un mayor grado de cumplimiento de los compromisos adquiridos al recibir los fondos europeos.