El eslabón perdido: la corrupción que sostenía el pacto de Sánchez con el PNV y Bildu 

Durante siete años nos vendieron un cuento ingenuo: que el nacionalismo vasco apoyaba a Sánchez por afinidad ideológica y no por corrupción. Ahora, cuando empiezan a aflorar las piezas ocultas, descubrimos la verdad: no era política. Era dinero. Y Navarra fue el laboratorio silencioso de aquella transacción. 
FUENTE: EFE

Siempre hubo algo que no cuadraba en el relato oficial del “frente progresista” que aupó a Sánchez en 2018. Se nos decía que Bildu y el PNV abrazaban un proyecto nacional “de avance social”. Que Otegi había mutado en estadista responsable. Que el PNV actuaba por “sentido institucional”. Que Navarra entraba en un “nuevo ciclo de convivencia”. 

Patrañas. Leyendas de sobremesa para consumo de urbanitas distraídos. 

El nacionalismo vasco nunca se ha movido por afinidad ideológica con nadie, sino por contrapartidas medibles en poder, dinero y control territorial. Y Sánchez —débil, ambicioso y dispuesto a todo— era el presidente perfecto para convertir esa lógica en sistema. 

Había algo más detrás del pacto. Algo que todo el mundo intuía y que nadie podía demostrar, y ese algo empieza, por fin, a salir a la luz. 

Las reuniones secretas revelan lo que se pretendió ocultar 

Las informaciones recientes sobre encuentros discretos entre Sánchez, Otegi y dirigentes del PNV —reuniones sin actas, fuera de circuito institucional, en lugares escogidos para no dejar rastro— no cuentan una anécdota. Cuentan un método

Porque no eran conversaciones políticas. No eran debates programáticos. No eran compromisos ideológicos. 

Eran negociaciones de poder, donde la estabilidad parlamentaria del presidente se compraba a cambio de algo mucho más valioso para sus socios: acceso, influencia y estructura económica. 

El PNV no sacó tanto rédito histórico de un gobierno “progresista” por simpatía. Bildu no obtuvo el blanqueamiento político y la centralidad institucional porque Sánchez sea “dialogante”. Lo obtuvieron porque sabían que al otro lado de la mesa había un político dispuesto a pagar lo que fuera con tal de permanecer en el cargo. 

Navarra: la prueba que nadie quiso mirar 

Ningún territorio muestra tan claramente esta ecuación como Navarra. La comunidad que siempre había sido bastión constitucionalista se convirtió, en apenas dos legislaturas, en un tablero de experimentación del pacto oculto

La colonización política fue solo el síntoma superficial para dar concesiones a Bildu disfrazadas de “gestos”, entregar áreas clave, poner en práctica pactos municipales inexplicables, el desplazamiento del PSN hacia posiciones dictadas desde Sabin Etxea, y un blanqueamiento acelerado de quienes ayer rechazaban la Constitución y hoy la reinterpretan a conveniencia. 

Pero lo determinante fue lo que no se veía: las redes económicas, las adjudicaciones silenciosas, los acuerdos presupuestarios milimétricos y la penetración institucional de estructuras próximas al nacionalismo vasco

Navarra revelaba la verdad que el resto de España no quería aceptar. No era ideología. No era convivencia. Era un intercambio. Un intercambio carísimo. 

La pieza que faltaba: el dinero 

Durante años, quienes advertían esto eran caricaturizados como “agoreros”. Pero ahora, con las investigaciones abiertas, las filtraciones y las declaraciones involuntarias —incluida alguna de quien formó parte del corazón del sistema—, aparece la imagen completa: la relación Sánchez–PNV–Bildu estaba lubricada por dinero, favores económicos y reparto de influencia institucional

No hablamos de maletines. Hablamos de algo más sólido: 
– contratos, 
– adjudicaciones, 
– blindajes regulatorios, 
– reformas legales hechas a medida, 
– y una arquitectura presupuestaria diseñada para alimentar a quienes sostenían al Gobierno. 

El dinero no era un añadido. Era el eslabón perdido. La pieza que convierte un pacto ideológico —inverosímil desde el principio— en un pacto de poder perfectamente comprensible. 

No es Ábalos… pero Ábalos confirma 

Ábalos no es protagonista de esta historia. Es apenas el eco tardío de lo que ya empezaba a saberse. Un político caído que, antes de hundirse, ha tenido la decencia (o la venganza) de decir en voz alta lo que llevaba años flotando en los pasillos: que aquel pacto no fue político, sino transaccional. 

Cuando un exministro confirma reuniones clandestinas y pactos fuera de la institucionalidad, no aporta la clave, aporta la prueba viva de que las sospechas tenían fundamento

Ábalos es irrelevante. Lo relevante es lo que su testimonio deja al descubierto: que la corrupción —en su forma más estructural, más sofisticada, más devastadora— era la argamasa del acuerdo

Y llegó la corrupción: ahora todo encaja 

Hoy sabemos por qué el PNV dio tanto. Hoy sabemos por qué Bildu recibió tanto. Hoy sabemos por qué Navarra cambió de manos sin que nadie lo explicara. Hoy sabemos por qué Sánchez hizo de la permanencia en el poder un fin moral en sí mismo. Hoy sabemos por qué la amnistía apareció como moneda y no como convicción. 

Porque todo respondía a la misma ecuación. Un presidente que necesitaba mantenerse vivo y unos socios que sabían que podían cobrar en oro cada respiración parlamentaria. 

Y el precio, finalmente, se ha visto. Tarde, sí. 
Pero se ve. 

El paisaje político vasco: La emergencia de Bildu y sus implicaciones 

El panorama político del País Vasco está experimentando cambios significativos con la emergencia de EH Bildu y sus implicaciones, lo cual está dando lugar a un debate profundo y sustancial. Durante décadas, el tejido político vasco ha estado moldeado por las corrientes nacionalistas, pero ahora se está gestando un cambio de paradigma que desafía las percepciones arraigadas y redefine el equilibrio de poder.

FUENTE: EFE

La última encuesta de Sigma Dos, publicada por El Mundo, ha proyectado un escenario inesperado: EH Bildu, la coalición de izquierda abertzale, surge como el partido más votado, desplazando al tradicionalmente dominante Partido Nacionalista Vasco (PNV). Esta transformación no solo evidencia una reconfiguración del espacio político vasco, sino que plantea interrogantes fundamentales sobre la gobernabilidad y el futuro de la región. 

Durante más de una década, el PNV ha sido el actor principal en la política vasca, consolidando su posición como el partido hegemónico. Sin embargo, los resultados proyectados por la encuesta indican un cambio significativo en esta narrativa. EH Bildu, liderado por el candidato Peio Otxandiano, se alzaría con una potencial victoria electoral, estimándose que obtendría entre 26 y 27 escaños en el Parlamento vasco, superando así al PNV en número de representantes. 

Esta ascensión de Bildu representa un desafío directo al statu quo político establecido en la región. No solo cuestiona la supremacía histórica del PNV, sino que también plantea una serie de interrogantes sobre la estabilidad y la gobernabilidad futura del País Vasco. La posibilidad de que EH Bildu se convierta en el partido más votado sugiere un cambio de preferencias entre los electores vascos, así como un creciente respaldo a la agenda política de la coalición abertzale

Sin embargo, este ascenso no está exento de controversia y preocupación. EH Bildu, heredero político directo del terrorismo, es objeto de críticas y cuestionamientos por parte de amplios sectores de la sociedad vasca. Si bien la coalición ha optado por la vía política en los últimos años, su retórica separatista y su pasado vinculado al terrorismo generan inquietud y desconfianza entre amplios sectores de la población. 

Para hacerse «normales» y «elegibles» se ocultan estratégicamente en ciertos lugares políticos que acaparan voto como las asociaciones culturales de cada pueblo o comarca que reivindican lo «local», el ecologismo, el feminismo, el sindicalismo o el decrecimiento económico, entre otros. Además, un factor que juega a su favor es la dinámica demográfica, tal como ha advertido en diversas ocasiones nuestro fundador José María Múgica.

Mientras tanto, la emergencia de Bildu plantea un desafío estratégico para el resto de los actores políticos en la región. El PNV se enfrenta a la perspectiva de perder su posición dominante y, con ello, su capacidad para influir en la agenda política vasca.

El Partido Socialista, tradicional aliado del PNV, pero cuya aspiración histórica ha sido sustituirlo en su hegemonía, se encuentra en una situación delicada, ya que podría necesitar negociar con EH Bildu para formar un gobierno estable, un escenario que algunos consideran problemático dada la historia y las posturas políticas de la coalición abertzale

En este contexto, el futuro político del País Vasco se presenta como un terreno fértil para la incertidumbre y la negociación. Los líderes políticos enfrentan el desafío de encontrar soluciones viables que garanticen la estabilidad y el bienestar de la región, al tiempo que respeten las aspiraciones y demandas de una sociedad diversa y compleja.

Las razones que llevan al ascenso de Bildu

En medio de este escenario de cambio y desafíos, es crucial analizar más a fondo las causas subyacentes de la ascensión de EH Bildu y las implicaciones que esto tiene para el futuro político del País Vasco. La coalición independentista ha sabido capitalizar una serie de factores que han moldeado el panorama político en la región en los últimos años. 

En primer lugar, el desencanto con las formaciones políticas tradicionales ha sido un factor determinante en el ascenso de EH Bildu. Muchos votantes han expresado su frustración con el estancamiento político, la corrupción y la falta de respuestas efectivas a los desafíos sociales y económicos que enfrenta la región. En este contexto, EH Bildu ha logrado presentarse como una alternativa fresca y comprometida con el cambio, atrayendo a aquellos que buscan una ruptura con el statu quo establecido. 

Además, la habilidad de EH Bildu para articular una narrativa política coherente y movilizadora ha sido fundamental para su éxito electoral. La coalición abertzale ha sabido conectar con las aspiraciones y demandas de amplios sectores de la sociedad vasca, especialmente entre los jóvenes y aquellos que se identifican con un sentimiento de identidad nacional vasca. Su mensaje de soberanía, justicia social y defensa de los derechos civiles ha resonado en un contexto marcado por la polarización política y la búsqueda de un horizonte de cambio. 

Por otro lado, el declive del PNV y la fragmentación del espectro político han contribuido al surgimiento de EH Bildu como una fuerza política relevante. Aunque el PNV sigue siendo una fuerza dominante en la región, su capacidad para mantener su hegemonía se ha visto cuestionada en los últimos años. La falta de renovación generacional, las divisiones internas y la pérdida de conexión con amplios sectores de la sociedad vasca han debilitado su posición, abriendo espacio para la emergencia de nuevas fuerzas políticas, como EH Bildu. 

Sin embargo, la consolidación de EH Bildu como el partido más votado también plantea una serie de desafíos y dilemas para el futuro político del País Vasco. La coalición abertzale enfrenta el desafío de pasar de ser una fuerza de protesta a una fuerza de gobierno, lo que requerirá habilidad política y capacidad de negociación para construir alianzas y consensos en un entorno político altamente fragmentado. ¿Será algo posible teniendo en cuenta sus orígenes y su empeño por llevar a Euskadi a la independencia y al socialismo?

Ruptura del tablero de juego por parte del PNV

La difícil aritmética que ha originado el resultado del 23-J ha llevado a los dos grandes partidos a buscar nuevas alianzas para, o bien, mantenerse en el poder (el Gobierno de coalición pasado) o bien alcanzar el Gobierno (el Partido Popular).

FUENTE: EFE

En las últimas semanas han ido apareciendo diferentes combinatorias, especialmente durante el proceso de constitución de la Mesa de las Cortes Generales. Pero si hay un denominador común en todas ellas es la presencia del Partido Nacionalista Vasco (PNV), un actor de sobra conocido por los ciudadanos, protagonista indiscutible de la política española de las últimas décadas, pero sobre el cual se ha creado una mística que lo sobreestima.

Los resultados de las Elecciones Municipales, primero, y las Generales después, han colocado al PNV en el momento más crítico de los últimos 25 años. A finales de los años noventa, la hegemonía del PNV estuvo seriamente cuestionada por la mayoría pujante de los dos grandes partidos nacionales, el PSOE y el PP, que a punto estuvieron de gobernar. Una década después el PSE consiguió arrebatar el Gobierno vasco al PNV con el apoyo en el Parlamento Vasco del PP y UPyD, pero esto no le supuso un problema estructural al PNV porque creía que el nuevo Gobierno era débil y, como mucho, duraría una legislatura que desembocaría en una nueva retornando al poder (como así terminó sucediendo). La crisis estructural la habían tenido entre 1998 y 2001 y ahí recurrieron como salvavidas a alianzas con los sectores nacionalistas más radicalizados, incluyendo a HB (el pacto de Estella).

Ahora, a unos meses de celebrarse las Elecciones Autonómicas vascas en 2024, el PNV ha entrado en otra crisis estructural, pero a esta vez sus competidores no son los dos partidos constitucionalistas sino el heredero del terrorismo, EH Bildu. Sólo un somero análisis de tendencias demoscópicas y demográficas en el País Vasco muestra hasta qué punto EH Bildu tiene por delante un crecimiento tendencial notable, mientras que el PNV muestra lo contrario. Por tanto, es más que evidente el problema y éste obliga a una reflexión interna donde ya han aparecido voces discrepantes con los comportamientos de la actual dirección.

Dicho de otra forma: los resultados del 23-J han colocado al PNV entre la espada y la pared. La “espada” de seguir dando su apoyo tácito o explícito al presidente del Gobierno en funciones, con el desgaste que supone compartir la misma mesa con EH Bildu que no ha puesto ninguna condición explícita a su apoyo (por ejemplo, el caso de Navarra). Y la “pared” de apoyar a un Gobierno en solitario del PP con el desgaste electoral que puede suponer a ambos lados. Una situación, se mire por donde se mire, sin salida medianamente aceptable.

Sin embargo, en el momento de más presión e incluso agobio para sus dirigentes, el PNV ha conseguido romper la situación usando para ello al Lehendakari Urkullu, de la misma forma que Ibarretxe y su “Plan” a principios de los 2000. Romper el eje de coordenadas constitucional básico es la vía que el PNV ha encontrado para descargar toda la presión que las urnas y las circunstancias políticas les había puesto en sus hombros en los del candidato a la investidura, primero, y después en el actual presidente del Gobierno en funciones.

Este movimiento cuenta con varios apoyos, permitiéndole al PNV tomar ventaja con respecto a EH Bildu en Madrid y fijando una posición útil muy similar a los postulados de fondo del PSC (que han contado con una mayoría amplia de electores) ante el conflicto entre Junts per Catalunya y ERC por la hegemonía independentista en Cataluña. Al mismo tiempo, provoca ruido y marejada de fondo en el resto de las autonomías, en especial las gobernadas por el PP.

De una manera muy clara y, a la vez, muy cruda, ha quedado al descubierto el horizonte que nos espera en los próximos años si no se produce en algún momento un pacto de los dos grandes partidos. Las condiciones básicas para el pacto de investidura irán mutando hacia compromisos mucho más rompedores. Desde la amnistía hasta el referéndum no vinculante, pasando por la creación de un estatus fiscal especial para Cataluña como cimiento básico de la transmutación de España en una organización confederal (y, por tanto, asimétrica) de amplias desigualdades. La forma de hacerlo es emprender una vía paralela de ruptura del actual pacto constitucional sin tener que pasar por el camino que la Constitución establece para su reforma, ya que la inmensa mayoría de la sociedad española ni lo apoyará ni lo aceptará de manera directa.

Es preferible hacerlo de manera escondida, amortiguando los efectos y su visibilidad pública para que el votante siga pensando que nada o casi nada está pasando, y que incluso lo que pasa es beneficioso para todos, tal como escribíamos hace unos días en esta misma newsletter. Las fuerzas centrífugas saben que en la política actual, la herramienta más poderosa es la “reforma silenciosa” para que el votante mediano español no se dé cuenta de lo que está pasando. Y si se da cuenta, que sea demasiado tarde para poder ser corregido.

Objetividad constitucional frente a la reescritura la Historia y la subjetividad de la memoria

El Club de Opinión La España que Reúne, denuncia los hechos ocurridos entre el Gobierno y la formación de la extrema izquierda vasca EH Bildu, herederos políticos del grupo terrorista ETA, tras extender el rango de actuación de la Ley de Memoria Democrática desde 1978 hasta el 31 de diciembre de 1983.

FUENTE: EFE

El presidente del Gobierno ha aceptado así el “relato de la transición de Bildu”, como lo ha calificado el diario El Mundo, dejando que se investigue el “postfranquismo”, como lo llaman los sucesores de HB.

Un hecho tan grave como este, pasar por encima del marco constitucional vigente con una «ley especial» que nace sin el consenso de la gran mayoría de la Cámara, no puede pasar desapercibido para la sociedad española. Extendiendo el rango de la ley lo que ha provocado el Gobierno es un cisma en el consenso que engloba la Constitución sin la menor seguridad jurídica y sin el más mínimo consenso constitucional.

El Gobierno y el PSOE, partido fundamental para el desarrollo democrático de España en la Transición, no deberían pagar semejante peaje por seguir aprobando leyes sobre las que existe un rotundo rechazo de la ciudadanía. Siendo muy loable el trabajo sobre las víctimas del franquismo, no hay pago posible de este calibre para sacar adelante esta Ley.

En abril de este año, el Parlamento europeo pidió investigar los crímenes no resueltos de ETA con el rechazo del PSOE, que terminó rectificando, mientras que en este caso ha dejado la puerta abierta al brazo político de ETA para que investigue las actuaciones del Gobierno contra la banda terrorista.

Para el Gobierno y sus socios parlamentarios, la Ley de Memoria Democrática es una pieza más de su estrategia. Pero el revisionismo histórico de Sánchez no cura las heridas del pasado, solo las abre un poco más aprobando algo que los españoles no quieren, dañando la Transición y la Carta Magna.

El revisionismo de la Historia no nos hace aprender u olvidar, nos hace más daño. Así como no estamos orgullosos de las prácticas que se pudieron hacer por parte del terrorismo de Estado, tampoco lo estamos ante la humillación de Bildu a los españoles con la aprobación de esta medida.

Mientras los etarras no pueden olvidar el GAL, nosotros no olvidamos a personas como Miguel Ángel Blanco, de cuyo asesinato se cumplen 25 años, ni de muchos otros asesinados por la banda terrorista. Estos hechos no los va a investigar Sánchez, más preocupado por sus amistades peligrosas que por la política de grandes miras, que demostró saber hacer durante la reunión de la OTAN.

Decisiones como estas nos dividen más cada día y son estos actores envenenados los que están evitando que en España lleguen buenos tiempos, tiempos de consenso y de unión que no se pueden alcanzar con políticas como estas. Remover el pasado no cura heridas, las abre. Debemos abogar por la Historia sobre la memoria para evolucionar como sociedad. El pasado no lo puede cambiar nadie, debemos trabajar por mejorar nuestro presente y futuro.