Una lectura europea de las alternativas al ‘colapso energético’

Europa y gran parte del mundo está viviendo una crisis energética sin precedentes en su historia. La falta de energía agravada por el conflicto entre Rusia y Ucrania está afectando a los precios ante las dificultades de obtener estos recursos.

FUENTE: EFE

Esto lleva apreciándose desde antes de principios de año, con el fin de los momentos más complicados de la pandemia y el alza en la inflación de la crisis económica posterior. Con el inicio de la invasión rusa de Ucrania a finales de febrero, en Europa, especialmente, se abre una nueva vía de problemas para la estabilidad socioeconómica provocada por la falta de materias primas y de energía, la cual volvió a afectar a los precios del mercado de bienes y servicios.

Aquí en España, por si fuera poco, hemos actuado más tarde que el resto de países de nuestro entorno, lo que ha afectado a nuestra posición relativa. El paquete de medidas del Gobierno se ha demostrado insuficiente y el equipo de Pedro Sánchez no ha conseguido abrir nuevas vías para mejorar la situación de los españoles. A esto, se le unió un conflicto que no se esperaba en el país, la soberanía del Sahara Occidental, antigua colonia española, y por la cual mantienen gran tensión Argelia y Marruecos; lo que ha acabado por provocar una subida de precio del gas argelino y una caída extraordinaria de su contribución al abastecimiento total de España, sobre el cual teníamos un trato preferencial.

En las últimas semanas es cuando más se está notando la crisis energética y las perspectivas preocupantes para el invierno. Lo que eran conjeturas sobre la posición de Francia, Alemania y Reino Unido hace unos meses, hoy son realidad y mañana serán motivo de restricciones severas en el suministro de gas. Cada semana que pasa, el precio de la electricidad y el gas en los mercados mayoristas europeos pulveriza récords históricos, acelerando la provisión de reservas para el invierno pero con enormes limitaciones tanto de capacidad como de cerrar contratos a precios razonables más allá del mes de enero próximo.

Por un lado, la posición de Alemania es extremadamente frágil y se hace evidente cada día hasta qué punto la competitividad de su economía era fuertemente dependiente de tener una energía muy barata y de un único proveedor que era improbable que fallase (Rusia). En este sentido, busca de manera desesperada poner en marcha medidas que, primero, aseguren el suministro en los próximos meses presionando para que se ejecuten infraestructuras vitales como el Midcat (a financiar con fondos europeos, pero con el freno continuo de Francia y la dificultad de ponerlo en marcha en España) o la paralización del cierre de las centrales nucleares que aún no están desmanteladas. Y, después, moderar el consumo de gas y el impacto sobre la factura tanto de la industria como de los consumidores domésticos (anuncios de bajadas de impuestos, combinadas con subidas específicas por nivel de consumo).

Por otro lado, la posición de Francia también está revelando peligrosas fragilidades debido a las necesidades de conservación y reparación del parque de generación nuclear. Dado que en este país (y también en Alemania) el precio mayorista de la electricidad no se traslada ni de manera inmediata ni tampoco en todo su impacto (las tarifas se fijan por contratos bilaterales a plazo), los consumidores no han notado todavía el mayor impacto por la subida de precios, pero lo tendrán en los próximos meses aunque de manera amortiguada.

Será necesario, por tanto, buscar vías alternativas para asegurar el suministro y, al mismo tiempo, reducir el impacto sobre los consumidores. En el caso de España, se interpreta como un «triunfo» el llamado tope del precio del gas, bajo el cual el mercado mayorista de electricidad en España es sustancialmente menor que el de otros mercados europeos. No cabía esperar algo distinto, teniendo en cuenta que el gas es una energía de enorme importancia en el mix eléctrico español. Pero hay que ser muy conscientes de que la compensación que hoy se le paga a las centrales de gas para que no suban el precio lo estamos pagando, una parte, en el precio diario minorista (el Precio Voluntario del Pequeño Consumidor, el 40% de los consumidores domésticos) y el resto se irá repercutiendo en los contratos de electricidad a precio fijado cuando toquen ser renovados.

De una forma u otra, obviamente, quienes notaremos estos incrementos seremos los consumidores finales, que usamos a diario la energía para todo lo que tiene que ver con la vida: cocinar, transportarnos, limpiar, ocio… No estamos a salvo y las previsiones no son nada alentadoras.

Las empresas no aguantan este tirón. Estos precios, sumados a la falta de materiales, también las deja en jaque. El consumidor no consume y las empresas no sobreviven, mientras la clase política se preocupa de trivialidades y de echarse los males de unos y otros, lo que no resuelve ni un solo problema.

Ya hemos empezado con el racionamiento energético que prometía Bruselas y en invierno será peor. De momento, las medidas aprobadas por el Gobierno de Sánchez hace una semana ya han iniciado una nueva batalla política en nuestro país. Desde hace unos días se han empezado a aplicar las primeras regulaciones, que vivirán su segunda fase en septiembre y de la que probablemente haya más fases.

Empezando por los empresarios, estás medidas generan un gran desconcierto por las diferencias que hay entre los distintos negocios y sus actividades. No tiene sentido que un negocio en el que se conservan alimentos frescos tengo la misma temperatura que una peluquería.

Es indiscutible que tenemos que hacer un esfuerzo de ahorro energético en línea con las indicaciones de los Veintisiete. En el caso español dista mucho de lo que debiera haber sido: un pacto diáfano y consensuado entre todas las instituciones.

Ya veremos si, como dice la presidenta de la Comunidad de Madrid, estas medidas son inconstitucionales, siendo España uno de los países europeos con mayor iluminación pública de Europa, superando a países como Francia, Alemania o Italia. El problema de la iluminación de los escaparates de los locales, una vez cerrados, no desincentivará el turismo ni hará menos seguras nuestras calles, ese enfoque es menor.

La autonomía estratégica europea: el momento de hacerse valer

Europa vive tiempos convulsos. El estallido del conflicto en suelo ucraniano, hace que en Europa haya que replantearse muchos asuntos dados por supuestos hasta hace pocos días. España no escapa ni mucho menos a esta cuestión que en el fondo refleja el problema de mantener una posición geopolítica complicada con una generación de líderes políticos escasamente preparados para la guerra. Esta crisis occidental provoca que se vuelva a poner en duda la autonomía estratégica de Europa frente a agentes como EEUU y la propia Rusia.

FUENTE: EFE

Este ataque a Ucrania deja en evidencia el papel de la Unión Europea y la necesidad de tener capacidad propia de actuación independiente incluso de sus propios aliados cuyos incentivos no son coincidentes. Para lograr una realidad en términos de autonomía estratégica, los países que conforman la Unión deben tener una visión común y unificada sobre las decisiones que se deben tomar. La mentalidad de colmena no es algo sencillo de lograr, y es que cada país vive sus propias realidades y necesidades de forma totalmente distinta. Europa está formado por un conjunto de países con culturas, historia y estrategias independientes entre sí, por lo que conformar un bloque de actuación se antoja una tarea complicada pero necesaria.

El proceso para conseguir esta autonomía no se producirá en el corto plazo. El poder disuasorio de EEUU seguirá siendo fundamental durante muchos años si se siguen sucediendo este tipo de conflictos, por lo que hay que empezar a construir credibilidad en el exterior. Esta independencia, debe seguir siendo compatible con nuestros socios de la OTAN y hay que comenzar a trabajarla a partir de pequeños objetivos que nos otorguen cierto grado de autonomía exterior, sin dejar de contar con los americanos.

Este logro sería positivo para los americanos, ya que, al comprender los deseos de una autonomía real, estarían favoreciendo una OTAN más fuerte y cohesionada. En la práctica, en Washington las posturas siguen inmóviles por el momento, pero los americanos pueden entender con esta crisis que Rusia nunca va a dejar de tocar a su puerta. Que cada vez que intente centrarse en competir con Pekín, que es su principal rival en el actual contexto internacional, se encontrará con Moscú volviendo a actuar. Washington debe ver la ventaja de que sean los europeos los que se encarguen de su propia seguridad, o al menos tengan poder de disuasión (que es una de las asignaturas pendientes). Estados Unidos no va a abrir repentinamente los ojos a esta realidad y Europa debe hacerse valer para que esta situación se alcance lo antes posible. A día de hoy, los americanos ven la ventaja de que los europeos se impliquen: pero a través de la OTAN, no de un proyecto de la defensa de la Unión, que es el objetivo a seguir.

Este cambio de paradigma debe ser una buena noticia para nuestro país. A España se le abre una puerta que debe aprovechar para formar parte de esta ‘nueva Europa geopolítica’, debiendo recuperar una postura propositiva y proactiva frente a los socios de la Unión en cuestiones de máxima importancia, ganándose el respeto de Europa mirándose en el espejo de países como Francia y Alemania, los cuales gozan incluso de independencia frente a la UE. España ha de abandonar la posición de mero cumplidor de las órdenes y designios del resto, contribuyendo activamente a las políticas comunes y la toma de decisiones.

Es momento de trabajar unidos para atacar este contexto de máxima urgencia. Rusia ya ha puesto a trabajar a su máquina de propaganda, informando de la guerra en suelo ucraniano como si de una realidad paralela se tratase. Vladimir Putin sabe bien lo que hace, ha sido líder del KGB y tiene las armas más poderosas que existen: los medios de comunicación.

Desde los motores de búsqueda y redes sociales ya se ha inhabilitado toda clase de ‘información’ vertida desde estos canales, de forma que la desinformación y las ‘fake news’ no intoxiquen a la población. Desde la Comisión Europa, se ha prohibido la difusión de este tipo de informaciones, lo que es normal ya que actúan como una maquina más dentro de esta guerra.

Las voces que critican estas medidas porque “va en contra de la libertad de prensa” no recuerdan el poder que este tipo de informaciones tenían durante el nazismo, siendo la propaganda una de sus mayores y más efectivas armas. Y es por eso que esta decisión no ataca a la libertad de prensa, sino todo lo contrario. Cuando estas empresas se dedican a difundir la visión del Kremlin, Europa no toma medidas contra medios de comunicación, sino contra canales de propaganda.

Estamos viviendo una guerra en toda regla y Rusia ya ha sacado todo su arsenal a pasear. Europa debe garantizar la seguridad de sus ciudadanos y cerrar este oscuro capítulo cuanto antes, para que (junto con España) puedan ponerse a trabajar en reforzar el principio de autonomía estratégica y su posicionamiento junto con los grandes bloques.

Ucrania somos todos los que somos libres

Señor Putin, no sé la edad que tiene usted, ni su sueño de eternizarse…

FUENTE: EFE

Lo que sí sé es que nació desnudo, como todos; que lloró cuando tenía hambre; que tuvo la suerte que muchos, muchísimos compatriotas suyos no tuvieron; que ha ido ascendiendo, como muchos políticos, pisando cabezas… defenestrando libertades de otros…; pero que también es sensible… se enamora… tiene unos niños que sueñan con usted, su padre…; que se va haciendo mayor con indiferencia humana, ¡qué pena!; que morirá, como todos, pero usted lo hará con la rabia impotente de todo hombre sin esperanza…

Veo la televisión… leo las noticias… contemplo el tablero de ajedrez en que se ha convertido el mundo… 

¡Señor, Creador!… ¡Dioses de Esperanza!… ¡Espíritus protectores!… ¡¡haced algo!

Alguien mató al ruiseñor… la ilusión de la vida…

¿Por qué, señor Putin?

Desde la soledad de mi pequeña casa, lloro impotente… 

¿Qué sociedad hemos creado, capaz de pisar la vida?

¿Qué Europa hemos formado, incapaz de decir basta ya?

Los vetos o abstenciones suenan a egoísmo cobarde.

Señor PUTIN, desde su salón imperial, copia del fantasioso mundo de los idólatras, no olvide que todos cayeron… todos son ya polvo… la venganza de la vida les regaló la muerte en la soledad insensible y sin esperanza.

¡Que el mundo responda!

Dejemos un poco o un mucho de nuestra libertad y regalemos vida a los que, sin pedirlo, pisan, desprecian e ignoran.

Ángel Alonso Pachón