El PSOE, el PSC y el eterno problema del nacionalismo catalán 

España, como nación, se enfrenta a un desafío histórico en el que el nacionalismo catalán continúa siendo uno de los problemas más espinosos. La solución a este problema no puede ser alcanzada mientras el Partido Socialista Obrero Español (PSOE) no redefina sus relaciones con el Partido de los Socialistas de Cataluña (PSC).

FUENTE: EFE

La confusión y la ambigüedad que reina en esta relación han llevado al socialismo español a una posición débil y contradictoria, limitando su capacidad para abordar de manera efectiva el conflicto catalán. 

El PSOE parece estar constantemente atrapado en un dilema interno. Por un lado, defiende la unidad de España y, por otro, coquetea con la idea de una «España plurinacional», propuesta que surge principalmente desde las filas del PSC. Este juego de equilibrios y ambigüedades no solo debilita la posición del PSOE frente al nacionalismo catalán, sino que también lo presenta como un partido que juega con una mano atada a la espalda. La dirigencia del PSC, liderada por Salvador Illa, parece tener secuestrada la voz del socialismo español, lo que impide que el PSOE adopte una postura clara y decidida en defensa de la nación española. 

Es fundamental que el PSOE se libere de esta situación de ambigüedad y adopte una posición firme. No se puede abordar el desafío del nacionalismo catalán cuando el propio partido está dividido internamente sobre la definición de España. La búsqueda de una «España plurinacional en una Europa federal» que propone el presidente de la Generalitat de Cataluña no es más que una estratagema para desunir lo propio y fomentar un proyecto político que no tiene arraigo ni sentido en el contexto actual de la Unión Europea. 

El problema del nacionalismo catalán no puede ser entendido sin una reflexión profunda sobre lo que significa ser español. En los últimos años, hemos visto cómo ciertas corrientes políticas e ideológicas han intentado introducir adjetivos a la nación española, como si hubiera que justificar su existencia o disculparse por su historia. Sin embargo, España es una nación con un pasado canónico, convencional, lleno de claroscuros, pero con la suficiente fuerza para ser considerada como uno de los países que ha contribuido significativamente a la historia universal. 

El socialismo español no puede caer en la trampa de los discursos nacionalistas que buscan fragmentar la unidad de España en «naciones» que nunca han existido como tales. La historia de España, con todos sus altibajos, nos ha permitido ser sujetos de la historia europea. Otras regiones pueden haber querido serlo, pero no han tenido la fuerza, la capacidad o el valor para convertirse en sujetos de la historia sin la unidad del conjunto. España no necesita adjetivos ni disculpas; es una nación que ha demostrado su relevancia en la escena global y que debe mirar al futuro con confianza y sin complejos. 

El nacionalismo, ya sea catalán, vasco o español, es una ideología reaccionaria que se nutre de la división y la fractura social. El nacionalismo catalán ha sabido explotar el victimismo, las derrotas y las incapacidades de sus propios líderes para justificar su causa, mientras condena todos los nacionalismos excepto el suyo. Esta doble vara de medir es no solo hipócrita, sino también peligrosa, pues fomenta un clima de confrontación que aleja cualquier posibilidad de convivencia pacífica y constructiva. 

Un verdadero proyecto de nación no puede basarse en fragmentar lo existente, sino en encontrar puntos de unión que permitan avanzar hacia un futuro común. La propuesta de una «España plurinacional» no tiene ningún valor político o jurídico real; es, como mucho, un ripio de baja categoría poética que intenta encadenarnos al pasado, impidiéndonos mirar hacia adelante. La verdadera fortaleza de una nación reside en su capacidad para integrar, no para dividir. 

Es hora de que el PSOE se libere del lastre del PSC y los partidos nacionalistas, y adopte una posición clara en defensa de la unidad de España. No se puede ser un partido de gobierno en España y, al mismo tiempo, permitir que una de sus federaciones regionales propugne proyectos que socavan la integridad del país. Esta ambigüedad constante no solo mina la credibilidad del PSOE como fuerza política nacional, sino que también favorece el avance de los movimientos nacionalistas que buscan dividir a España. 

El PSOE debe recordar que la nación española no es un constructo artificial ni un proyecto político efímero. Es una de las naciones con más historia y cultura a sus espaldas, y lo que sea en el futuro dependerá de nuestra inteligencia o nuestra debilidad. No podemos permitir que una estrategia de fragmentación y desunión, impulsada desde dentro de nuestras propias filas, marque el destino de nuestra nación. 

No debemos dejarnos llevar por proyectos artificiales, egoístas e inexistentes que solo nos encadenan al pasado y nos impiden mirar al futuro con claridad y determinación. El nacionalismo es una trampa que solo conduce a la división y al enfrentamiento. En lugar de caer en su juego, debemos reafirmar nuestro compromiso con una España unida, diversa, pero cohesionada, donde todos los ciudadanos puedan sentirse parte de un proyecto común. El PSOE tiene la responsabilidad de liderar este esfuerzo, pero para ello, debe primero aclarar sus propias contradicciones y asumir con valentía la defensa de la nación española. 

Hasta dónde el independentismo puede seguir perturbando España

El domingo marcó un hito histórico para el Partido de los Socialistas de Cataluña, al obtener la victoria. Liderados por Salvador Illa, cuya candidatura creció 9 escaños, alcanzando 42, el PSC logró un triunfo significativo, pero estéril para conformar una gobernabilidad sólida y con un serio riesgo de repetición electoral.

FUENTE: EFE

Detrás de esta victoria están miles de catalanes que de buena fe creen que el camino que sigue el PSC es el correcto. Pero también otros tantos miles (hasta llegar al crecimiento de más de 200.000 votos del PSC con respecto a 2021) que tácticamente optan por esta formación para conseguir sus objetivos de convertir a España en un Estado confederal.

En cualquier caso, este resultado supone un cambio de rumbo en Cataluña, evidenciado por el repliegue parcial del bloque independentista, que ahora se encuentra lejos de la mayoría absoluta que ostentaba anteriormente. Esta elección refleja la decisión de un poco más de la mitad de los ciudadanos catalanes de dejar atrás el proceso independentista, marcado por la declaración ilegal de independencia en octubre de 2017, marcando otro paso distinto que sólo el tiempo dirá si es mejor o peor que lo visto hasta la fecha. 

Además, este cambio de ciclo se caracteriza por el fortalecimiento y la consolidación de las fuerzas de derecha en la región. Tanto Junts, que aumentó en 3 escaños, como el Partido Popular, que pasó de 3 a 15 asientos en el Parlament, experimentaron un crecimiento significativo. Vox mantuvo su representación con 11 escaños, y se sumó a la Cámara la extrema derecha independentista de Aliança Catalana, con 2 escaños. 

En un escenario «normal», la victoria de Illa lo posicionaría como el único candidato viable para una investidura en este momento. Sin embargo, la política catalana dista de ser «normal», acostumbrada a unas lógicas y normas muy distintas a lo que se puede considerar racional. El jugador más importante no tiene por qué ser el ganador (por ejemplo, no vale que ahora la dirección del PSOE reivindique como líder de la situación al partido más votado cuando esa legitimidad se le negó al PP en julio de 2023). Y es precisamente lo que sucede aquí: Puigdemont y Junqueras siguen controlando la situación, teniendo la capacidad de condicionar los planes de Illa y Sánchez.

El nacionalismo catalán, transformado en independentismo, ha perdido su mayoría en el Parlament por primera vez desde 1980. El resultado de las elecciones del domingo indica claramente el deseo de una parte de la sociedad cansada de más de una década de polarización y parálisis institucional. Durante este período se han sucedido cuatro elecciones, cuatro presidentes, un intento de ruptura constitucional, la suspensión del autogobierno y una falta de atención a las políticas públicas que afectan la vida cotidiana de los ciudadanos.

Pero éste es un análisis parcial, ya que la abstención es alarmante. Aunque el independentismo parece haber perdido su impulso, no se puede afirmar que esté completamente derrotado. Más bien parece haber entrado en un periodo de letargo. Con una participación del 58% en estas elecciones (comparado con el 79% registrado el 21 de diciembre de 2017), el futuro político de Cataluña sigue pasando por el independentismo.

La situación en Cataluña se caracteriza por un desgavell, es decir, un lío. Además, se observa el alto coste político de la propuesta de amnistía, que ha llevado a una pérdida neta de aproximadamente 200.000 votos independentistas, mientras que el PSC solo ha ganado algo más de 200.000 votos. 

En 2017, los votos combinados del PSC, PP y Cs totalizaron 1,9 millones. Sin embargo, en las elecciones actuales, estos partidos, junto con Vox, no llegan a los 1,5 millones de votos. Esto sugiere que una parte significativa del electorado constitucionalista, que se movilizó durante el punto álgido del proceso independentista, ha optado por quedarse en casa en esta ocasión.

Todo queda en manos de una mayor movilización del electorado en una más que probable repetición electoral ante los vetos cruzados que a la mañana del lunes 13 ya se han oficializado. Mientras tanto, el independentismo mantiene intacta su capacidad de seguir condicionando la gobernabilidad de España. Éste es el elemento más preocupante y el que seguirá siendo perturbador en los próximos meses.

La gobernabilidad de España, secuestrada por los socios de Sánchez

Nota de opinión de Nicolás Redondo Terreros
Recogida y emitida por la Asociación La España que Reúne

FUENTE: EFE

Dije que había conseguido un Gobierno sostenido en una alianza insostenible e inmoral, pero que no podría gobernar. Así está siendo. Tienen un Gobierno que no gobierna. Sánchez es presidente a cambio de hacer lo que digan sus socios y cuando lo digan. Pedro Sánchez dijo
desde el principio que la legislatura estaba asegurada, pero el rechazo de los Presupuestos de Cataluña pactados entre el partido de Gobierno autónomo (ERC) y el PSC por los mismos socios de coalición de Gobierno a nivel nacional (Comunes, que forman parte de Sumar), ha colapsado la intención de aprobar los Presupuestos de 2024 y, probablemente, la legislatura.

Todo indica que la mayoría gubernamental no da la seguridad y la estabilidad para mantener al Ejecutivo en momentos de una gran crisis política. Sólo están de acuerdo para evitar que la situación actual no cambie. La razón no es el PP ni la extrema derecha. Son sólo justificaciones.
El verdadero motivo para mantener a Sánchez es la necesidad de que los nacionalistas tienen de un Gobierno en sus manos, secuestrado por ellos. El Gobierno es su rehén y no hay otra forma de ver los comportamientos de unos y de otros. Los independentistas dicen, y Sánchez cumple según las conveniencias de Puigdemont o de Aragonés. En definitiva, no ha habido en
la historia de España un Ejecutivo más dependiente de fuerzas centrífugas que el que preside Pedro Sánchez.

14 de Marzo: Un día negro en la Historia de España

14 de marzo pasará a los anales de la Historia como uno de esos días negros que nadie querría haber vivido. Se aprobó una ley que impugna las sentencias judiciales provocadas por el alzamiento independentista, dejando a los jueces en una posición secundaria en el sistema democrático español. Desde el 14 de marzo, los jueces perderán autoridad y legitimidad. Se impone un sistema arbitrario y caciquil, propio del siglo XIX, paradójicamente de la mano de quienes se proclaman progresistas. Como sucedía hace dos siglos, la ley se nos aplicará según la capacidad de influir en la política. Entonces era el dinero, las creencias o los apellidos, ahora
la palanca de la arbitrariedad es la necesidad que tenga el Gobierno de votos en el Congreso.

Hemos perdido durante este tiempo todos los instrumentos para defender la democracia española. Mañana los independentistas podrán realizar cualquier consulta sin que el Gobierno pueda hacer nada. Tal vez estaría en su mano discutir la naturaleza del referéndum, pero nada más. Pero no podría impedir “la consulta pacífica al pueblo español”. Desde el 14 de marzo, la soberanía española, después de todas las concesiones políticas y penales, estará definitivamente en manos de Puigdemont.

De ellos dependerá seguir adelante con su referéndum o imponer con una fuerza redoblada su catecismo ideológico a todos los ciudadanos catalanes. O una cosa (la independencia) o la otra (hacer tabla rasa de la pluralidad de la sociedad catalana). Nada que ver con la concordia
de final de cuento de hadas que pregona el Gobierno.

El PSC es parte fundamental del problema de Cataluña y España

Se celebrarán en mayo elecciones autonómicas en Cataluña. Y es el momento de hacer algunos comentarios sobre la cuestión. Los independentistas no conseguirán romper España, no tienen ni la inteligencia ni el coraje ni la capacidad de sacrificio para conseguir que Cataluña sea un sujeto independiente en la historia. La independencia no se puede lograr entre los mejores despachos de la Ciudad Condal y los mejores restaurantes. Pero sí pueden conseguir (como lo han hecho en otras ocasiones) destruir la voluntad de progreso y libertad de España.

Pero en realidad ni siquiera ellos son el principal problema que tenemos. Si el PSOE ha secuestrado la razón, y con la razón el sistema democrático del 78, al PSOE lo tiene de rehén un partido político que es más identitario que socialista, que es más nacionalista que constitucionalista, que está más cerca de los que limitan las libertades individuales de los catalanes que de los humillado. Buen ejemplo es su comportamiento con los idiomas
naturales de Cataluña.

El PSC es el mejor instrumento para que todo siga igual, legitima a los autores del levantamiento, pacta con quienes quieren imponer una cultura gris y uniforme en una sociedad abigarrada de diferencias y conflictos. El PSC es el factor imprescindible para que el nacionalismo siga hacia adelante. No se enfrenta, no para, sólo legitima vergonzosamente las
quimeras absolutistas y reaccionarias de independentismo. El PSC no es la solución. Es parte fundamental del problema.

Nota de opinión de Nicolás Redondo Terreros para La España que Reúne

El asesinato de los dos guardias civiles que perseguían el narcotráfico en Barbate ha generado un hecho insólito que muestra hasta qué punto un partido tan importante durante décadas como el PSOE busca siempre y en todo momento no incomodar a sus socios parlamentarios. Estamos hablando de Cataluña y, más concretamente, del Partido de los Socialistas de Cataluña, el PSC.

FUENTE: EFE

La oposición del PSC a expresar las condolencias del Parlamento catalán a la Guardia Civil por el doble asesinato y los heridos graves que aún se encuentran hospitalizados, demuestra una oquedad moral abismal. El socialismo oficial en Cataluña se muestra indiferente, alejado de los familiares y compañeros de los miembros de la Benemérita. Tal vez sea porque consideran que no son sus fuerzas de seguridad, tal vez porque en ellos prima el cálculo político en un escenario tan endiablado como el actual, tal vez porque las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado les son indiferentes o las consideran como un cuerpo molesto e indeseable… O tal vez sólo porque son así, indiferentes al dolor y a la labor que desempeñan los guardias civiles y policías.

En cualquiera de los casos, el PSC, por desgracia, contamina a todo el socialismo español. Y si España y la socialdemocracia actual tienen un problema serio con el gobierno del presidente Sánchez, el PSOE lleva teniendo un gravísimo problema con el PSC desde hace décadas, el cual no sólo se beneficia de su relación con el PSOE, sino que lo tiene capturado tanto en sus postulados más básicos como en la estrategia política y hasta incluso a la hora de hacer nombramientos.

Así, mientras el PSOE siga en manos del PSC no habrá solución ni para el Partido que fundó Pablo Iglesias hace más de 140 años ni para España. De esta relación viciada se ha conseguido catalanizar la política española e introducir el virus de la discordia y la confrontación permanente.

La izquierda catalana constitucionalista debe rebelarse contra el PSC y el socialismo oficial en el resto de España. Cada voto que puedan obtener en Cataluña, haciéndose el mayordomo del nacionalismo, quita veinte a los socialistas en el resto de España. Tenemos no sólo la necesidad sino también la obligación de que en Cataluña exista otra forma de hacer política de izquierdas, social-liberal, alejada de la inmoralidad que representa la posición del PSC ante los asesinatos de estos dos guardias civiles, más aún, siendo uno de ellos de origen catalán.

Se puede ser de izquierdas en Cataluña sin los tejemanejes inmorales y claudicantes de los directivos del socialismo catalán. También se puede ser de izquierdas sin vestirse de mayordomo en la Diagonal y de capataz en Madrid.