Defender la soberanía de Ceuta y Melilla es defender España y Europa

La crisis estalla después del acercamiento de Sánchez a Argelia y revela un Mediterráneo en el que Marruecos utiliza la presión fronteriza, Italia protege sus intereses energéticos y Estados Unidos e Israel se alinean con Rabat.
FUENTE: EFE

El asalto no lo protagonizan quienes atraviesan la frontera o se lanzan al mar, sino el Estado que los utiliza para someter a Ceuta a una prueba de resistencia. Ese es el punto de partida necesario para comprender una crisis que se produce apenas unos días después de la visita oficial de Pedro Sánchez a Argelia, destinada a recuperar las relaciones comerciales, reforzar la cooperación energética y abrir una nueva etapa bilateral.

Tampoco puede ignorarse que la propuesta de restringir Schengen procede de Italia, un país al que llegaron por mar 66.316 personas durante 2025 —casi el 90% procedentes de Libia— sin que Europa respondiera aislando a los italianos: ante la presión sobre Lampedusa, la Comisión activó un plan de apoyo con Frontex, traslados y refuerzo de los retornos. Italia exige ahora para España lo que nunca aceptó para sí, mientras mantiene con Argelia una relación energética estratégica y aspira expresamente a convertirse en la puerta de entrada del gas africano hacia Europa.

Somos europeístas convencidos. Ningún país europeo tiene futuro fuera de la UE. Por ello, nos resulta especialmente doloroso escuchar en las últimas horas las peticiones de varios ministros europeos de establecer excepciones transitorias al acuerdo Schengen para los ciudadanos procedentes de España. Es la consecuencia para España de no saber abordar correctamente lo que es en toda regla una invasión que ha sido promovida internamente en Marruecos desde hace semanas y, muy especialmente, tras la sentencia del Tribunal Supremo en la que se impide la devolución inmediata de las personas que entran a nado.

Creemos en España y sabemos que lo que hemos hecho en el pasado reciente lo podemos volver a hacer. Pero con la situación provocada por la debilidad extrema del gobierno de Sánchez, no estamos en condiciones de criticar la postura de diferentes gobiernos europeos porque también pediríamos la suspensión del espacio Schengen si otro país de la Unión tuviera el mismo comportamiento que está teniendo Sánchez. Sentimos decir esto porque los españoles no nos lo merecemos. Soportamos esa mezcla extraña de soberbia y de banalidad, de atrevimiento y cobardía, de pusilanimidad y resistencia, de irresponsabilidad y de fanfarronería que recordaremos en un futuro como una pesadilla.

Como mucho, estamos en condiciones de hacer ver a la sociedad española y a las instituciones europeas que defender la soberanía de Ceuta y Melilla, hoy gravemente comprometida, es defender España y Europa. Por eso no hay que vacilar ni un segundo en aceptar la ayuda del comisario europeo de Interior en forma de agentes de Frontex.

El presidente Sánchez, por necesidad personal, claudica en absolutamente todo frente a Marruecos. Sería una broma o simplemente un error político si las consecuencias no fueran dramáticas. Lo que está sucediendo en Ceuta sería para que cualquier gobierno dimitiera. No tenemos fronteras. Las imágenes de televisión son dramáticas. Nuestros compatriotas ceutíes y melillenses sufren una ocupación sin herramientas ni equipamientos. Mientras tanto, Sánchez ofrece unas explicaciones vagas, redundantes, poco concretas, y se conforma con reforzar mínimamente al Ejército y la Policía para restablecer el orden en Ceuta e intentar que no se agrave la situación en Melilla.

Esta grave agresión a nuestras fronteras nos coge sin amigos. No es posible llamar a EE. UU o Israel, únicos países capaces de influir en el reino alauita y nuestros socios comunitarios desconfían de una política personalista sin rumbo ni dirección que ha sustituido la gestión por la propaganda, la razón por la iluminación, la discusión por la obediencia, las ideas por la fe.

Estados Unidos e Israel no sólo no están dispuestos a ayudarnos: son hoy los dos grandes aliados internacionales de Marruecos. Washington reconoció en 2020 la soberanía marroquí sobre el Sáhara Occidental e Israel hizo lo mismo en 2023, dentro de una relación diplomática, militar y de inteligencia cada vez más estrecha con Rabat. Horas después del inicio del asalto, Israel felicitaba a Mohamed VI por sus veintisiete años al frente de una monarquía de poder prácticamente absoluto, mientras la Casa Blanca atribuía la crisis a las «políticas globalistas de extrema izquierda» del Gobierno español.

¿Qué tiene que ver una disputa ideológica interna con la decisión de Marruecos de dejar de controlar su frontera? Nada, salvo la voluntad de Washington de ajustar cuentas con Sánchez sin incomodar a su aliado marroquí. España proclama autonomía estratégica, pero afronta una agresión territorial con Estados Unidos culpando a Madrid, Israel celebrando al monarca que puede detenerla y ambos respaldando las principales aspiraciones territoriales de Rabat. No estamos simplemente solos: otros poderes intervienen sobre nuestro margen de decisión y han elegido de antemano a qué país apoyar.

¿En qué momento España se vio obligada a tomar esta decisión?

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¿Qué ha pasado para que la geopolítica haya colocado a España ante la tesitura de aceptar las presiones para pactar con Marruecos o continuar con la relación en los mismos términos con Argelia? ¿En qué momento España ha perdido el equilibrio de las relaciones en el Magreb? No es baladí que el único contrato de gas que Argelia pone en revisión es el de España, mientras fortalece su alianza con Italia.

En plena crisis por la guerra de Ucrania y Rusia, con una clara importancia de la energía para muchos países, Marruecos sorprendió a todos al filtrar una carta enviada por Pedro Sánchez al monarca Mohamed VI. En ella se daba un giro de 180 grados en la política mantenida por nuestro país durante los últimos 10 años en relación al Sáhara Occidental, antigua colonia española, reconociendo la autonomía de Marruecos sobre el territorio saharaui.

Este movimiento de Marruecos ha provocado la incredulidad de los socios de Gobierno de Sánchez y de Argelia, que se encarga de proporcionarnos cerca del 40% de todo el gas que se consume en España y que ahora estaría en juego tras este movimiento tan repentino e inesperado. Pero, ¿en qué le afecta a Argelia esta nueva posición de España en cuanto a la autonomía del Sáhara Occidental?

El tema no es sencillo, y es que, desde hace más de 50 años, ambos países han tenido conflictos sobre el borde fronterizo que delimita ambos países, guerras como la de las Arenas o el conflicto por el Sáhara Occidental. Este último es el que nos ocupa y, en relación a estos países, el Sáhara ha sido un tema de disputa entre ambos países debido a las intenciones anexionistas de Marruecos sobre el territorio, como parte de su movimiento irredentista del Gran Marruecos. Argelia, que, en principio, no mantiene ninguna reclamación territorial sobre la zona, ha apoyado desde siempre al Frente Polisario y mantiene tanto un reconocimiento como relaciones diplomáticas con la República Árabe Saharaui Democrática, el ente de gobierno del Sáhara Occidental que mantiene el control sobre un pequeño porcentaje del territorio que no está bajo ocupación marroquí.

De esta forma, la posición de apoyo a Marruecos que ha cogido nuestro país puede poner en peligro nuestro acuerdo comercial respecto al gas y países como Italia se encontrarían a la cola esperando a que esta situación terminara por ocurrir. La posibilidad de que esto pueda suceder es algo que, a priori, ya contemplaba el Gobierno español. Este 2022 España ejecutará la compra de gas argelino más baja de los últimos 20 años, mientras que consigue que Estados Unidos, socio de Marruecos, sea su principal proveedor, evitando así cualquier complicación derivada de este acuerdo.

Estados Unidos y Francia, dos de los principales países desarrollados del mundo actual, tienen a Marruecos como aliado estratégico en el norte de África y la posición de España como ‘puerta de Europa’ desde el sur, por lo que les interesaba recuperar la relación de ‘colegueo’ entre ambos países, cuando las relaciones estaban rotas desde que Sánchez acogió al líder del Frente Polisario para recibir atención médica en nuestro país, algo que la monarquía alauí vio como una provocación.

Este acuerdo, por tanto, nace de la presión de Francia y Marruecos para cerrar un frente estratégico con España y Marruecos, desmarcando a España de Argelia socio clásico de China y Rusia, con los que tiene grandes relaciones comerciales. De esta forma, tanto Macron como Biden garantizan una mejora en las relaciones entre sus dos aliados, mientras sucede la crisis entre Occidente y Rusia con la invasión a Ucrania.

La guerra de bloques entre Estados Unidos y Occidente con China, Rusia y sus aliados. Tras este movimiento de España, China no tardó en contestar a Sánchez acusándole de dedicarse a “juegos estratégicos” en la región saharaui, diciendo que tanto ellos como Argelia “tienen una larga historia y apoyan la paz y la justicia”, que se lo pregunten a Hong Kong. Esto es el juego de la geopolítica y por el control los grandes bloques se olvidan de actuar bajo sus principios éticos, si es que alguna vez los tuvieron, para lograr sus ansias de control geoestratégico.

Para España, este movimiento geopolítico, con su consiguiente cambio de opinión en el apoyo a Marruecos, no se fundamenta solo en el Sáhara; es algo más. Para el Gobierno, este acuerdo se enmarca en la necesidad de blindar las ambiciones de Mohamed VI con Ceuta, Melilla y el archipiélago canario o la promesa de que combatirán la inmigración, las redes de narcotráfico o el yihadismo de manera permanente. Ahora, solo toca esperar a ver la evolución de este acuerdo en el tiempo.

RECONDUCIR LA POLÍTICA EXTERIOR EN EL NORTE DE ÁFRICA

El conflicto político y diplomático reabierto con Marruecos evidencia la urgente necesidad de replantear la política exterior española en el norte de África, especialmente tras el apoyo explícito de Estados Unidos a las pretensiones territoriales de la monarquía alauí a cambio del reconocimiento del Estado de Israel. La posición de España está debilitada por la falta de apoyo efectivo real de la Unión Europea, más allá de vagos discursos, y la escasa fuerza y complicidad en la relación con EE.UU, llegando todo ello en un momento delicado de movimientos migratorios, profundización en la desigualdad a un lado y otro de la frontera entre Europa y África, con un desafío notable en materia energética y con un más que probable revés de la Justicia europea a la inclusión del Sáhara Occidental en el acuerdo pesquero UE-Marruecos.

(FUENTE: EFE)

Desde hace unos meses, España y Marruecos llevan aumentando la tensión diplomática a causa de que, el pasado abril, fuese acogido en La Rioja el líder polisario, Brahim Ghalil, para ser tratado de coronavirus ante los escasos medios y protección por parte del gobierno de este país.

Marruecos continúa luchando por obtener apoyos para hacerse con la soberanía del Sáhara Occidental. Ya a finales de 2020 el expresidente Donald Trump lo reconoció como tal y ahora esperan sumar a la Unión Europea a través de España. Sin embargo, las tensiones escalaron cuando el Gobierno confirmó que el líder polisario se encontraba hospitalizado en nuestro país «por razones estrictamente humanitarias».

A causa de esto, Marruecos ha roto la baraja diplomática, provocando una auténtica invasión en la Ciudad Autónoma de Ceuta con el amparo de Rabat. En este conflicto ha entrado también la Unión Europea en defensa de sus fronteras, situación que Marruecos quiere evitar a toda costa para no recibir multas del órgano supranacional. Marruecos quiere un pedazo del pastel de los fondos europeos para controlar las fronteras y, sumado al conflicto del Sáhara con nuestro país, ha hecho colmar el vaso del monarca africano. Del mismo modo, la semana pasada se aprobó la concesión de 30 millones de euros a Marruecos para frenar estos movimientos y tratar de calmar el enfado de la monarquía alauí.

Jugar con vidas humanas es una constante en las últimas décadas en Marruecos, creando un conflicto (España-Marruecos) a partir de otro (Marruecos-Sáhara). Marruecos ha mercantilizado con la vida de menores y personas desesperadas por obtener una vida mejor; menores que están siendo buscados por sus padres tras haber sido engañados para cruzar la frontera y sembrar el caos en Ceuta y Melilla. Detrás del uso de esta crisis por el lado ‘humanitario’, hay todo un reto de política hacia el norte de África para, por un lado, luchar de manera efectiva contra las mafias que trafican con seres humanos (en ocasiones amparados por los propios Gobiernos) y, por otro lado, crear las condiciones para una cooperación efectiva entre países.

España se la juega en múltiples materias en el Sahel de carácter geoestratégico. No todo es blanco y negro, la gama de grises en la política exterior en esta zona del mundo es especialmente importante, siempre bajo una imagen de contundencia y posiciones firmes que, hoy por hoy, no está mostrando el Ministerio de Asuntos Exteriores de España.