Bruselas deja de esperar a Trump

El nuevo discurso estratégico de Bruselas confirma un giro profundo: la Unión ya no confía en el viejo orden internacional y se prepara para defender sus intereses con autonomía política, económica y militar.
FUENTE: EFE

Durante décadas, la política exterior europea se apoyó en una convicción casi automática: el orden internacional, garantizado por Estados Unidos y por las instituciones multilaterales nacidas tras la Segunda Guerra Mundial, proporcionaba estabilidad suficiente para que Europa prosperara. Ese supuesto ha dejado de existir. Y en Bruselas ya nadie lo disimula.

La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, lo ha formulado con una claridad poco habitual: Europa ya no puede seguir actuando como “custodia del viejo orden mundial”. Ese mundo, sencillamente, ha desaparecido.

La frase no es retórica. Es la síntesis de una transformación estratégica que se acelera a medida que el escenario internacional se vuelve más incierto. Las guerras en Oriente Medio, la prolongación del conflicto en Ucrania, la competencia económica con China y, sobre todo, la imprevisibilidad de Estados Unidos bajo el liderazgo de Donald Trump han empujado a la Unión a replantearse su lugar en el mundo.

Durante años, Europa creyó que podía limitarse a defender normas y procedimientos. Hoy empieza a asumir que también tendrá que defender intereses.

La independencia europea

El nuevo concepto que domina la reflexión estratégica en Bruselas es la “independencia europea”. No se trata de romper alianzas ni de abandonar el sistema multilateral. Se trata de algo más pragmático: evitar dependencias que puedan convertirse en vulnerabilidades.

La lógica es clara. Si el mundo se organiza en torno a rivalidades geopolíticas cada vez más intensas, Europa no puede depender de un único proveedor para su energía, su tecnología o su seguridad. De ahí el esfuerzo por diversificar suministros, reforzar las cadenas industriales y ampliar acuerdos comerciales con regiones que van desde América Latina hasta el sudeste asiático.

Ese giro también afecta a la defensa. La Unión se ha embarcado en el mayor aumento del gasto militar de su historia reciente, con planes que prevén movilizar cientos de miles de millones de euros en la próxima década. La idea es simple: en un entorno más hostil, la paz europea ya no puede descansar exclusivamente en la protección de otros.

Comercio como instrumento de poder

El cambio no se limita al terreno militar. Bruselas empieza a tratar el comercio como una herramienta estratégica.

Durante años, la política comercial europea estuvo dominada por un discurso casi tecnocrático sobre mercados abiertos y reglas multilaterales. Ahora se presenta abiertamente como una forma de influencia geopolítica.

Los acuerdos firmados o negociados con economías emergentes —desde India hasta países africanos o latinoamericanos— responden a esa lógica. No son sólo instrumentos económicos. Son piezas de una red global de relaciones que reduzca dependencias y amplíe el margen de maniobra europeo.

En ese contexto, Europa intenta presentarse ante muchos países como un socio alternativo a las grandes esferas de influencia que representan Washington o Pekín.

El factor estadounidense

Buena parte de esta transformación tiene un origen evidente: la evolución de Estados Unidos.

La política comercial agresiva de la Administración Trump, los conflictos arancelarios y la creciente tentación del unilateralismo han actuado como una llamada de atención para los europeos. La idea de que Washington garantizará siempre el marco internacional en el que Europa ha prosperado ya no se da por descontada.

No significa ruptura, pero sí una adaptación. La Unión empieza a prepararse para un mundo en el que su principal aliado puede actuar también como un competidor.

Las tensiones internas de Bruselas

Ese cambio estratégico, sin embargo, no está exento de fricciones dentro de la propia Unión.

En Bruselas se percibe con creciente preocupación que algunos gobiernos nacionales utilizan los debates europeos para reforzar posiciones internas. En el entorno de la Comisión se ha llegado a señalar que líderes como el primer ministro húngaro, Viktor Orbán, o el presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, bloquean en ocasiones iniciativas comunitarias buscando réditos políticos domésticos.

Más allá de las polémicas concretas, el episodio refleja una tensión estructural: la construcción de una política exterior europea más ambiciosa exige decisiones rápidas y consensos amplios, algo que el sistema institucional de la Unión no siempre facilita.

El final de una época

La conclusión que empieza a imponerse en Bruselas es que el mundo que permitió la prosperidad europea durante décadas ya no existe. Las reglas siguen siendo importantes, pero ya no bastan por sí solas para proteger intereses ni para garantizar seguridad.

Europa entra así en una fase distinta de su historia: menos confiada en la estabilidad internacional, más consciente de sus vulnerabilidades y más dispuesta a actuar como una potencia.

No se trata de nostalgia por el pasado ni de confrontación con aliados tradicionales. Se trata, simplemente, de aceptar una realidad que se ha vuelto imposible de ignorar: en el nuevo orden internacional que está emergiendo, Europa tendrá que aprender a sostenerse por sí misma.

Hasta la vista, Ursula 

Con Macron y Meloni preparando a Mario Draghi como alternativa a Ursula von der Leyen, parece que el punto final a la estadía de la política alemana al frente de la toma de decisiones en Bruselas. 

FUENTE: EFE

El mandato de Ursula von der Leyen al frente de la Comisión Europea ha sido una montaña rusa de éxitos y desafíos, enmarcado por dos crisis globales de magnitud histórica: la pandemia y los conflictos en Ucrania e Israel. A pesar de las críticas y controversias, von der Leyen ha anunciado su intención de buscar la reelección, aprovechando la ausencia de un rival destacado en el panorama político europeo. 

Su trayectoria está marcada por la capacidad para forjar consensos y establecer colaboraciones estratégicas con diferentes fuerzas políticas, incluyendo socialdemócratas, liberales y verdes. Su liderazgo durante la transición hacia una economía más verde, su postura firme en relación con la guerra en Ucrania y su papel en la mutualización de la deuda durante la crisis del COVID-19 han fortalecido su imagen y legitimidad institucional. 

Es importante recordar que von der Leyen ascendió al poder en circunstancias peculiares. A pesar de no haberse presentado a las elecciones europeas, su llegada al cargo se produjo cuando el candidato del Partido Popular Europeo (PPE), Manfred Weber, fue rechazado por el Parlamento Europeo. Su elección estuvo marcada por un estrecho margen de nueve votos, lo que puso fin a la idea del Spitzenkandidaten y planteó interrogantes sobre la legitimidad democrática del Ejecutivo europeo. 

La gestión de Ursula von der Leyen al frente de la Comisión Europea también ha estado marcada por una serie de errores políticos y acusación de corrupción que no pueden pasarse por alto ante la opinión pública. 

Uno de los principales puntos de discordia ha sido su relación tensa, e incluso hostil en algunos momentos, con Charles Michel, presidente del Consejo Europeo. Esta rivalidad abierta ha generado fricciones dentro de las instituciones europeas y ha afectado la cohesión en la toma de decisiones. 

Sin embargo, el error más grave se produjo durante los primeros momentos de la ocupación en Gaza, cuando von der Leyen asumió funciones que no le correspondían y realizó un viaje a Israel sin el respaldo adecuado. Esta acción generó críticas y cuestionamientos sobre su capacidad de liderazgo y diplomacia. 

Además, la Comisión Europea se ha visto envuelta en un escándalo de corrupción conocido como «Pfizergate», relacionado con contratos controvertidos para la compra de vacunas contra el COVID-19 a la empresa Pfizer. Se ha denunciado falta de transparencia en las negociaciones, y el caso está pendiente de resolución por parte del Tribunal de Justicia de la Unión Europea. Dependiendo de esta resolución, la credibilidad y la estabilidad de la Comisión actual podrían verse seriamente comprometidas. 

La búsqueda de apoyos para la reelección de Ursula von der Leyen como presidenta de la Comisión Europea no se presenta como una tarea sencilla. A pesar de su nominación como candidata oficial en la reunión del Partido Popular Europeo en Bucarest el 7 de marzo, los números revelan un panorama complicado. 

De los 801 delegados con derecho a voto, 300 optaron por la abstención o ni siquiera asistieron al congreso conservador. Además, entre los que votaron un favor, solo 400 respaldaron su candidatura. Los republicanos franceses, junto con otros críticos dentro del grupo, han expresado su oposición, lo que complica aún más su posición. 

Su estrategia de viraje hacia la derecha, priorizando la defensa sobre la transición verde para ganar el apoyo de partidos como el de Meloni, aunque esta ya se ha posicionado con su compatriota, Mario Draghi, (al igual que el líder frances) corre el riesgo de alienar a posibles votantes de izquierda, cuyo respaldo ella daba por sentada.  

Ursula lo tiene muy complicado para seguir y por eso nos despedimos de ella, ya que, nos guste o no, von der Leyen dejó un legado como una presidenta de la Comisión Europea que nos mantuvo en vilo, pero que nunca nos dejó aburrirnos. Que su próximo viaje sea menos como una montaña rusa y más como un tranquilo paseo en bicicleta por el campo europeo. 

Europa y von der Leyen

Faltan unos cien días para las elecciones al Parlamento Europeo. La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, ha puesto fin a meses de suspense anunciando su candidatura para continuar en el cargo al frente de las listas del Partido Popular Europeo (PPE).

FUENTE: EFE

Los populares europeos están movilizándose para consolidarse como la fuerza principal en la Unión Europea (UE) y debilitar la posición habitualmente ocupada por sus rivales socialistas. El creciente descontento sugiere un posible aumento significativo en el apoyo a la extrema derecha, que aspira a obtener un número sin precedentes de escaños. 

El próximo Parlamento Europeo contará con 720 escaños, 15 más que en la actualidad debido a la salida del Reino Unido. Las encuestas anticipan una Cámara inclinada hacia el centroderecha. Von der Leyen ha comenzado a moderar las medidas y propuestas que generan mayor oposición entre los ciudadanos y los gobiernos, buscando asegurar un buen resultado electoral y obtener el respaldo de los líderes de los Veintisiete para un segundo mandato de cinco años. Posteriormente, necesitará la aprobación como presidenta de la Comisión Europea por parte del Parlamento Europeo, con el respaldo de, al menos, 361 eurodiputados (más de la mitad). 

En 2019, su elección se decidió por apenas nueve votos, y sin los 13 diputados del húngaro Orbán no habría sido posible. Von der Leyen aún enfrenta cierta oposición dentro de su propio partido, especialmente en Francia. También ha mostrado disposición a colaborar con la extrema derecha, siempre y cuando esta no vaya en contra de los intereses de la UE y no mantenga una relación cercana con el presidente ruso, Vladimir Putin. 

Sin embargo, su gestión no ha sido exenta de críticas. Durante los últimos cinco años, ha implementado políticas de endeudamiento costosas y una estrategia ambiental que podría desindustrializar el continente, al mismo tiempo que impone regulaciones que pueden afectar el crecimiento económico. Bajo su liderazgo, la UE ha quedado rezagada en comparación con otras regiones del mundo, y las perspectivas de recuperación durante un segundo mandato son escasas. 

En los últimos años, la UE ha experimentado un deterioro económico más pronunciado en comparación con sus principales competidores, en gran parte debido a la gestión de la Comisión por parte de la presidenta Von der Leyen. Tres problemas principales han contribuido a esta situación. En primer lugar, el aumento significativo del endeudamiento de la Comisión, con el lanzamiento del Fondo de Recuperación Covid de 700.000 millones de euros y la emisión de bonos. Aunque se esperaba que estimulara el crecimiento económico y rescatara a economías como la italiana, hasta ahora ha mostrado resultados limitados y ha generado preocupaciones sobre la forma en que se pagarán esos préstamos. 

Además, el lanzamiento del costoso Nuevo Pacto Verde tenía como objetivo convertir a Europa en líder mundial en la lucha contra el cambio climático y mejorar la competitividad de sus industrias. Sin embargo, los resultados han sido decepcionantes, con la industria automotriz europea en declive y una dependencia creciente de importaciones chinas en el sector de energías renovables. 

La UE necesita urgentemente impulsar su crecimiento económico, ya que se está quedando rezagada en sectores clave y sus sistemas de bienestar enfrentan dificultades crecientes. Para lograrlo, deben implementarse políticas que fomenten la innovación, la inversión y la creación de empleo, especialmente en tecnología, energía renovable y atención médica. También se requieren medidas para abordar los desequilibrios económicos entre los países miembros y promover una mayor integración económica y social.  

La sostenibilidad de los sistemas de bienestar europeos necesita una revisión cuidadosa y posiblemente una reforma para mantener servicios de calidad sin acumular deudas insostenibles. Es esencial que la UE adopte un enfoque colaborativo y proactivo, trabajando con gobiernos nacionales, el sector privado y otras partes interesadas para promover un crecimiento económico inclusivo y sostenible en toda la región. 

¿Fue desleal Núñez Feijóo con su viaje a Bruselas? 

Núñez Feijóo estuvo la pasada semana en Bruselas para reunirse, entre otros, con Úrsula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea, poco sospechosa de no tratar con evidente condescendencia al actual Ejecutivo español.

FUENTE: EFE

La acción en sí no invita a pensar en nada negativo dado que el líder del PP comienza una carrera electoral con vistas a las elecciones generales de finales de año, y es normal reunirse con von der Leyen, parte del Grupo Popular en la Unión Europea. 

Hablarían de todo: la reforma de pensiones, el salario mínimo y puede que de la justicia en nuestro país. En cualquier caso, puede que tras estas reuniones y las palabras de Núñez Feijóo entrase alguna duda de las verdaderas intenciones del líder del PP en Bruselas. Feijóo aprovechó para criticar a Sánchez y sus políticas más que hablar de las propuestas políticas que éste lleva a Bruselas como alternativa de Gobierno. 

Aquí la cuestión es muy sencilla: ¿ha sido desleal Núñez Feijóo al Gobierno por reunirse en Bruselas? La respuesta es también muy sencilla: no. 

Acostumbrados a la deslealtad permanente de Podemos siendo la otra mitad de la coalición, sorprende que la actual dirección socialista coloque esta visita en un lugar tan destacado en términos de crítica. Otra cuestión muy distinta es si la actuación del líder de la oposición es acertada para los intereses de España. Criticar en Bruselas la excepción ibérica y la reforma de pensiones en el mismo momento en que la Comisión Europea dio su visto bueno, es un error táctico que denota la facilidad de la posición de crítica, pero al mismo tiempo la debilidad a la hora de presentar una alternativa seria y consistente.

En cualquier caso, es importante considerar el contexto en el que Núñez Feijóo hizo sus declaraciones. Algunos pueden argumentar que criticar al Gobierno en un escenario internacional, como Bruselas, puede ser percibido como desleal o perjudicial para la reputación de España. Otros pueden argumentar que es necesario exigir responsabilidades al gobierno y que la crítica internacional puede ser una forma de presionar a Europa a que sea más estricto con España, tras una reforma de pensiones que termina por hundir el sistema público sin pensar en la sostenibilidad de las mismas, ni en políticas alternativas, para las futuras generaciones que están pagando este despropósito.