Hasta la vista, Ursula 

Con Macron y Meloni preparando a Mario Draghi como alternativa a Ursula von der Leyen, parece que el punto final a la estadía de la política alemana al frente de la toma de decisiones en Bruselas. 

FUENTE: EFE

El mandato de Ursula von der Leyen al frente de la Comisión Europea ha sido una montaña rusa de éxitos y desafíos, enmarcado por dos crisis globales de magnitud histórica: la pandemia y los conflictos en Ucrania e Israel. A pesar de las críticas y controversias, von der Leyen ha anunciado su intención de buscar la reelección, aprovechando la ausencia de un rival destacado en el panorama político europeo. 

Su trayectoria está marcada por la capacidad para forjar consensos y establecer colaboraciones estratégicas con diferentes fuerzas políticas, incluyendo socialdemócratas, liberales y verdes. Su liderazgo durante la transición hacia una economía más verde, su postura firme en relación con la guerra en Ucrania y su papel en la mutualización de la deuda durante la crisis del COVID-19 han fortalecido su imagen y legitimidad institucional. 

Es importante recordar que von der Leyen ascendió al poder en circunstancias peculiares. A pesar de no haberse presentado a las elecciones europeas, su llegada al cargo se produjo cuando el candidato del Partido Popular Europeo (PPE), Manfred Weber, fue rechazado por el Parlamento Europeo. Su elección estuvo marcada por un estrecho margen de nueve votos, lo que puso fin a la idea del Spitzenkandidaten y planteó interrogantes sobre la legitimidad democrática del Ejecutivo europeo. 

La gestión de Ursula von der Leyen al frente de la Comisión Europea también ha estado marcada por una serie de errores políticos y acusación de corrupción que no pueden pasarse por alto ante la opinión pública. 

Uno de los principales puntos de discordia ha sido su relación tensa, e incluso hostil en algunos momentos, con Charles Michel, presidente del Consejo Europeo. Esta rivalidad abierta ha generado fricciones dentro de las instituciones europeas y ha afectado la cohesión en la toma de decisiones. 

Sin embargo, el error más grave se produjo durante los primeros momentos de la ocupación en Gaza, cuando von der Leyen asumió funciones que no le correspondían y realizó un viaje a Israel sin el respaldo adecuado. Esta acción generó críticas y cuestionamientos sobre su capacidad de liderazgo y diplomacia. 

Además, la Comisión Europea se ha visto envuelta en un escándalo de corrupción conocido como «Pfizergate», relacionado con contratos controvertidos para la compra de vacunas contra el COVID-19 a la empresa Pfizer. Se ha denunciado falta de transparencia en las negociaciones, y el caso está pendiente de resolución por parte del Tribunal de Justicia de la Unión Europea. Dependiendo de esta resolución, la credibilidad y la estabilidad de la Comisión actual podrían verse seriamente comprometidas. 

La búsqueda de apoyos para la reelección de Ursula von der Leyen como presidenta de la Comisión Europea no se presenta como una tarea sencilla. A pesar de su nominación como candidata oficial en la reunión del Partido Popular Europeo en Bucarest el 7 de marzo, los números revelan un panorama complicado. 

De los 801 delegados con derecho a voto, 300 optaron por la abstención o ni siquiera asistieron al congreso conservador. Además, entre los que votaron un favor, solo 400 respaldaron su candidatura. Los republicanos franceses, junto con otros críticos dentro del grupo, han expresado su oposición, lo que complica aún más su posición. 

Su estrategia de viraje hacia la derecha, priorizando la defensa sobre la transición verde para ganar el apoyo de partidos como el de Meloni, aunque esta ya se ha posicionado con su compatriota, Mario Draghi, (al igual que el líder frances) corre el riesgo de alienar a posibles votantes de izquierda, cuyo respaldo ella daba por sentada.  

Ursula lo tiene muy complicado para seguir y por eso nos despedimos de ella, ya que, nos guste o no, von der Leyen dejó un legado como una presidenta de la Comisión Europea que nos mantuvo en vilo, pero que nunca nos dejó aburrirnos. Que su próximo viaje sea menos como una montaña rusa y más como un tranquilo paseo en bicicleta por el campo europeo. 

Las consecuencias de que los partidos centrales abandonen su posición

Las Elecciones Generales celebradas en Italia han reabierto una de las cuestiones básicas del futuro político no sólo del país transalpino sino también de otros Estados Miembros de la UE como España.

FUENTE: EFE

Ése es el caso de Giorgia Meloni en Italia, pero éste ha sido el caso de Pablo Iglesias y los restos de su formación en España en los últimos años. Como si se tratara de una ley del péndulo, esta situación sigue siendo un gran desafío para lo que Europa significa. La extrema derecha italiana ha culminado este domingo la cadena de tentativas anteriores de formaciones expresamente nacional-populistas y euroescépticas en países de larga tradición democrática. En Suecia, hace 15 días, la ultraderecha fue la segunda fuerza más votada y, antes del verano, Marine Le Pen perdió la presidencia de Francia, pero multiplicó por diez su número de escaños (de 8 a 89). 

Italia ha sido el caldo de cultivo de los grandes cambios políticos de Europa durante estos años, su gran inestabilidad nos ha permitido ver los grandes cambios que se produce en el imaginario de una sociedad cuando la situación nos es buena. Tomar decisiones a la ligera en busca de cambio cuando la coyuntura general no es buena solo desune, polariza. España se enfrenta este próximo curso a procesos electorales que locales y regionales donde podremos empezar a ver un atisbo del rumbo que puede coger nuestro país de cara a unas elecciones generales.

España se enfrenta este próximo año a procesos electorales locales y regionales donde podremos empezar a ver un atisbo del rumbo que puede coger nuestro país de cara a unas elecciones generales que llegarían en los meses siguientes. En cualquier caso, un tiempo más que prudencial para que los partidos centrales presenten una propuesta creíble de futuro que orille a los extremos. Algunos primeros elementos ya están apareciendo con una orientación electoral clara como es tocar los impuestos.

Dejando España y volviendo a dos cuestiones básicas de lo que ha ocurrido en Italia. ¿Cómo se explica esta victoria del otro extremo del espectro político italiano? Giorgia Meloni llega al poder gracias a una “tormenta perfecta”, una extraña confluencia de escenarios malos para la democracia. Se da tras la conformación y luego la caída en 2022 del gobierno de unidad del tecnócrata Mario Draghi, quien fue apoyado por casi todos los partidos con la excepción del partido Hermanos de Italia (FDI, por su sigla en italiano) de Meloni. De la noche a la mañana, Meloni se convirtió en la principal figura y luego principal candidata de la oposición al gobierno. Un nombre desconocido que ha conseguido desplazar a Salvini a la consideración de derecha moderada en su país y que puede significar la apertura, aún más si cabe, de los extremos políticos.

Sin embargo, hoy las preguntas principales no son si Meloni es neofascista o si el fascismo está regresando al poder de la misma manera (no es el caso). El interrogante debería ser cuánto daño puede hacer a Italia y la Unión Europea (UE) una coalición liderada por Meloni, que intentará contar con el exlíder del Consejo de Ministros, Mario Draghi, para ganarse el beneplácito (al menos económico) de la UE y no ser abrasados a sanciones como Hungría o Polonia, ante un gobierno que promete de todo menos tranquilidad.