
La crisis desatada por el caso de Íñigo Errejón ha puesto de aliviar la fragilidad y la falta de cohesión en el ala izquierda de la política española, especialmente en Sumar y Unidas Podemos.
FUENTE: EFE
Este escándalo no sólo cuestiona la ética del propio Errejón, sino que ha dejado una estela de dudas sobre la sostenibilidad de un proyecto político que surgió con ambiciones transformadoras tras el 15M. Hoy, sin embargo, este espacio parece caracterizado más por sus divisiones internas, falta de estrategia clara y creciente desencanto entre su base electoral.
Para Sumar, un partido que ha intentado consolidarse como la “nueva izquierda” moderada, este tipo de escándalo golpea profundamente. Desde su formación, Sumar ha lidiado con una falta de estructura y cohesión ideológica, especialmente tras la retirada de Yolanda Díaz como portavoz, dejando un vacío que parece cada vez más insostenible.
Esta situación evidencia también las carencias de la dirección en la prevención de problemas internos y el control de figuras clave en el partido, un aspecto que pone en jaque su promesa de ética y transparencia. Además, el perfil pragmático de Díaz ha chocado a menudo con las posturas más radicales de otros sectores de Sumar, creando una contradicción ideológica y política que su base electoral ha comenzado a notar ya cuestionar abiertamente.
La crisis afecta también a Unidas Podemos, que desde hace tiempo se ha visto relegada a un papel menor en el escenario político. Sin embargo, la posibilidad de un regreso de Pablo Iglesias para revitalizar el partido también es un síntoma de desesperación más que de estrategia. Iglesias, quien fuera una figura central en el movimiento, había abandonado la política formal, y su regreso podría ser percibido más como un intento por reactivar una estructura en declive que una oportunidad genuina de recuperar su relevancia original.
El desgaste de estos partidos abre la puerta a una reflexión más amplia sobre el papel de la izquierda en España. A día de hoy, una parte importante de la sociedad y el espacio de Unidas Podemos y Sumar como actores fragmentados y con agendas parciales, incapaces de articular un proyecto claro ya largo plazo. La izquierda radical, que hace años ofrece una alternativa con la promesa de renovar y refrescar la política española, se enfrenta hoy a una decadencia acelerada, con una parte de sus dirigentes atrapados en crisis internas y en batallas de poder que poco tienen que ver con las necesidades de sus electores.
La izquierda española se encuentra en un momento en que sus bases y antiguos votantes parecen cansados de promesas incumplidas y de un discurso que no se traduce en políticas efectivas. Tanto Sumar como Unidas Podemos se enfrentan a la posibilidad de una pérdida de relevancia aún mayor si no logran redirigir sus energías hacia una política pragmática y centrada en resultados reales.
Para muchos de sus antiguos votantes, la ilusión del 15M ha quedado en el pasado, reemplazada por un escepticismo cada vez más fuerte hacia una izquierda que parece desarticulada y desorientada.
Esta última crisis podría ser un punto de inflexión o el último empujón hacia la irrelevancia política de estos partidos. Sin embargo, si no se logra una reestructuración profunda, el futuro de la izquierda en España estará más marcado por el desencanto y la desafección que por una propuesta política renovadora y efectiva.


