La juventud escapa hacia los extremos sin una brújula en el centro

En el vasto océano de la política española, una marea inquietante se alza: la juventud, antaño símbolo de esperanza y renovación, navega ahora hacia los arrecifes de la extrema derecha, encarnada en Vox. Según datos recientes, en la franja de 18 a 24 años, Vox capta el 20,7% de los apoyos, superando al PSOE y al PP, que obtienen el 18,2% y el 13,9% respectivamente.

FUENTE: EFE

Este espectro que recorre España no es el de la evolución, sino el de la extrema derecha. La juventud, esa fuerza que históricamente ha sido motor de cambio, parece haber extraviado su brújula y ahora se desliza sin resistencia hacia la orilla de Vox. No es un fenómeno menor ni un capricho estadístico.

Según los datos más recientes, el partido de Santiago Abascal ha conseguido encandilar a un porcentaje inquietante de jóvenes, superando incluso a formaciones tradicionales. El naufragio generacional es un hecho. La pregunta es: ¿qué está fallando?

El primer gran culpable es el centro político, o mejor dicho, su espectral ausencia. Durante años, los partidos tradicionales han jugado a la equidistancia, al “ni contigo ni sin ti”, construyendo discursos planos y asépticos que no encienden pasiones ni despiertan compromisos. El pragmatismo sin ideales se ha convertido en su sentencia de muerte. Y así, la juventud, huérfana de referentes, ha encontrado refugio en los extremos, en las narrativas incendiarias que ofrecen una falsa sensación de certidumbre en un mundo convulso.

A ello se suma el caldo de cultivo perfecto: una generación criada entre crisis, incertidumbre y promesas rotas. Se les dijo que estudiar les garantizaría un futuro, y ahora encadenan contratos basura y alquileres imposibles. Se les inculcó que el progreso era inevitable, y despiertan cada día en un país donde los sueldos menguan mientras los precios suben.

No es que la juventud se haya vuelto reaccionaria por convicción, sino por frustración. Vox, con su retórica agresiva y simplificadora, ofrece un enemigo visible y fácil de odiar: la inmigración, el feminismo, la izquierda, la corrección política. Señala culpables y promete venganza.

Pero la radicalización de la juventud no se explica solo por el hartazgo. Hay una responsabilidad insoslayable en el ámbito educativo y en la cultura digital. En la era de la posverdad, los algoritmos dictan la información que consumimos, y las burbujas ideológicas han convertido la opinión en trinchera.

Reyes en redes sociales

Los discursos de odio y la desinformación han encontrado en YouTube, TikTok y Telegram un festín sin regulación, donde la extrema derecha ha demostrado una habilidad propagandística superior a la de sus rivales. Mientras la izquierda española se ahoga en su propia retórica vacía, en su moralismo woke y en su insistencia en imponer discursos sin conexión con la realidad social, Vox ha aprendido a hablar el idioma de los memes, de la provocación, de la inmediatez emocional.

Y luego está la gran paradoja: la rebeldía travestida de reaccionarismo. Para algunos jóvenes, declararse de extrema derecha es un acto de rebelión posmoderna, un golpe a lo que perciben como el establishment progresista y de la socialdemocracia pasiva del Partido Popular.

Han crecido en un entorno donde la izquierda ha monopolizado el discurso educativo y cultural, pero en lugar de generar reflexión crítica, ha impuesto dogmas irrefutables que han terminado por alienar a una parte de la juventud. Han convertido la política en un compendio de reglas lingüísticas y batallas ideológicas alejadas de los problemas reales de la ciudadanía.

La gran tragedia de esta deriva es que la juventud, que debería ser la chispa del futuro, está cayendo en la trampa de una derecha que no tiene ningún interés en mejorar sus condiciones. Pero la izquierda también ha fallado: ha sido incapaz de hablar un lenguaje accesible, de ofrecer una alternativa pragmática y de ilusionar con un proyecto de país que no dependa de enfrentamientos y superioridad moral.

El centro político tiene una tarea urgente: recuperar a la ciudadanía a base de trabajo. No basta con indignarse ni con despreciar el fenómeno como una moda pasajera. Hay que ofrecer un proyecto atractivo, valiente, que no tema hablar con claridad de los problemas reales de la juventud y, sobre todo, que no ponga soluciones. Si no lo hacen, seguirán viendo cómo las nuevas generaciones, traicionadas y desencantadas, se entregan a los brazos de quienes les prometen fuego y solo les ofrecen cenizas.

Cuidado con ‘la vuelta al cole’

Ya termina este segundo verano de pandemia y la cosa no ha mejorado como se esperaba con las vacunas. Sin inmunidad de grupo y a la espera de que se aprueben desde los organismos internacionales de la salud la administración de una tercera dosis de la vacuna

Fuente:EFE

Nos encontramos en España ante una situación en la que mueren cerca de 200 personas al día por el virus, inmersos en una quinta ola que ha devuelto infecciones a los centros de cuidados y que también se puede dar en la vuelta a las aulas de los más jóvenes.

Es imprenscindible acelerar la campaña de vacunación para que todas aquellas personas que vayan a asistir a clases en cualquiera de los niveles formativos, puedan hacerlo con las máximas garantías sanitarias. El año pasado, a pesar de la situación en la que nos encontrábamos, ni las comunidades autónomas ni el Ejecutivo estuvieron a la altura de lo que necesitaba la sociedad española; ahora hay una nueva oportunidad para poder garantizar a la ciudadanía lo que se merece en materia de Educación y Sanidad.

Es necesario ampliar turnos y llamar a más personal cualificado para poder vacunar y que no pase en lugares como el Hospital Isabel Zendal de Madrid, donde a pesar de estar abiertos las 24 horas del día, durante la noche no hay apenas citas ni personal para vacunar. Es de vital importancia poner los medios necesarios para lograr lo que a día de hoy supone un reto.

Los primeros en dar comienzo a la actividad docente serán los estudiantes universitarios, de grado o máster, y los de ciclos de formación media y superior. En estos casos, en su mayoría podrían llegar al pistoletazo de salida del curso con dos dosis, pero hay que tratar de que esa posibilidad sea una realidad. Más tiempo tendrán los que cursen la educación escolar para ser vacunados, pero también es probable que lleguen con menos garantías de comenzar las clases con la pauta completa, ya que en muchas comunidades todavía están vacunando jóvenes adolescentes.

Desde la asociación pedimos a las administraciones que pongan en valor nuestro sistema público de Sanidad y, repetimos, que amplíen horarios y plantilla para poder dotar de mayor seguridad a todos los españoles. La vuelta al trabajo y a los estudios tras el verano debe hacer que los políticos estén alerta ante los efectos destructores que consigo puede volver a traer el Covid-19 y sus variantes.

Estos refuerzos en las vacunas no pueden quedarse ahí, sino que hay que complementarlos con medidas de seguridad que puedan beneficiarnos a todos. Para ello es necesarios la cooperación entre los agentes políticos y expertos en la materia, solemos incidir siempre en la necesidad de apoyo entre los gobiernos regionales y Moncloa, pero es que sin el entendimiento común, imprescindible en democracia, no solo no lograremos acelerar la vacunación, sino que seguiremos poniendo en peligro nuestras vidas por culpa de las pataletas políticas.