La consulta que no consulta: el ensayo general del referéndum permanente

Pedro Sánchez convierte una operación empresarial en un simulacro de referéndum, mientras el Estado de Derecho se diluye entre encuestas y pactos de pasillo.

FUENTE: EFE

Hay gestos que no engañan. Cuando un Gobierno decide convocar una “consulta pública” sobre una operación empresarial como la OPA del BBVA al Sabadell —una herramienta sin amparo jurídico real, sin consecuencias vinculantes, sin más propósito que disfrazar con ropaje democrático lo que no es más que propaganda— uno no puede sino preguntarse: ¿qué es esto si no un ensayo general del referéndum permanente? 

El presidente Sánchez, siempre atento a las musas del tacticismo, ha convertido una operación de mercado —sujeta a leyes, reguladores y accionistas— en un teatrillo deliberativo donde el decorado es la participación ciudadana y el texto lo escribe Waterloo. Porque no nos equivoquemos: esta consulta no es sobre banca ni economía; es sobre poder. Y más específicamente, sobre cómo mantenerse en él al precio que sea. 

Nos dicen que es por transparencia. Que es por responsabilidad. Pero ya no cuela. Estamos ante un nuevo acto de esa larga obra que comenzó cuando el CEO de Telefónica fue cesado en la Moncloa, como si volviéramos a los tiempos en que el Gobierno nombraba a obispos y dictaba a las empresas desde los ministerios.

Hoy asistimos a la siguiente escena: un Ejecutivo que se erige en árbitro moral de la economía privada, que pregunta a los ciudadanos lo que ni la ley ni la lógica del mercado les llama a decidir. Es el populismo empresarial, una variante moderna del intervencionismo de toda la vida, ahora aliñado con encuestas y algorítmica demoscópica. 

Pero, ¿quién cree que esta consulta cambiará algo? Nadie. Y precisamente ahí está el problema. Lo que debería indignar no es sólo el abuso de formas, sino la banalización del fondo. Una democracia madura no se juega en consultas ad hoc que enmascaran cesiones políticas ni se simula con preguntas decorativas.

Si esta fórmula prospera, mañana podríamos consultar sobre fusiones energéticas, pasado sobre la cotización del Ibex y al final —no lo duden— sobre la soberanía nacional. Porque esto no va de bancos, sino de ensayo, error y captura de relato. 

Lo dijimos cuando se arrojó sobre las eléctricas la responsabilidad de un apagón gubernamental. Lo dijimos cuando Beatriz Corredor, después del caos, ni dimitió ni fue cesada. Lo repetimos hoy: un Estado que se parapeta tras las empresas, que delega su deber en la encuesta y que cede su soberanía a los nacionalismos, no gobierna: sobrevive. Y lo hace de forma indigna. 

Mientras tanto, los españoles seguimos atrapados en una comedia bufa donde todo debe pasar por Cataluña, como si la legitimidad nacional necesitase cada día ser convalidada en el Palau o refrendada en Bruselas. Todo, hasta una OPA. Pero no se engañen: esto no es por el Sabadell, es por el poder. Y lo que parece pintoresco es, en realidad, peligroso. La participación fingida es más corrosiva que la dictadura abierta: al menos esta última no se disfraza de virtud. 

Sánchez, que no convoca elecciones porque sabe que las perdería, se entretiene en simularlas bajo otras formas. Hoy consulta si el BBVA puede comprar el Sabadell; mañana nos preguntará si debe seguir gobernando. Pero la respuesta ya la sabe. La pregunta real es cuándo dejaremos de tolerar que un país entero sea rehén de una campaña electoral que nunca termina. 

Señor presidente: no nos tome por idiotas. Si quiere preguntar algo de verdad, convoque elecciones. Lo demás son consultas de atrezo. Son trampantojos. Son, al fin y al cabo, la antesala de una democracia que se desliza, lenta pero segura, hacia el autoritarismo plebiscitario. Y eso, aunque venga envuelto en papel de consulta, no se vota: se denuncia. 

1 comentario

  1. A. Javier dice:

    Franco también hacía referéndums.
    Pero lo que de verdad nos hubiera gustado es que nos preguntaran sobre:
    – La amnistía.
    – Rebaja de penas a violadores.
    – Cesiones a los independentistas.
    – Cesiones a Marruecos.
    – Subidas de impuestos abusivas.
    – La NO deflactación IRPF de las pensiones.
    Por ejemplo.

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