
La parálisis política que afecta al Gobierno de Pedro Sánchez no solo es preocupante, sino que amenaza con poner en jaque la estabilidad económica y social del país. La incapacidad del Ejecutivo para sacar adelante los Presupuestos Generales del Estado (PGE) en un contexto tan crucial no puede interpretarse de otra forma que como un acto de irresponsabilidad política.
FUENTE: EFE
Este fracaso no sólo es consecuencia de la evidente falta de liderazgo, sino también del continuo sometimiento del Gobierno a los intereses de las fuerzas soberanistas, cuya influencia ha convertido a Sánchez en rehén de sus propios pactos. Ha sorprendido profundamente en las filas gubernamentales la extensa pieza publicada en el semanario económico más influyente del mundo, The Economist, la cual realiza el mismo diagnóstico que nuestro Club de Opinión lleva señalando un año: un presidente que está en el Gobierno, pero que no gobierna.
Es inadmisible que España, en medio de una crisis política sistémica que requiere respuestas firmes, siga permitiéndose el quebrantamiento de las normas tanto escritas como no escritas más elementales, gracias a las cuales los Estados de Derecho funcionan. La última ha sido el abandono consciente de los plazos y procedimientos para presentar en tiempo y forma el proyecto de Ley de Presupuestos Generales del Estado. Sí, los mismos que el presidente cuando era jefe de la oposición decía que «o Presupuestos, o elecciones«.
Los Presupuestos garantizan la inversión pública y el correcto funcionamiento de las instituciones que prestan los servicios públicos. La negativa del Gobierno a presentar una propuesta presupuestaria clara, escudándose en el complicado equilibrio político, deja en evidencia la falta de capacidad para gobernar con determinación. Este no es solo un problema coyuntural, sino un síntoma de un Ejecutivo paralizado por su propia debilidad y sus pactos con partidos nacionalistas, cuya agenda prioritaria no responde al interés general del país, sino al de sus regiones.
La falta de unos presupuestos claros para 2024 no es simplemente una anécdota más en el historial de este Gobierno; es un golpe directo al corazón de la estabilidad económica de España. Sin unas cuentas que permitan implementar medidas que impulsen la inversión y el empleo, el país queda en una situación de incertidumbre que afecta tanto a los mercados financieros como a los ciudadanos. No se puede ignorar que sin una política fiscal clara y sin capacidad de actuar en áreas clave como la inversión pública, las infraestructuras y los servicios sociales, el país corre el riesgo de agotar el crecimiento económico del que será difícil salir.
El Gobierno de Sánchez ha preferido prolongar su supervivencia política a cualquier precio, incluso si eso significa hipotecar el futuro del país. Los constantes pactos con las fuerzas independentistas, en especial con ERC, Bildu y el PNV, han socavado la capacidad del Ejecutivo para actuar con autonomía. Este es el precio que se paga cuando se depende de apoyos coyunturales que no buscan el beneficio de toda España, sino satisfacer intereses particulares. El constante chantaje al que Sánchez está sometido por parte de estos grupos hace que sea incapaz de aprobar unos presupuestos que respondan a las necesidades reales del país.
La influencia de los partidos soberanistas en la política nacional es una cuestión alarmante. Han bloqueado sistemáticamente la gobernabilidad del país al imponer sus propias condiciones, desde la reforma del delito de sedición hasta la exigencia de mayores transferencias autonómicas que, en muchos casos, perjudican a la cohesión territorial y agravan las desigualdades regionales. En este contexto, la falta de presupuestos no es más que la punta del iceberg de un problema mucho mayor: un gobierno que no gobierna, sino que sobrevive a costa de venderse a las exigencias soberanistas.
Sánchez ha demostrado que no tiene una visión de país clara. Su falta de un proyecto económico sólido y su dependencia constante de apoyos externos han llevado a España a una situación de inoperancia política sin precedentes. La incapacidad de aprobar unos presupuestos no es simplemente un fallo técnico o político, sino el reflejo de un gobierno sin rumbo, atrapado en su propia red de compromisos con actores cuyo interés está lejos de la gobernabilidad nacional.
Las consecuencias económicas de la inacción
La falta de presupuestos tiene consecuencias directas sobre la economía española. Con una inflación descontrolada y un mercado laboral que aún no se ha recuperado del todo tras la pandemia, España necesita urgentemente un plan económico que permita la reactivación de sectores clave y garantice la estabilidad de las políticas sociales. Sin embargo, el Gobierno de Sánchez parece incapaz de ofrecer este plan, lo que genera una sensación de incertidumbre económica que afecta a la inversión y al crecimiento del empleo.
El sector empresarial ha sido claro en su mensaje: sin unos presupuestos sólidos, las empresas no pueden planificar inversiones a largo plazo. Esta falta de planificación repercute directamente en la creación de empleo, ya que muchas compañías están optando por retrasar sus decisiones de inversión hasta que el panorama político y económico sea más claro. Mientras tanto, los ciudadanos sufren las consecuencias de esta inacción. Los proyectos de infraestructura y las políticas sociales quedan paralizados, lo que afecta directamente a la calidad de vida de millones de personas.
Además, el retraso en la aprobación de los PGE incrementa la presión sobre el déficit público, lo que a su vez afecta la capacidad del Gobierno para cumplir con los compromisos de reducción del endeudamiento asumidos ante la Unión Europea. La sostenibilidad de las finanzas públicas está en juego, y sin una política fiscal clara y responsable, España corre el riesgo de agravar aún más su déficit estructural.
Pedro Sánchez ha demostrado que es incapaz de liderar el país de manera efectiva. Su insistencia en mantenerse en el poder a toda costa, pactando con partidos cuyo objetivo último es la desintegración del Estado, ha puesto a España en una situación de bloqueo institucional. Un líder verdaderamente comprometido con el bienestar del país habría tenido el coraje de enfrentarse a estos grupos y de buscar consensos que permitan aprobar unos presupuestos que respondan a las necesidades de todos los españoles, no solo de unos pocos.
Este Gobierno ha perdido la oportunidad de demostrar que es capaz de tomar decisiones valientes y necesarias para sacar al país adelante. Sánchez ha cedido tanto terreno a los partidos nacionalistas que parece haber perdido el control del Gobierno, y España está pagando el precio de su inacción. La falta de presupuestos no es más que un síntoma de un problema mucho mayor: un gobierno que ha perdido su capacidad para gobernar y que está condenado a la inoperancia.
España no puede permitirse seguir por este camino. El país necesita un gobierno que sea capaz de actuar con firmeza y que ponga los intereses de todos los ciudadanos por encima de las exigencias de unos pocos. Sin unos presupuestos claros, sin una política económica coherente y sin un liderazgo fuerte, España se dirige hacia una crisis que podría haber sido evitada con decisiones más valientes y responsables.

100%
Como dice el PM de UK Mr. Starmer, 1º el interés general, y después el del partido.
Aquí es todo lo contrario:
1º-el de P. Sánchez.
2º-el de sus palmeros.