El fin de la música empieza cuando suena la caja

El PSOE no necesita elecciones: necesita recuperar el alma. España necesita una izquierda que se mueva al son de otra música.

FUENTE: EFE

No se trata de proteger alcaldes ni de escudar presidentes autonómicos del naufragio electoral que provocaría seguir remolcando el cadáver político de Pedro Sánchez. Se trata, sencillamente, de que este país no puede resistir por más tiempo la música de la mediocridad autoritaria, la corrosión institucional y la ingeniería moral que ha convertido al Gobierno en una maquinaria sectaria e implacable de poder sin escrúpulos.

La última hemorragia ética no proviene de la oposición ni de ningún laboratorio oscuro de “lawfare”: viene del interior del propio aparato socialista. La Unidad Central Operativa (UCO) de la Guardia Civil ha apuntado de forma contundente a Santos Cerdán —secretario de Organización del PSOE y mano derecha de Sánchez— como uno de los vértices de una red de manipulación de las primarias que auparon al actual presidente al liderazgo del partido en 2014.

Pero eso era solo el comienzo. Lo que ha venido después —y que ahora ya no puede ocultarse ni con propaganda ni con comunicados monocordes— es una sucesión de indicios de corrupción, tráfico de influencias, y amaños en adjudicaciones públicas que retratan a un partido enfermo de poder y de servilismo.

La investigación de la UCO recoge que Cerdán gestionó personalmente el voto doble de un allegado durante las primarias que auparon a Sánchez. No fue un error. Fue una orden textual: “mete las dos papeletas sin que te vea nadie”. ¿Resultado? Un liderazgo nacido de la trampa. Y una dirección que ha construido desde entonces un castillo de lealtades ciegas, de chantajes suaves y de obediencias sin alma. El mismo Cerdán que hoy está imputado por coordinar mordidas de más de 600.000 euros a cambio de contratos públicos, con la ayuda de Koldo García y otras figuras del entorno más estrecho del Gobierno.

Con la música a otra parte

No se trata, por tanto, de adelantar elecciones. Eso sería poner el carro delante de la descomposición. Se trata de que el PSOE tenga el coraje histórico de levantarse ante Sánchez y decirle: “tú no nos representas”. Porque no es el PSOE el que está en el Gobierno: es Sánchez, con su grupo de fieles, que ha usado las siglas centenarias del partido como escudo de impunidad y coartada sentimental. El socialismo español no está llamado a convocar elecciones: está llamado a recuperar su dignidad.

A los socialistas no se les pide que rompan el Gobierno: se les pide que rompan con Sánchez. Que no sigan bailando el rigodón cortesano mientras se pudren las instituciones, mientras la Fiscalía se convierte en trinchera política, mientras el Constitucional deviene en cocina jurídica de conveniencia. Porque hay algo peor que perder el poder: es perder el alma.

España necesita que la izquierda institucional vuelva a casa. Que regrese al pacto, a la Constitución, al respeto por la ley, a la alternancia como principio de higiene democrática. Que abrace de nuevo el reformismo y la sensatez. Y eso, con Pedro Sánchez, es imposible. Lo es porque su proyecto no es político: es personal. Lo es porque su lógica no es democrática: es absolutista. Lo es porque su permanencia no se basa en ideas: se basa en controlarlo todo, hasta el último resorte.

La izquierda democrática no puede ser cómplice. El PSOE no puede seguir rehén. España no puede continuar bajo esta farsa de Estado. La caída de Sánchez no es una urgencia electoral: es una exigencia moral.

Ha llegado la hora de cambiar la música. Porque este baile, si continúa, solo puede terminar en ruina.