
El Consejo de Política Fiscal y Financiera certifica algo más grave que un desacuerdo técnico: el Gobierno intenta imponer un sistema hecho a medida de Cataluña y lo hace contra todos, incluso contra los suyos.
FUENTE: EFE
Lo ocurrido en el Consejo de Política Fiscal y Financiera no fue una negociación fallida, sino la constatación pública de un atraco político. El Gobierno llevó una propuesta de financiación autonómica que solo aceptó una comunidad: Cataluña. Todas las demás, sin excepción, la rechazaron. Cuando un sistema que afecta al corazón del Estado autonómico solo beneficia y convence a quien sostiene parlamentariamente al Ejecutivo, no estamos ante una reforma: estamos ante un pago.
No hay maquillaje técnico que oculte el hecho central. El Consejo no fracasó porque falten ajustes o más reuniones, sino porque el modelo nace viciado en su origen. No es un sistema pensado para garantizar igualdad, suficiencia o solidaridad, sino para cumplir un compromiso político previo con el independentismo catalán. El resto del país fue convocado no a decidir, sino a tragar.
Cataluña primero, los demás después
El Gobierno ha normalizado una lógica peligrosa: Cataluña negocia en bilateral, obtiene un trato singular y después se convoca al conjunto de las comunidades para ratificarlo. Eso no es federalismo ni cogobernanza; es jerarquía política. El mensaje implícito es demoledor: quien tenga capacidad de chantaje parlamentario tendrá financiación a la carta; quien no, que se conforme.
No estamos ante una discrepancia ideológica, sino ante una quiebra del principio de igualdad entre españoles. El sistema propuesto consagra que el acceso a recursos públicos no dependa de necesidades objetivas ni de criterios compartidos, sino del peso político de cada territorio en el Congreso. Eso no es descentralización: es mercadeo institucional.
Ni siquiera los socios compran el atraco
Lo más revelador del episodio es que el rechazo no procede solo de las comunidades gobernadas por la oposición. Ni siquiera dentro del propio Gobierno hay entusiasmo por este modelo. Desde Sumar se han marcado distancias evidentes con el trato preferencial a Cataluña, conscientes de que legitimar este esquema supone asumir un coste político y moral difícil de justificar.
Cuando una reforma estructural no cuenta con el respaldo territorial, no tiene consenso parlamentario amplio y genera incomodidad en el propio bloque gubernamental, el problema ya no es político: es de legitimidad. El Ejecutivo está dispuesto a tensar el sistema autonómico con tal de conservar el poder.
Cataluña, sola y beneficiada
Que Cataluña sea la única comunidad que avala el nuevo sistema no es un accidente; es la prueba del diseño. Es el único territorio para el que el modelo funciona porque es el único para el que el modelo ha sido pensado. Esa soledad no es injusticia histórica: es privilegio político.
El Gobierno pretende presentar esta situación como resistencia conservadora o falta de visión solidaria del resto. Es falso. Lo que rechazan las comunidades es convertirse en comparsas de un acuerdo que las perjudica y que consagra una desigualdad estructural permanente.
Cuando el Estado se gobierna a base de excepciones
La financiación autonómica necesita una reforma profunda, nadie lo discute. Lo que no necesita es convertirse en un instrumento de supervivencia parlamentaria. Gobernar a base de excepciones, singularidades y tratos preferenciales no fortalece el Estado: lo erosiona.
El Consejo de Política Fiscal y Financiera no rechazó solo un modelo económico. Rechazó la idea de que España pueda sostenerse como un Estado donde uno cobra primero, cobra más y decide, y los demás pagan el precio del equilibrio político.
Esto no es diálogo territorial. Es un atraco con acta oficial. Y cuando el Gobierno decide que la igualdad es negociable, lo que está en juego no es la financiación autonómica, sino la propia arquitectura del Estado.

Dos apuntes:
1- Esta propuesta fallida denota la falta de separación de poderes. Urge el cambio a sistema de elecciones a listas abiertas y elección de diputados de circunscripción electoral, ante quien rendirán cuentas. Menos PARTITOCRACIA y más DEMOCRACIA.
2- La escisión en federaciones independientes de los partidos socialistas de CLM, Andalucía, etc. podría cambiar la peligrosa deriva de proyectos personales totalitarios como el que representa PS. Animo a ello.