Bolaños y el arte de fingir poder 

El ministro de Justicia, Félix Bolaños, presenta una ley que no aprobará, promete aplicarla dentro de tres años y pretende que le aplaudamos por la intención. No es una reforma: es un epitafio. 
FUENTE: EFE

Hay una liturgia que el sanchismo domina con maestría: la del gesto vacío envuelto en solemnidad. Félix Bolaños acaba de presentar la nueva Ley de Enjuiciamiento Criminal, un texto de más de 800 artículos que, según él, revolucionará la justicia española. Lo hace sabiendo que no tiene los votos, no tiene el tiempo y no tiene el crédito. Y aun así, lo presenta.

La impostura es perfecta: un ministro debilitado, un Gobierno sin mayoría y una legislatura agonizante se permiten anunciar una reforma que, dicen, entrará en vigor en 2028. Es decir, cuando ya nadie esté ahí. Es la política convertida en holograma: mucho titular, cero contenido.

El texto que Bolaños ha presentado no está hecho para ser aprobado, sino para ser comentado. Es propaganda con forma de código legal. Una puesta en escena diseñada para proyectar la ilusión de gobierno cuando ya no queda gobierno que proyectar. La jugada es burda y vieja: anunciar lo imposible para distraer del presente.

Mientras los jueces se rebelan, los fiscales se investigan y el Parlamento se descompone, el ministro decide sacar una reforma penal que tardaría tres años en entrar en vigor. Un brindis a la nada. Una carta a los Reyes Magos escrita con tinta de arrogancia.

Sin votos, pero con verbo

El Gobierno no tiene mayoría ni para aprobar un reglamento menor, y pretende colar una reforma de Estado. Sumar ya ha mostrado reparos, Junts la rechaza, ERC se limita a mirar y la oposición se ríe con razón. Bolaños lo sabe, pero insiste. Y lo hace porque esta reforma no busca transformar la justicia: busca rehabilitar el relato de un Gobierno agotado.

En política, cuando no puedes hacer, simula. Y cuando no puedes convencer, promete. Por eso la fecha mágica del 1 de enero de 2028: una forma elegante de admitir que no tienen el poder para cambiar nada hoy. Anuncian la reforma del futuro para tapar la ruina del presente.

Fijar la entrada en vigor en 2028 es un acto de cobardía y soberbia al mismo tiempo. Cobardía, porque saben que esta legislatura está muerta y no habrá margen real para tramitar nada. Soberbia, porque creen que pueden seguir dictando leyes desde un futuro que no les pertenece.

No se legisla para 2028, se legisla para hoy. Lo otro es puro narcisismo institucional: una manera de decir “mirad cuánto planeamos” mientras todo se derrumba. Es el equivalente político a un gobierno que, con el tejado ardiendo, encarga una nueva fachada.

Hay otro detalle obsceno: esta reforma daría más poder al Ministerio Fiscal justo cuando el fiscal general está procesado por revelación de secretos. Es decir, se refuerza el modelo mientras su principal ejecutor está ante los tribunales. Un monumento al cinismo.

Y el ministro lo defiende con sonrisa de notario: dice que la norma “no afectará a casos en curso” y que “mejorará la independencia judicial”. La traducción es simple: vamos a entregar la investigación penal al Gobierno y lo llamaremos modernización. Nada hay más moderno, al parecer, que debilitar los contrapesos del Estado en nombre del progreso.

Un proyecto que nace muerto

Bolaños no reforma la justicia: la utiliza como decorado. Sabe que esta ley no se aprobará y, aun así, la lanza para mantener la ilusión de que el Gobierno sigue vivo. Es la versión jurídica del ventilador: ruido para simular actividad, papeles para simular política. En realidad, lo que ha presentado es una nota de prensa con pretensiones legislativas.

Ni hay consenso, ni hay mayoría, ni hay tiempo. Y sin embargo, habrá fotos, titulares, entrevistas, ruedas de prensa y toda la parafernalia habitual de la propaganda gubernamental. La reforma no pasará a la historia: pasará al archivo.

El problema no es que Bolaños mienta, sino que cree que el país es idiota. Cree que los españoles no sabrán distinguir entre un proyecto viable y una pieza de oratoria institucional. Cree que basta con anunciar para gobernar, que basta con hablar de justicia para que parezca que existe justicia.

Pero la gente ya ha visto demasiadas veces este truco: la reforma que no llega, el plan que no se aplica, la promesa que no vence. Sánchez gobierna como un ilusionista cansado: enseña el sombrero vacío, sonríe y pide aplausos. Bolaños es su último mago de feria.


El epitafio del reformismo

El ministro podrá repetir que ha cumplido, que “España ya tiene su reforma penal lista”, que “el cambio está en marcha”. Pero todos sabemos que no hay marcha alguna: hay estancamiento, y bajo él, descomposición. Las leyes que no se aprueban no reforman nada. Y las reformas con fecha de 2028 no son leyes: son epitafios del presente.

Félix Bolaños no ha presentado una reforma: ha firmado una esquela. La de un Gobierno que ya ni legisla ni gobierna, solo interpreta el papel de sí mismo en el escenario del poder. Y cuando un Ejecutivo empieza a gobernar solo para parecer que gobierna, ya ha dejado de existir.

1 comentario

  1. A. Javier dice:

    CINISMO PELIGROSO (PS y FB): atentar a la separación de poderes entregando la investigación a la Fiscalía General (¿la fiscalía de quién depende?) y eliminando la acusación popular muestra la verdadera cara de los personajes y su proyecto.

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