Alemania: Un cambio templado

Tras la incertidumbre y la emoción del día electoral viene la reflexión sobre el camino a tomar a la vista de la situación en la que han puesto los electores a las formaciones políticas.  

Fuente:EFE

Por Francisco Sosa Wagner, catedrático de Derecho Administrativo

La primera observación que debe interesar en España es el procedimiento que se pone en marcha para la formación del nuevo Gobierno. En Alemania no existe un encargo del  Presidente de la República al ganador de las elecciones. El iter político funciona de otro modo. En este momento se han abierto negociaciones previas entre los verdes y los liberales para “sondear” (Sondierungsgespräche) las posibilidades que existen de un trabajo en común. Cuando se haya alcanzado un acuerdo básico entre ellos vendrá la apertura del diálogo con los partidos mayoritarios, el SPD y la CDU-CSU. 

Se determinará así cuál de ellos va a ostentar la cancillería. 

A partir de estos acuerdos, un grupo numeroso de expertos designados por los partidos se centrará en la tarea de redactar el documento del programa del Gobierno pormenorizado y detallado (Koalitionsvertrag) que al final ha de ser aprobado por los diputados encargados de la negociación. Todo este proceso no se lleva a cabo en un par de sesiones sino que requiere un tiempo dilatado que se mide, no por fines de semana sino por meses. Al final, ya firmado por los partidos que van a integrarse en la coalición, se publica (ahora en la red). 

Así, todos los ciudadanos que lo deseen pueden comprobar a qué se ha comprometido el partido político al que ha votado y figura en la coalición de Gobierno. Y podrá seguir el grado de su cumplimiento y de su incumplimiento, un material indispensable para administrar su voto en la próxima cita electoral. El votante alemán dispensa a los partidos una fidelidad medida, no la propia del can doméstico, y en cualquier caso, al disponer de dos votos, no es infrecuente que los distribuya entre formaciones políticas distintas. 

Como se puede advertir nada que ver con el temerario espectáculo que nos ofrecieron los partidos políticos que hoy forman la coalición del Gobierno de España, cuyos líderes se fundieron en un abrazo apretado a las veinticuatro horas de haberse conocido los resultados. Bien es verdad que, como eran “muy de izquierdas”, el entendimiento estaba asegurado … 

Todo parece indicar que el candidato del SPD, Olaf Scholz, será el futuro canciller en una coalición con verdes y liberales que también nos puede servir de ejemplo. En aquella tierra no se practica el “no es no” sino el “vamos a estudiar en qué podemos ponernos de  acuerdo”. Las directrices básicas de la política alemana no van a verse alteradas, no olvidemos que una parte de la prensa (Der Spiegel, por ejemplo) publicó la semana anterior a las elecciones un amplio reportaje bajo el título “La merkelización de Olaf Scholz”. En la CDU-CSU las aguas bajan turbias como se ha demostrado en la bélica elección del presidente del Grupo Parlamentario que, sin embargo, ha sido pacífica en el SPD. 

Como seguidor de los debates en la televisión de los candidatos – a tres- he advertido un elemento positivo que es el respeto de los contendientes, en este caso, un Scholz hierático, un Laschet que practica bien la ironía y una Baerbock divertida contemplando cómo se fustigaban sus oponentes. Y un elemento negativo: la ausencia de referencias a Europa o a la política internacional cuando Alemania es actor principal en ambos escenarios. 

Solo hay una circunstancia en el proceso electoral en el que Alemania puede aprender de España: la precisión y la celeridad con que se dan a conocer los resultados. 

Procede añadir que ha pasado casi desapercibido el hecho de que en Berlín se han celebrado elecciones para el Parlamento de ese Land (Abgeordnetenhaus) que sesiona en el imponente edificio que albergó en el pasado el Parlamento de Prusia. La coalición gobernante ha estado durante los últimos años formada por SPD, Verdes, y Linke (La Izquierda). El SPD ha quedado en primer lugar seguido por los Verdes. 

Curiosidad añadida es que, al mismo tiempo que el berlinés votaba en la elección federal y en la de su Land, votaba en un referéndum – no vinculante- para permitir la socialización de empresas inmobiliarias especialmente poderosas. No apoyaban el sí más que Die Linke con entusiasmo y los Verdes con la boca pequeña. El SPD aconsejaba el “no”. Pero ha salido el “sí” y ya veremos cómo se administra esa victoria por el Gobierno del Land que se forme. 

También se han celebrado elecciones regionales en Mecklenburgo-Antepomerania. Un Land con vistas al Báltico que cuenta con un millón setecientos mil habitantes. El gran vencedor de la jornada electoral ha sido el SPD, cuya líder, Manuela Schwesig ya era la presidenta del Land. En segundo lugar, pero muy lejos, ha quedado la extrema derecha de la “Alternativa para Alemania”. 

En torno a las Navidades se habrán constituido el Gobierno federal y el de Berlín. Menos complicación va a ofrecer el de Mecklenburgo-Antepomerania. 

Se levantará el telón tras las fiestas. 

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