EL TURISMO, EN ESTADO DE ALARMA

Se acercan las vacaciones de Semana Santa y, aunque la situación sanitaria de nuestro país ha mejorado considerablemente desde febrero, continúa siendo delicada y con riesgos de nuevos rebrotes en algunas autonomías. El retraso europeo en el programa de vacunación (con diferencias cada vez mayores con otras áreas como Reino Unido o Estados Unidos) unido a los errores de gestión en el caos de medidas regionales, aboca de nuevo a España a perder el inicio del «año turístico» que empieza con la Semana Santa. Es uno de los periodos turísticos más importantes para un país que depende el 12% de su riqueza y, en esta ocasión, las comunidades autónomas, a excepción de Madrid que luchará hasta el último momento para no cerrar, no permitirán el acceso de ciudadanos de otras regiones de España.

(FUENTE: EFE)

En este momento, España está experimentando una bajada en la incidencia acumulada de casos de coronavirus y muchas regiones han comenzado a suavizar sus restricciones y de esta forma tratar de que el sector de la hostelería, el comercio y el turismo pueda respirar. Durante este primer año de pandemia, la hostelería ha perdido más de 300.000 empleos y unos 65.000 negocios han tenido que cerrar. Con la Semana Santa a la vuelta de la esquina, el sector se mantiene atento ante las nuevas decisiones de Gobierno y CC.AA, y cruza los dedos para que las limitaciones puedan relajarse lo suficiente como para empezar a revertir la situación, especialmente si se mantiene el flujo de ciudadanos de la Unión Europea, predominantemente galos y alemanes, para que puedan entrar a nuestro país para disfrutar de estas fechas, siempre acreditados por una prueba PCR negativa.

Ahora mismo, los hosteleros de todo el país tiemblan ante la inseguridad regulatoria que provoca en sus negocios esta situación, que ya se está prolongando más de un año. El sector turístico no se puede mantener, a nivel nacional, con las reservas de extranjeros que concentran su actividad en puntos muy marcados en zonas de costa. Mientras tanto, el Gobierno llega a estas fechas sumido en un profundo caos interno que les ocupa más que reflotar la economía. Con las medidas tomadas para apoyar al turismo no es suficiente para que muchos negocios puedan llegar con vida a ese tan ansiado verano, en el que sí se espera que la situación del sector pueda, por fin, empezar a reflotar.

En estas semanas previas a la Semana Santa, las asociaciones de hosteleros han organizado concentraciones para pedir nuevas ayudas ante una situación que les desborda y de la que no son responsables, mientras que son de los sectores que más están sufriendo las consecuencias de la pandemia. No puede ser que, en España, el sector con mayor importancia en la economía esté viviendo de promesas que no se cumplen y de la esperanza de salir pronto de esta situación.

El Ejecutivo de Pedro Sánchez debe entrar activamente a resolver los problemas de un sector que no ha parado de pedir desesperadamente ayuda y al que se ha obviado durante meses, sin un plan de ayudas serio para la importancia del turismo en nuestro tejido productivo. El concepto de «ayudas» debe mutar hacia el de «indemnizaciones» debido a una situación sobrevenida que provocó el cierre de muchas actividades y restricciones severas en otras. Precisamente en estos últimos días se ha presentado una de las primeras iniciativas de reclamación al Estado por daños, encabezada por las cadenas hoteleras Meliá y NH, que reclaman 200 millones al Estado. Habrá que analizar con cierto detenimiento el recorrido de este tipo de reclamaciones por responsabilidad patrimonial. Aunque éstas no tuvieran demasiado recorrido jurídico, tienen todo el sentido económico.

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