Optimismo al cierre de la COP26

Con el cierre oficial de la COP26 de Glasgow, toca valorar los resultados de estos días de intensas negociaciones a contrarreloj para tratar de cerrar un texto a la altura de lo que se esperaba de esta cumbre. Debemos destacar en primer lugar que algunos de los principales países y compañías automovilísticas han acordado eliminar los coches de combustión fósil de sus cadenas de producción como fecha límite el año 2035

Fuente:EFE

En segundo lugar, países como Brasil, Argentina e India reforzaron sus objetivos de reducción de emisiones. Un centenar de jefes de Estado y de Gobierno se comprometieron a acabar con la deforestación en 2030, entre ellos Brasil –cuya selva amazónica sufre graves estragos por la pérdida de biodiversidad– que dijo que lo haría dos años antes, en 2028.

En tercer lugar, otros tantos países se han comprometido a emitir un 30 por ciento menos de metano, gas con 80 veces más efecto invernadero que el CO2. Una cincuentena de países prometió dejar de usar carbón para producir electricidad y cientos de entidades financieras privadas ofrecieron billones de dólares en créditos.

Por último, China y Estados Unidos anunciaron también un plan conjunto para «reforzar la acción climática» en la próxima década, un hecho catalogado por el secretario general de la ONU, Antonio Guterres como un «paso importante en la buena dirección». “Hemos progresado en algunas cosas más de lo que podía imaginar hace dos años, pero está lejos de ser suficiente”, consideró Helen Mountford, del World Resources Institute.

Qué es y qué no es ‘verde’

Por otro lado, otro de los grandes temas de debate se ha centrado en la inversión necesaria para alcanzar los objetivos climáticos. Los distintos países, inversores y entidades han anunciado nuevos paquetes de financiación a través de dos fórmulas: por un lado, acuerdos entre países desarrollados y emergentes para financiar políticas climáticas en estos últimos y, por otro lado, políticas y estándares comunes de financiación de proyectos de inversión en función de su contribución a la lucha contra el cambio climático y su potencial ‘verde’.

El acuerdo de las entidades financieras es un punto de partida muy bueno para comenzar a solucionar el problema, ya que ahora se está produciendo una de las más importantes disputas de los próximos meses: a qué se le puede llamar “inversión verde” y a qué no, y las entidades deben poner en valor la diferenciación de criterios para poder centrar sus ayudas en las necesidades más urgentes. La Unión Europea está diseñando la denominada “Taxonomía de Finanzas Sostenibles”, la cual en el fondo pretende definir qué tipo de inversiones pueden considerarse como sostenibles, cuáles son los requerimientos que deben cumplir y, de ahí, cómo se evalúa el peso “verde” a la hora de determinar las condiciones financieras de las operaciones

Por tanto, este acuerdo trata de dar seguridad jurídica a la terminología para definir qué es “verde” y qué no lo es, ya que hasta la fecha no hay una distinción perfectamente clara. Éste es el punto nuclear de las discusiones, las cuales se intentarán resolver en los próximos meses.

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