CUANDO LA INESTABILIDAD Y LA TENSIÓN POLÍTICA SON LA NORMA (Y NO LA EXCEPCIÓN)

«El separatismo catalán continúa siendo fuente de la inestabilidad política en España». Con esta contundente frase titulaba la agencia de calificación crediticia Fitch (especializadas en evaluar la solvencia de países y empresas) uno de sus últimos informes sobre España, advirtiendo de que la violencia se puede convertir en un recurso político permanente en Cataluña.

FUENTE: EFE

Esto afecta por ende a la gobernabilidad y estabilidad del resto de España ante la imposibilidad de que se resuelva la crisis institucional en la que lleva instalada Cataluña desde mucho antes del 1-O, a cuya resolución no ha contribuido el resultado de los últimos comicios.

Normalizar una situación de inestabilidad y tensión política es un escenario que sólo aquellos que carecen de aversión al riesgo pueden tolerar. Éste no es el caso ni de los ciudadanos y ni mucho menos de los empresarios, los cuales esta semana hicieron un llamamiento alto y claro a los Gobierno tanto autonómico como nacional para, primero, acabar con los graves disturbios que durante varias noches han arrasado el centro de Barcelona y, después, reconstruir el marco político con un gobierno estable que comience la difícil labor de revertir la deriva secesionista y recupere el camino de la convergencia económica y social de esta importante zona de nuestro país.

Una movilización tan intensa y clara de los empresarios catalanes es un hecho histórico, lo cual revela el hartazgo de años de deterioro acelerado de las estructuras productivas, inseguridad jurídica permanente y pérdida de liderazgo económico frente a otras zonas más pujantes del sur de Europa. En este sentido, la visita del Rey Felipe VI a la planta de SEAT no sólo es el símbolo de que las instituciones del Estado que todavía funcionan y se toman en serio que somos un Estado de Derecho trabajan para fortalecer un sector económico estratégico como es la industria del automóvil, sino que supone la muestra más evidente de que es necesario un cambio de rumbo que pasa inexcusablemente por «soltar lastre» de los socios de investidura de Pedro Sánchez.

Podemos y ERC están utilizando la debilidad de los partidos constitucionalistas tras lo ocurrido en las urnas para fomentar una movilización bajo el pretexto de un rapero, cuyo objetivo es presionar a Sánchez para lograr el indulto a los presos del procés y poder realizar el denominado «referéndum pactado». Mientras que esta fuerza de presión sea la que condicione la gobernabilidad de España, la inestabilidad será la norma y no la excepción, cuando lo que deberíamos es intentar parecernos en cuanto a gestión política a la «excepción portuguesa» que, en los últimos tiempos gracias al Gobierno Draghi en Italia y la pacificación política en Grecia, convierten a España en la «excepción» y así es como lo están entendiendo los inversores aplicando incrementos en la prima de riesgo.

2 comentarios

  1. Que el empresariado catalán se haya manifestado contundente a estas alturas, en marzo de 2021, produce una mixtura inefable de pena, rechifla y vómito. Cuando se han marchado de Cataluña unas 7.000 empresas en los últimos cuatro años y cuando desde 1980 se fueron yendo por sentir hostilidad u hostigamiento o ninguneo docenas de miles de personas.
    Hay en la pseudodemocracia española varios millones de víctimas (además de las de violencia de sangre, las de índole familiar, las de abusos sexuales, las de naturaleza sentimental, etc.) por causa de los políticos que prefirieron la norma explícita o tácita de la diferenciación y del distanciamiento, de la desagregación y del no a según qué leyes, cuya diseñada palanca de acero fue el cuidadoso gran sembrado lento pero consecutivo del odio sin retroceso. Que sociólogos y personas de bien estudien el fenómeno de la migración forzada dentro de un mismo país para mostrar la vasta e ínclita podredumbre que la impulsó e impulsa.

  2. Suscribo el análisis del artículo pero en él se olvida de otro dato más: el resto de los españoles estamos muy cansados de que la política nacional lleve años centrada casi exclusivamente en Cataluña (también en el País Vasco) y sus derechos históricos fundamentados en el absurdo de haber sido reinos cristianos «sometidos» por otro de la misma línea. Los andaluces, murcianos, canarios, no tenemos esa valoración porque, según deduzco, fuimos unos «indígenas infieles conquistados». Muy cansada de escuchar la cantilena de la riqueza que aporta Cataluña sin completar la información de que gran parte de esa riqueza se forjó y se sigue forjando por la priorización que se le dio y se le da a esta zona frente a las demás regiones del país. Una muestra de ello es el hundimiento de la industria textil de Antequera y Málaga cuando el gobierno/estado de finales del XIX decidió desarrollar en Cataluña el ferrocarril y solo allí, un monopolio encubierto. Muchos ejemplos y de todas las comunidades españolas que no han servido más que para engordar la soberbia de sus políticos, la hipocresía de sus empresarios y la estulticia de muchos de sus intelectuales.

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